Extendiendonos en palabras (Historias de 3500 a 5000 palabras)

La consigna del juego es escribir un texto que vaya de 3500 a 5000 palabras y que contenga el disparador que se mencione en cada ronda. No hay votación, sino que todos comentan los textos a la vez que se van posteando, dando su opinión de cada uno. ¡A animarse!Debe contener Escenas de terror: Comienzo 5 de Febrero de 2012
9 years, 1 month ago
No, Anittaa, no es lo mío!!!!! jajajajaja!!!! Admiro a quien puede escribir algo tan extenso, pero lo que es yo, ni ahí!!!!!!
besitos!!!
9 years, 1 month ago

CON EL SOL EN ACUARIO Tuve la fortuna de conocer a Claudia el día en que se produjo en Acuario la conjunción de Urano con el Sol. Fue en el cálido verano del 97. Yo estaba tomando fresco en la plaza Aramburu, rodeado de niños que corrían y lloraban, y perros que pasaban debajo de mis piernas. Ella se acercó de una manera tan sigilosa que recién la vi cuando la tuve al lado. Vendía una publicación de teosofía (o algo por el estilo) donde se mezclaba el budismo con las enseñanzas de Gurdjieff. Estuvo varios minutos tratando de convencerme de las bondades de lo que allí se publicaba, y yo se lo permití porque su presencia me resultaba simpática de verdad. Llevaba un vestido largo, transparente y floreado; calzaba sandalias. Me hacía recordar, de una manera vaga, a una novia hippie que tuve allá por los años legendarios. En especial, por la trenza rubia y las flores que usaba en el pelo, y también, por la actitud y el desenfado. Terminé invitándola al cine a ver una película de Lars von Triers.
– ¿Sos casado? –Preguntó.
–En absoluto. –Contesté– Pronto cumplo un año divorciado.
– ¿Seguro? –Insistió.
–Pero claro, si estoy más solo que una ostra ¿Por qué tanta insistencia?
–Tengo una regla de oro, desde siempre –dijo. Nunca acepto la invitación de un hombre casado.
–Todavía no aceptaste la mía.
–Está bien – contestó– acepto.
– ¿Dónde te paso a buscar? –Pregunté.
–Por ningún lado. Te espero en la esquina del cine a las nueve y cuarto.
Vimos juntos “Contra Viento y Marea” y salimos -casi estremecidos- por el espectáculo y por Emily Watson. Después, tomamos café a la salida.
–Me trajiste a ver algo grandioso –dijo– no me lo esperaba.
Estuve por contestarle con alguna frase modesta de compromiso, pero ella no me dio tiempo y se largó a llorar. Algunas escenas del film, era evidente, habían tocado muy hondo en su interior. Me sentí algo incómodo por la situación, pero igual, la dejé llorar todo el tiempo que quiso. Después, tomé sus manos con la intención de brindarle calor y afecto, y ella se fue calmando poco a poco.
Estuvimos, luego, en un bar de intelectuales, de esos que casi se están extinguiendo en el centro de la ciudad. Fuimos porque un amigo de ella cantaba canciones de la trova cubana. Pedí un whisky doble y lo hice durar toda la noche. Claudia bebió agua mineral. Éramos la típica pareja: hombre, de cuarenta; chica, de veinte. Sin embargo, no desentonábamos en el lugar. Cuando avanzó la madrugada, fueron llegando al local algunos amigos y amigas de Claudia de aspecto muy heterogéneo y edad bien variada. Ella departió con ellos de una manera muy interesada.
Cerca de las cinco mi whisky se había terminado. Claudia se acercó y me dijo al oído:
– ¿No te enojás si me voy?
Hice un gesto de asombro y la miré a los ojos como buscando un porqué.
– ¿No te molesta? –Insistió.
Alcé los hombros y le dije que no. Ella se puso contenta y me besó en la mejilla con tanta rapidez que no tuve tiempo ni de pedirle el teléfono. Todo fue tan imprevisto que la situación me abrumó. Pedí otro whisky doble y estuve bebiendo hasta la salida del sol. Al final, casi me echaron del local y fui el último en irse.
El domingo, desperté a las tres de la tarde. El sol se filtraba por los pliegues de la cortina americana. Me duché con rapidez y me vestí de zapatillas y pantalones cortos. Tenía un leve dolor de cabeza y un dejo de amargura en la mirada. Parecía Gary Cooper en “A la Hora Señalada”. Cuando mis ojos se adaptaron a la luz, abrí la cortina por completo. El sol entró de lleno al departamento. A mis pies y desde el piso catorce, se desplegaba el porteño barrio de Flores. Saqué la bicicleta y me fui (pedaleando) a comer algo al restaurante coreano del Parque Chacabuco. Pensé mucho en mí, mientras comía.
