Barraca Peña- Barracas, C.A.B.A

Debe su nombre al empresario gallego Francisco de la Peña y Fernández quien estableció una barraca para comerciar frutos del país en el año 1774.El Riachuelo es, según Enrique Larreta, “El Padre Mitológico de la Ciudad”. En algún lugar de un Riachuelo se inicio la primera Buenos Aires un día del año 1536 por decisión del Adelantado Don Pedro de Mendoza, en una mítica y fabulosa expedición fallida de conquista. Allí, en un Río Chuelo, llamado por algunos Riachuelo de los Querandíes o Riachuelo de los Navíos, se desarrolló la actividad mercantil naval desde el primer desembarco europeo en el paisaje. Hacia 1700, los franceses lo denominaron con los siguientes términos: Riotehuelle, petite riviere de Chouelo y Ruichoüille. A partir de mediados de siglo XVIII se lo conocerá como Riachuelo de Barracas, dividiendo las poblaciones de Barracas al norte (hoy un barrio de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires), y a Barracas al Sur (Municipio de Avellaneda en la Provincia de Buenos Aires).
Durante 400 años, el Riachuelo ha sido la puerta de entrada a la ciudad y al continente Sudamericano. Viajeros, comerciantes e inmigrantes comenzaron a llegar en una época signada por la tracción a sangre y el alumbrado a sebo. El advenimiento del ferrocarril, la navegación a vapor y la industrialización darán paso a la tecnificación del ambiente. La Argentina Moderna aprovecha el Riachuelo como espacio crucial para el desarrollo de la vida en la ciudad de Buenos Aires. Punto de recepción de mercaderías de ultramar y de la cuenca del Plata, permitió el progreso de muchas familias porteñas. Allí estuvo la Barraca Peña, en el Riachuelo de Barracas que desde el siglo XVIII fue el puerto de resguardo de Buenos Aires. Allí se ubicaron los muelles reales, dónde desembarcó el tráfico de esclavos africanos y se embarcaron frutos del país, principalmente cueros. Las barracas fueron casas ordinarias en sus principios, que servían de almacenes y habitación para la gente de mar. Estas edificaciones contuvieron cueros, lanas, cebo, carne salada y crines. La Barraca de Peña, fue durante mucho tiempo, una urbanización primitiva, es decir un primer ámbito de sociabilidad del Riachuelo, paisaje dominado por astilleros, pulperías y barracas.
Las construcciones que se pueden ver datan de 1860, cuando la propiedad estuvo en manos de Emilio Vicente Bunge <mid://00000614/#_ftn2> . Los edificios conforman un conjunto representativo del momento de desarrollo de la inversión lanera en la región pampeana. El conjunto se compone de un antiguo almacén con piringundín, un galpón para prensar y almacenar lana y un galpón de mampostería que tuvo varios usos, como las necesidades de alojamiento y alimentación de las personas que llegaban al puerto, así como a la administración, estiba y resguardo de lana, carbón y maderas. Esa fue la edad de oro del comercio lanar y el inicio de la Argentina Moderna, para la cual se convocó a los inmigrantes europeos y se desarrollaron las industrias y la ciudades en nuestro país.
Hacia 1900, la barraca comprendía una superficie de almacenamiento de 200.000 metros cuadrados, dependiendo su administración del Ferrocarril del Sud. En 1948 la línea ferroviaria pasó al Ferrocarril Roca. Hacia 1955 pasa a la órbita de la Administración General de Puertos. Durante la década de 1990 el predio es adquirido por la transportista T.A.T.A. Transportes Automotores Terrestres quien vende a Hormaco SA. Caracterización del complejo
El conjunto es una urbanización temprana para la zona, con una superficie muy amplia orientada a utilizar la primera conexión ferroviaria - portuaria del país: el tendido del ferrocarril Buenos Aires a la Boca y Ensenada.
Asimismo, en su lado oriental se encuentra el tendido ferroviario del antiguo Ferrocarril del Sur con un puente levadizo actualmente en funcionamiento que data del año 1913.
Un espectáculo destacable, es el paso de un tren por este puente o de un barco por entre medio de su angosta apertura.
A su vez, la Barraca Peña es un escenario propicio para imaginar la época industriosa que pintó Quinquela Martín, experimentando los espacios y calidades materiales que aún sobreviven. allazgo arqueológico / Traslado en pleno centroEl “galeón” de siglo XVIII llegó a La BocaPor Marina Marianetti Después de tres siglos, el barco mercante español, hallado en 2008 en Puerto Madero, amarró en lo que se supone será su destino final: el Riachuelo. El operativo de traslado, con grandes grúas y decenas de hombres, se extendió por ocho horas. La embarcación fue enterrada en La Boca, para preservar su madera y esperar a que, en algún momento, se halle la forma de lograr su restauración.
Ante la mirada atenta de porteños, turistas y funcionarios de la ciudad, los expertos trabajaron para montarlo sobre el carretón que lo trasladó lentamente a la Barraca Peña, en Pedro de Mendoza 3003, frente al Riachuelo.
La embarcación, envuelta y resguardada con telas especiales llamadas geotextiles, fue alzada por una grúa telescópica y depositada sobre el trailer, que la trasladó a 20 kilómetros por hora para evitar daños en su estructura debido a las precarias condiciones de la madera, que estuvo sepultada tres siglos.
Decenas de curiosos se acercaron hasta Puerto Madero para despedir los restos de la embarcación. Allí también estuvieron presentes el jefe de Gabinete porteño, Horacio Rodríguez Larreta, el secretario de Cultura, Hernán Lombardi, el embajador de España, Rafael Estrella, y los responsables del equipo de expertos que realizaron las tareas de investigación y preservación del barco, Javier García Cano, Marcelo Weissel y Mónica Valentini.
Para Lombardi, el evento “tiene dos valores: uno arqueológico, porque además de la embarcación se rescataron cañones, vasijas, monedas y utensilios; y un valor simbólico, para que la gente de hoy entienda cómo se viajaba y se vivía en esa época”, dijo a LA NACION.
“Fue una responsabilidad muy grande todo el traslado”, reconoció Marcelo Weissel. Desde el día del hallazgo, agregó, un equipo de 15 personas trabajó a diario en el traslado.
Una de las directoras de la investigación, Mónica Valentini, explicó que el barco “fue enterrado nuevamente para poder conservar la madera”, de ese modo la experta destacó: “El pozo donde fue enterrado está recubierto con geotextil, arena, agua y tierra, que son los parámetros recomendados por la Unesco para la conservación del material, porque de otra manera se desintegraría”.
Por eso, la experta destacó que la embarcación fue enterrada para su preservación. “Es que no hay posibilidad de algún método de conservación eficaz que esté a nuestro alcance. En el mundo existen formas de preservación, pero llevan años y son excesivamente costosas. Además, no tienen reversibilidad y lo que pretendemos es poder revertir el deterioro”, dijo.
El “galeón” estará monitoreado por sensores que fueron enterrados junto con la embarcación para medir las condiciones de humedad y de temperatura de la nave. Este sistema fue creado por el especialista del Instituto Valenciano de Conservación y Restauración de Bienes Culturales Fernando García Diego.
La embarcación había sido encontrada el 29 de diciembre de 2008, mientras se realizaba una excavación para la construcción de un edificio.
Se realizó un cuidadoso operativo para trasladar a La Boca a la embarcación que estuvo sepultada durante tres siglo:Fotos: LA NACION Hernán Zenteno
7 years, 11 months ago
 

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