Era evidente que el año largo de soledad transcurrido desde mi divorcio, me había resultado más duro de lo previsto. Luchaba con mucho ahínco, pero no lograba salir del aislamiento personal en que me hallaba, en realidad, desde aún antes de la separación definitiva de mi esposa. Alguna relación ocasional, algún encuentro con sexo a cambio de dinero mitigaban mis urgencias, sin embargo, no tenía ningún contacto de valor con nadie. Ni hombre, ni mujer, ni amigo, ni nada. Mi vida estaba circunscripta a la edición de la revista Astrología y a las charlas por teléfono con mi madre. Con la revista me ganaba la vida y con mi madre me ganaba su lista -siempre actualizada- de reproches. Una vez al mes, viajaba a Brasil a visitar a mis hijos de 10 y 11 años. Mi ex mujer estaba radicada en Jureré. Se había unido a un fornido arquitecto brasileño, apenas tres meses después de separarnos; aquella celeridad en rehacer su vida no dejaba de asombrarme. Me había pedido, casi rogando, que dejara a los niños vivir con ella y con su nuevo marido y accedí. Extrañaba a los niños, por supuesto, pero no iba a convertir a los chicos en rehenes de los desastres personales de los padres. Lo que me provocaba desagrado era ese acento portugués que iban adquiriendo entre visita y visita y del cual pensaba desquitarme cuando los tuviera conmigo en el mes de Julio.
En esos y otros pensamientos se ocupaba mi cabeza en esa porteña tarde de domingo y de verano que amenazaba con derretir a las personas. También, pensaba en Claudia. Recordaba su trenza hippie y sus ojos insondables. Después, comí una última porción de helado y salí. Fui por Directorio derecho hasta la Reserva Ecológica con la intención de andar en bicicleta junto al río, sin embargo, una gigantesca nube de mosquitos frustró mis intenciones. Me dediqué a pedalear por los barrios de la zona sur y terminé tomando cerveza en Barracas. Volví y dormí, toda la noche, un sueño liviano y misterioso donde, cada tanto, aparecía la imagen de Claudia. El lunes, llegué a la oficina mas temprano que de costumbre.
–Luna en Escorpio –dijo mi secretaria cuando entré– Día jodido de verdad.
–Josefina, por favor…–Le dije. Tuve un mal fin de semana.
Ella sirvió café y me ayudó a preparar los informes para los diarios del interior. Mas tarde, tecleamos juntos en la computadora las respuestas que miles de personas estaban esperando acerca del destino de sus vidas. Al mediodía, almorzamos juntos comida naturista. Cuando terminé de trabajar, volví a la plaza Aramburu. Anochecía. Me sentí como un tonto sentado allí, en el mismo banco del sábado anterior. Con la cabeza volcada sobre el respaldo del asiento, estuve -casi media hora- tomando fresco, aunque al final, como era lógico, Claudia no apareció por la plaza. Fui hasta mi casa y me quedé dormido, mirando televisión. El martes, llegué a la oficina, casi al mediodía, porque me demoraron una serie de tediosos trámites en la aduana. Cuando llegué, Josefina dijo:
–La luna sigue en Escorpio, hasta las 16:40 horas de hoy.
–Gracias. – Contesté. ¿Qué otra novedad?
–Hay una chica en la sala de espera – dijo. Llegó hace un rato.
– ¿Quién es? – Pregunté. ¿No sabés qué quiere?
–No sé. –Contestó– quiere hablar con vos. Se llama Claudia.
Cuando escuché esa palabra mágica, el estupor me paralizó. Hasta tuve un temblor imperceptible en la mirada, pero que igual se notó. Josefina sonrió con una sonrisa irónica e interesada, y luego, se retiró de la oficina.
Claudia estaba vestida con pantalones vaqueros y una camisa sencilla y floreada. Tenía el pelo recogido y un solo aro en la oreja izquierda. La saludé con un beso y sin palabras porque todavía me duraba el asombro de verla en mi oficina.
– ¿Cómo me encontraste? –Dije.
–Fue fácil. –contestó. Fui a la plaza Aramburu y pregunté por el astrólogo.
–No soy astrólogo –corregí- edito astrología.
–Precisamente –insistió– saqué tu dirección editorial de una revista que me prestó el diariero.
–Ni siquiera la compraste…–dije y ella sonrió.
Esa noche, la recibí en mi departamento y tuvimos varias horas de amor compartido. Ella tenía la piel tan suave y tan tersa como la de una niña. Enseguida, aprendí el ritual de acariciarla donde le gustaba y el encuentro fue una verdadera fiesta de la pasión. Fue una celebración de los cuerpos, como solía decir un viejo poeta amigo mío. Llegó la madrugada y con ella, la extenuación. Ofrecí a Claudia quedarse a dormir conmigo, pero no aceptó. Llamó enseguida a un taxi y se fue como una exhalación. Todo volvió a ser tan rápido y tan inexplicable que, otra vez, me quedé sin un teléfono dónde llamarla o una dirección dónde encontrarla. La cuestión me molestó, en especial, porque dejó al descubierto lo deliberado de su comportamiento. Era evidente que Claudia deseaba mantener el control de la situación en sus manos. Ella conocía mi casa, mi nombre, mi profesión, mis costumbres y hasta la dirección de la oficina y de mi hogar; yo, en cambio, no tenía cómo encontrarla.
El viernes a la tarde, me llamó. Dijo que deseaba verme con urgencia. Enseguida, le dije que sí porque la verdad era que estaba completamente loco por ella. Nos encontramos en el bar que está en la esquina de Corrientes y Carlos Pellegrini y elegimos una mesa desde donde se podía ver con claridad tanto el Obelisco como la avenida 9 de Julio.
–Yo sé que te debo parecer desconcertante. – Dijo, con algo de culpa.
–Más que eso–agregué– me parecés imprevisible y caótica.
–No es por vos –dijo acariciándome la cara- soy así, desde siempre.
–Habláme algo tuyo. Contáme algo que yo no sepa.
– ¿Por ejemplo?
–Qué sé yo…–dije– habláme de tu familia y de tus padres.
–Muy bien – dijo– mi padre se suicidó hace tres años. Se tiró desde la torre de Interama, la más alta de Buenos Aires. La eligió por ser el lugar más notorio que había la ciudad. Me enteré debido a la nota que dejó, explicando los motivos de su decisión. Quería matarse arrojándose desde lo más alto y la verdad es que lo logró. Estaba enfermo terminal. Eso es todo.
–Lo siento mucho –dije. Nunca me lo hubiera imaginado.
– ¿Algo más? – Preguntó.
–Y no sé…–dije. Ahora, hasta me da un poco de miedo preguntar.
–Mi madre quedó muy mal de ánimo. Al poco tiempo ingresó a una secta del Barrio Norte donde le lavaron el cerebro y le quitaron la plata. Después, viajó a la India. A un lugar cerca de la frontera con Pakistán. Allá, la metieron presa acusada de vender secretos militares a los activistas musulmanes, pero como era inocente la liberaron al poco tiempo. Hace una semana, me escribió. Dice que está bien, vive en un convento alejado de los centros urbanos donde se practica una variante casi desconocida del hinduismo. Me dijo que es probable que ya nunca regrese.
–Pero…–dije ¿Cómo puede ser?
–No lo sé –contestó. ¿Será la vida moderna?
–En realidad, lo único que yo quería era tener tu dirección, conocer tu domicilio y tu teléfono y tener donde llamarte – dije. Hay veces, que siento que no puedo vivir sin vos.
–Vaya –contestó suspirando- parece una declaración de amor y recién es la tercera vez que nos vemos.
–Tómalo como quieras –contesté– pero es rigurosamente cierto.
A partir de ese día, no hice otra cosa que ocuparme de ella. La llevaba conmigo a todas partes, todas las veces que podía, incluso, en los horarios de mis tareas. Íbamos al cine y al teatro, pero no a bailar porque a ella no le gustaba. Hacíamos el amor todos los días en cualquier parte y cuando ya no nos quedaba tiempo para nada, a veces, me practicaba sexo oral dentro del auto.
A causa de todo eso, comencé a demorar las entregas del trabajo a los diarios y además retrasé por una semana la salida de la revista a la calle. Por primera vez, pospuse mi viaje mensual a Brasil para ver a mis hijos y mi vida, en definitiva, se convirtió en un caos.
Tal vez no haya sido ella, sino yo quien motivó todo eso. Es probable que -de una manera inconsciente- haya buscado volver a mis años juveniles para demostrarle al mundo que todavía estaba en carrera para las lides del amor. No lo sé. Tal vez, Claudia permitió que las cosas sucedieran de ese modo porque la situación la complacía, pero ni yo ni nadie lo podrá saber nunca a ciencia cierta. La cuestión es que terminé sufriendo de una fuerte anemia que se complicó después con una arritmia cardíaca y entonces tuve que frenar el violento ritmo de vida que llevaba. Claudia se rió mucho de mí cuando debí guardar una semana de reposo y dijo que me lo merecía por descontrolado y por loco. A partir de ese momento, mi relación con ella se estabilizó y, aunque siempre rechazó la convivencia conmigo, las cosas entre nosotros siguieron siendo iguales.
En el invierno, recibió una carta de su madre y un pasaje para viajar a Islamabad. La mujer le pedía que fuera a visitarla y a compartir “la fantástica experiencia” junto a ella.
– ¿Qué te parece que haga? Preguntó una tarde en la oficina.
–Creo que es conveniente que viajes – le dije. Puede ser una fascinante experiencia para vos. Igual, tomá algún tipo de recaudos antes de viajar por cualquier cosa que pueda pasar allá.
Claudia salió de Ezeiza por Alitalia, vía Roma, una oscura y lluviosa noche de invierno. La fui a despedir al Espigón Internacional y, después, regresé a la soledad de mi departamento en el Bajo Flores.
En el mes de Julio, llegaron mis hijos para pasar las vacaciones conmigo y, aunque mis finanzas no andaban muy bien, los llevé a esquiar a Bariloche. Pasé el resto del mes en Buenos Aires “aporteñándolos” un poco, pero ya comenzaba a notar que mis intentos serían infructuosos.
En Agosto, volví a quedarme solo y a pensar en Claudia todo el día. Durante varios meses, no tuve ninguna noticia de ella. Yo especulaba y hacía conjeturas de todo tipo. Pensaba en lo mal que funcionaba el Correo Argentino y en los caracteres hindúes y musulmanes (que para nuestra lengua son casi un jeroglífico). En cartas que se perdían, en confusiones idiomáticas y hasta en la posibilidad de su presencia en algún lugar carente de contacto con el mundo exterior. Pensaba en todo eso porque no podía creer que ella no hubiera ni siquiera intentado comunicarse conmigo. Sin embargo, el tiempo siguió pasando, y yo debí acostumbrarme a vivir sin ella.
En el verano conocí a Andrea, una psicóloga separada y sin hijos que tenía algunos años menos que yo. Con ella inicié una relación muy estable, pero que tampoco incluyó la convivencia. Era una mujer sumamente fina, de una gran capacidad profesional y dueña también de una enorme cultura. Ella me inició en algunos rituales que - hasta ese tiempo- me habían sido negados, como por ejemplo, la concurrencia a las funciones de Gran Abono del Teatro Colón.
Nuestro encuentro coincidió con una etapa de acelerado crecimiento de la editorial, cosa que –según Josefina– se debía al tránsito de Júpiter sobre mi Sol natal. Cuando la relación se consolidó, Andrea me dijo que deseaba tener un hijo, y eso me asustó. Ella había estado viviendo muchos años en el exterior, casada con otro psicólogo que detestaba a los niños y dedicándose solo a su profesión, pero ahora, a los 38 años, sentía que su hora biológica había llegado y que ya no tenía tiempo para esperar más. Yo estaba por decirle que sí, justo cuando Claudia volvió a aparecer en mi vida de la manera imprevista y caótica a la que ella acostumbraba. Cuando la vi, no podía dar crédito a mis ojos. Estaba vestida con una túnica blanca y tenía el pelo rapado. Igual se notaba, claro está, la belleza y la armonía de sus rasgos, pero había que adivinar para descubrir en ella a la chica porteña que vendía revistas en las plazas.
– ¿Qué pasó? Pregunté– ¿Por qué no me llamaste?
–Es una larga historia –contestó, mientras me abrazaba.
Esa noche cenamos juntos. Dijo que en Islamabad estuvo haciendo estudios preparatorios para ingresar a la secta de su madre y que al llegar se sintió subyugada por la paz que la rodeaba y por las ceremonias interiores.
–Me enloquecía el sabor del te de malva y también el olor del incienso y de los aceites que me embriagaban el alma…
Yo la miraba asombrado y ella prosiguió:
–Estuve tres meses recluida en una celda recitando frases y diciendo oraciones y mantras. Durante esos tres meses, sólo comí miel y frutas. Después, pasé, como novicia, a vivir en el sector principal; y así, transcurrió todo este tiempo sin que casi me diera cuenta de nada. El paso de los meses, viviendo allá, te resulta de verdad imperceptible, te lo juro, pero hace un mes recapacité, comencé a extrañar mucho, especialmente a vos, y entonces me vinieron unas locas ganas de volver.
– ¿Y cómo hiciste?
–Fue sencillo. Reconfirmé el pasaje de regreso, le di un beso a mi madre, tomé la valija y me vine.
Yo me quedé sin palabras y ella sonrió.
–Sí, ya sé – dijo– soy impredecible.
Esa noche no hicimos el amor. No estoy seguro si ella lo deseaba, pero yo preferí llevarla hasta su casa después de la cena porque tampoco tenía las cosas demasiado claras. Al día siguiente, le conté a Andrea lo que había pasado y ella me escuchó con una cierta tristeza en la mirada.
– ¿Qué pensás hacer? –Dijo.
–No sé –contesté. Necesito tiempo.
A la tarde, la encontré otra vez a Claudia. Vino vestida de vaqueros y de camisa transparente, igual que antes. La sola observación de su corpiño a través de la tela me puso en guardia. Nos amamos toda la noche como dos irracionales. Ella se quedó conmigo durmiendo en la cama, y yo me encontré con Andrea luego del trabajo. Le dije que lo más honesto para con ella era separarnos porque yo no podía vivir sin Claudia. Lo aceptó con mucha calidad y con la misma tristeza del día anterior. Me dio un beso y se fue.
Eso es todo hasta el día de hoy.
Realmente, no sé si en el futuro perderé otra vez a la chica que conocí con el Sol en Acuario. Tampoco sé, si estaré expuesto a la arritmia y a la anemia o si ella desaparecerá en algún momento, como por arte de magia, de mi vida y de mis cosas.
Lo único que sé es que ella es mi aquí y mi ahora.
Y no conozco nada que valga más que eso.
9 years, 1 month ago

CON EL SOL EN ACUARIO (Obra de Nesravaza)
Jejeje, primero, no veo un personaje del lejano oeste, pero está muy bueno el texto Nestor, Claudia me hizo recordar a la Alejandra de Sobre héroes y tumbas de Sábato. Muy bueno, se aparecia mucho las descripciones psicológicas de las personas, una historia de amor y vivencia de los personajes, te felicito.
9 years, 1 month ago
Ah!!! como leí el relato de Nes y no veía nada del lejano oeste entré en confusión casi psicótica. Ahora me doy cuenta? Y cuales serán esos personajes del Lejano Oeste, digo yo? Ni me acuerdo… Puede ser que poniendo mi cabeza sobre la almohada aparezca alguno. Chan Chan!
9 years, 1 month ago
Atara, Anittaa, Craigbale, Ger 757, Mephisto, Salinok, Lidy, Betty y tantos otros compañeros del foro.Si quieren se los digo en lunfardo básico: “ N-O A-R-R-U-G-U-E-N”. La madre literatura los está mirando. Jajajjja. 3500 palabras no son la muerte de nadie. Es un desafío y los estoy esperando.
9 years ago
Bueno… terminé. 4.041 palabras. No es tanto chicos. Es más, achiqué un cacho. Ta buena la idea de este policial, pero no se si esta bien expresada. Juzguen como quieran pero definitivamente es digno de ser leido…no sean vagos.ADVERTENCIA. Tiene MUCHO LENGUAJE ADULTO. MALAS PALABRAS. No se si corresponde ponerlo así… cualquier cosa los moderadores me avisan y pongo los . No es mi estilo precisamente pero busco reflejar como hablamos contidianamente.Quizás halla algúna incongruencia en el argumento, cualquier cosa me avisan…espero críticas duras; pero eso si, siempre FUNDAMENTADAS y en buenos términos.PeacemakerEl último mes había sido una pesadilla en la comisaría. Hubo un alud de nuevos homicidios. Diferentes escenarios, diferentes casos, pero un mismo protagonista. El revolver Colt de acción simple modelo 1873, el héroe y villano del Far West. Dicho sea de paso siempre odié las películas del género. La prensa como siempre ya había hecho un alboroto por el asunto; habían bautizado al presunto asesino en serie como el Cowboy. Pero, ¿por qué me habían asignado semejante caso? Soy un detective acabado, paradójicamente a causa de mi efectividad, honestidad y tenacidad. Mis pecados fueron: meter en cana a mi sargento por el asesinato de un perejil, culpar “equivocadamente” a un senador provincial por el asesinato de un travesti o acusar al CEO de un multimedios por “olvidarse” de su bebé (o el del amante de su esposa) dentro del su auto en pleno verano. Después de mis aventuras con mis superiores y políticos debería estar agradecido de estar con vida, pero los aprietes me hicieron perder dedo anular izquierdo, junto con mi alianza matrimonial, junto con mi matrimonio, junto con la tenencia de mi hijo, junto con… Eso sin hablar de los 3 disparos que recibí en mi carrera, uno de los cuales es responsable de mi renguera, y los 5 tipos que maté; uno era un pibe adicto de 14 años y a otro tuve que plantarle un arma y algunos estupefacientes del cual voy a hablar luego. Después del primer caso mencionado me hice muchos “entrañables” colegas, pero la prensa y la política me hicieron intocable; con lo del senador perdí la política, pero los medios me hicieron un dios; y con lo del CEO perdí todo. Sin duda el cuarto poder es el más jodido. Ellos sacaron el tema de los dos que maté y me quitaron lo que ya mencioné. Al final tuve que “arreglar” el caso; estaban cerca de hacer boleta a mi hijo. A cambio me quitaron de la división de homicidios y me pusieron en el almacén de armas y pertrechos. Siempre fui aficionado a las armas por lo que no estaba tan mal en esa posición. Me entretenía limpiándolas, cargándolas, descargándolas, haciendo asaltos imaginarios y jugando a la ruleta rusa con una reliquia muy especial para mí: un revolver Colt 1873 “Peacemaker”. Esta fue el arma homicida del primer caso que resolví. Un coleccionista de armas que mató a su mujer. Ese fue mi primer logro y me hizo conocido por la peculiaridad del caso; desde entonces me marcaron en el depto de policía pues a todos los detectives les encantan las armas raras. Curiosamente me encontré con el revolver del primer caso en el almacén. El llamado Peacemaker o pacificador traducido al español hacía honor a su nombre, realmente me tranquilizaba “jugar” (a la ruleta rusa) con él. Sospechosamente en 2 años nunca logré que se diera ese tiro “pacificador”. Inclusive cuando cargaba 3 balas (tiene capacidad para 6). Pero un día simplemente desapareció. Al mes comenzaron los asesinatos con el Colt; pero yo no quise mencionarles nada a mis superiores de la desaparición. En demasiados líos me había metido y para colmo, capaz que me inculpaban. Pero lo más increíble ocurrió luego. El caso se había descontrolado, iban siete víctimas en tres meses. Rodó la cabeza de Martínez, un detective inepto y cocainómano por cierto que lo único que descubrió en ese tiempo es el tipo de arma. El Gobernador, estaba desesperado y quería hacer cualquier cosa para desviar la atención. Por ello, por mi tenacidad y porque se sabía que yo era un experto en el arma por mi primera experiencia, el Gobernador, encarecidamente pidió ponerme a cargo del caso. Y así llegó el día en que me citó a su despacho:–¡Detective Posse!, que gusto verlo –exclamó con la típica hipocresía política.–Buenos días gobernador. El gusto es mío por estar a su servicio directamente. –le repliqué con una hipocresía aún mayor, pues él me había intentado “convencer” durante el caso del senador.–Quiero aclarar algo antes de que comencemos. Todo el rollo ese del cogetravas de Hernán (el senador) nos puso mal a los dos. De corazón, te digo que lo siento mucho. Debí estar al lado tuyo con lo de Marabini (el CEO). Todavía recuerdo como te titulaba la prensa antes: “Detective Posse: El pacificador”. Después los mismos te hicieron mierda. Fue injusto che…–Todo bien… Eso ya no me importa. Lo que importa ahora es este nuevo caso. –respondí como un señor responsable y desinteresado.–Entonces, ¿sin rencores eh?–Seguro Gobernador. Pero…–Si, ya se, tenés varias condiciones. Hablemos del lío este primero y después me abro de piernas para vos si querés.Ambos nos “reímos”, ambos unos falsos.–Mirá, el boludo de Martínez es un inútil y nadie quiere ponerse al frente de este quilombo. Y se me ocurrió que este caso es perfecto para vos. Un tipo que le pone el pecho a la bala. Un tipo que no se le caga a nadie.–Un tipo que no tiene nada que perder. –retruqué.–¿Entendés como viene la mano? Vos me resolvés este caso y yo te doy condecoraciones hasta en el otro y te hago prócer nacional.–Usted sabe que a mi no me movilizan esas cosas.–Si ya sé. Lo jodido de vos es que pedís demasiado a cambio. Sos un adicto al deber y la justicia. Te timbiás todo para lograr.–Sabe lo que necesito.–Ok. Yo pongo le pongo el pecho al la bala. Inclusive con los del Grupo Argenta (el multimedios. Te doy para que armes el equipo con quien se te cante la pija, tenes todos los móviles y recursos que se te antojen; volvés a homicidios con todas las estrellas; te cuido de los de la federal; te hago mierda al comisario o intendente que se te cante… ¿Algo más? Ah, si me resolvés esto te hago jefe de homicidios y si necesitas un “incentivo”, vos ponés el precio. ¿Hecho?–Le tomo la palabra pero necesito que me garantice algo más.–Ya sé… pedís demasiado. Estaba todo listo. Me armé el equipo que siempre anhelé, hasta evitando que el Gobernador me meta en el grupo a ese agente soplón, sobrino de no se quién. Así junté es como todos los “giles” del departamento terminaron conmigo. Sólo necesitaban el incentivo de estar en “El caso”. Querían “esa anécdota”, solo para henchir el orgullo contándola infinitamente a los pendejos nuevos, a sus mujeres, a esa minita que le tienen ganas, etc. Solo querían el placer de que cuando diga alguien “que bárbaro el caso del vaquero ese”, ellos digan “sabés que yo estuve en el caso…”. Cuando agarramos el caso me quería pegar un tiro. No se si por malaleche o por pelotudo, Martínez me había hecho mierda todas las muestras del caso. Pero “por suerte” esa misma semana tuvimos un cuerpo fresco. Ni bien supe me fui a los pedos con mi cumpa Esteban a la escena antes que nos caguen las pruebas.–La concha de la lora. Es el hijo de puta de Marabini– al decir eso casi me caigo de culo, al lado estaba el revolver y el amante de la mujer muerto.–Se te viene un quilombo para noventa. –me dijo Esteban, sin poder ocultar la emoción de estar en el caso de la década. La escena era evidente. Cuando Marabini salía del edificio del Grupo Argenta sus dos guardaespaldas fueron abatidos. Era indeterminada la distancia desde la que se habían hecho los tiros ya que el revolver no expulsa los casquillos. Luego se estimó que fue desde 20 o 30 metros. Dos tiros cada guardaespaldas. La velocidad y precisión de los disparos fue impresionante. En 4 segundos debió haber hecho los disparos. Después tomó un minuto o dos lo otro. Un tiro en cada pierna y en el brazo izquierdo. Después lo dio vuelta, le tiró un poquito de naftalina en la parte inferior de la espalda y se la prendió. Ardió lentamente. Junto a su mano un Peacemaker con todas las municiones disparadas y Torres (el amante de la mujer de Marabini) a unos metros yacía con un tiro en el estómago y dos en una pierna. ¿Qué mierda pasó? ¿Por qué Marabini con el brazo libre no se dio vuelta sofocó el fuego con el piso? Lo importante es el tema de los disparos. El revolver tiene la capacidad para 6 balas. Cuatro contra los guardias y tres contra Marabini y tres contra Torres; en total 10 tiros. Debió recargar o bien había otro revolver y/o tirador. Evidentemente Torres no pudo hacer tal hazaña solo. En especial los tiros contra los guardaespaldas y las pruebas lo certifican. Con otra arma le dispararon a los guardias y a una pierna de Marabini. ¿Será el llamado Cowboy? Torres parece que le disparó a Marabini los otros dos tiros y lo incendió. Le tiró el arma a Marabini y éste le disparó en el pecho, le erró otro y le dio dos veces más en el piso. Cuando se quiso dar vuelta para apagar el fuego ya no pudo hacerlo. Obviamente una venganza por el bebé que murió sofocado de calor. Inmediatamente puse a mis agentes a buscar en el mercado de coleccionistas de armas antiguas e Internet como venía la mano con el mercado de este revolver y quizás encontrar a este fanático. Nada, no hubo UN tipo que compró muchos revólveres. Ahí me avivé. No era UN tipo. Eran réplicas de asesinatos, memética. Entonces enfoqué la investigación en distintos asesinos para cada ocasión. Comparación de ADN, testigos y pruebas rápidamente llevaron a distintos responsables en cada uno de los asesinatos por distintos motivos. Generalmente gente cercana a las víctimas que habían cometido los crímenes por diversas razones, siempre premeditadamente. Algunas pesquisas e interrogatorios más y de repente tenemos a cinco responsables confesando cinco de los ocho asesinatos; en algunos casos sabíamos como habían adquirido los revólveres y en otros no. Solo faltaban el segundo y el tercer homicidio, y lo de Marabini. A todo esto la prensa enloquecía: La clave era encontrar un obsesivo del arma que muy probablemente sea responsable intelectual o físicamente de los demás asesinatos. En realidad la réplica de homicidios en su estado puro no tenía sentido. Se preguntarán de qué hablo. Las réplicas ocurren cuando alguien asesina de una manera peculiar, por ejemplo un francotirador, y la policía nunca logra identificar al responsable. Luego otras personas imitan el modus operandi esperando tener éxito como el original en evitar la captura. Pero en este caso, el original había sido atrapado. Era un pibe de 23 años, depresivo, que hurtó el Colt de su abuelo que era un loquito de las armas, y con el mismo asesinó a una ex novia. A los pocos días ocurrieron los dos asesinatos inconclusos. Momento… ya sé. Puede haber un ideólogo de todo esto, un Cowboy. Cuando el pendejo actuó quizás el Cowboy ejecutó a dos personas desviando la atención y culpa del caso del pendejo. Luego se le atribuyeron las causas al Cowboy y no se investigó en profundidad el caso del pibe, ya que evidentemente no tenía nada que ver con los otros dos homicidios. Todo esto sin que la policía note que el abuelo tenía el arma en cuestión. Luego ocurrieron las réplicas. El cel… justo ahora no:–Detective Posse –dijo Ana, la especialista en balística–, pasó de nuevo. Mataron al Senador Fernández. Esteban está allá.–Sabes algo más. –dije con la voz quebrada y a punto de vomitar de los nervios.–Estaba en un telo con un trava. Le metieron el cañón de un Colt por el recto y dispararon. No escuché nada más. Me fui corriendo al baño a vomitar. La prensa, por más que presione el Gobernador, iba hacer la evidente relación. Al llegar la escena era prometedora. El revolver aún se encontraba incrustado. Teníamos huellas digitales pero obviamente no me hacía ninguna ilusión. El resultado: Armando García. Después de una semana supimos que era un travesti amigo del asesinado por el Senador. Los testigos habían dicho que era rubio con ojos celestes, algunos tatuajes, todo tuenado y medía al menos 1,80. Se notaba que era premium; justo el tipo que consumía el Senador. A las pocas horas lo encontraron en un micro a Córdoba aunque tenía cabello castaño oscuro y ojos marrones. Obviamente se había disfrazado para la ocasión. Cuando entré a la sala de interrogación se sobresaltó y me sonrió.–Le agradezco mucho Detective Posse por lo que hizo por Juana. A pesar de su esfuerzo, tuve que tomar el asunto en mis manos para hacer justicia. Si quiere me adjudico los otros asesinatos para sacarlo del aprieto.–Entiendo. No estoy interesado en echarle los muertos a usted. Necesito al Cowboy. ¿Él la indujo a hacer esto?–No. Quise aprovechar todo este lío para matar a ese hijo de puta y zafar. Para serle sincera, pensé que la atención se iba a enfocar en usted. Muerto el CEO; matar al Senador iba a desviar la atención en usted, ¿entiende?–Es ingenioso lo que hizo. Aunque yo creo que este ardid es obra del Cowboy. Él la indujo.–¿Ardid? –Obviamente no conocía el término, pero antes de que pueda explicarle dijo– no no,… le puedo demostrar que yo compré el arma.–Eso será verdad, pero puede haberlo hecho por instrucción del Cowboy. Dígame la verdad y puedo hacerte zafar de esta. Bien muerto está ese conchudo, simplemente quiero al Cowboy. –elevé el tono y denoté mi desazón.–Mirá… fui yo la responsable. Lo cachondié al puto ese y cuando quiso que lo coja le metí el revolver por el orto y lo quemé –dijo elevando la voz–. No solo que sufrió como un cerdo, sino que en su cara había terror. Sabía que sus hijos y nietos y todos se iban a enterar lo putito que era. El quería aparentar que era activo, que era machito, golpeando a mis compañeras y amigas. Pero bien supo cuando le llegó la hora que TODOS se iban a enterar que le gustaba la pija; que, al igual que la mayoría, buscaba a las de mi tipo para evadir su homosexualidad.–Al final no era cogetravas, sino cometravas. –dije en vos baja sonriendo por la justicia que me empalagaba y porque recordaba que el Gobernador llamó al Senador “cogetrava”; como si hubiera alguna indulgencia o empatía por su rol activo.–Tal cual. –me dijo “Armanda”, como si parte de la justicia recaía en la “corrección” de la nomenclatura de la perversión del senador.–Te repito. No hace falta que caigas vos. Entregame al Cowboy y salís caminando de aquí.–Perdoname papi, –agarrándome la mano– no tiene nada que ver. No te quiero engañar y entorpecer tu laburo. De repente, entra apurado Esteban y se queda congelado al contemplar la escena. Tartamudeando me dice.–Esto se fue al carajo. Mataron a Gutiérrez (el comisario).–No te lo puedo creer. –dije fingiendo sorpresa, ya nada me podía sorprender, me curé de espanto–. ¿Cómo fue?, no me digás que con el revolver… Llegamos al penitenciario y el asunto estaba cocinado. Aparentemente el hermano del perejil que había matado al comisario estaba en otro pabellón. “Alguien” le había hecho llegar el fierro, el Peacemaker del primer caso.–¡Detective! Me alegro de verle. ¿Te acordás de mí no?–Si si… pero a mí no me alegra verle.–Entiendo jefe. Sé que esto le trae un lío bárbaro; pero al menos se hizo justicia, justicia de verdad. Me acuerdo como se las jugó por nuestra familia. Usted si que tiene pelotas.–Era mi trabajo, no me agradezca nada. En segundo lugar señor Jiménez, ya se había hecho justicia.–Que mierda… estaba en el pabellón de los ratis. Lo tenían todo mimado a ese puto; como a una especie de… de… mártir sabe. Y decime vaquero ahora, así me pusieron los muchachos. Y me gusta…–Aha… mirá. Sé que quedaste como un héroe entre tus cumplas. PERO… en poco tiempo los guardias se van a hacer una fiesta con vos. Si me ayudás te puedo trasladar sabés. Prácticamente estás muerto en vida.–Ufff…… no me agüe la fiesta don. Yo ahora soy pulenta acá. Nadie me va a joder sabe. Y si me traslada voy a tener que empezar de cero. Esto es lo más cerca que voy a estar de la gloria. Una laucha como yo no tiene futuro. Pero ahora todos me respetan y por primera vez soy feliz. No me quite eso. Y si me matan ya fue. Muero como valiente mi general –diciendo lo último se para, hace un saludo miliar y lo enfatiza como si fuera un prócer de la patria–. Después de muerto, aquí me van a prender velitas, voy a ser como el Gauchito Gil y no un gil más. Y si sobrevivo vuelvo a la calle con cancha, salgo por la TV contando mi hazaña y como era el Cowboy. Cuando me dice esto pierdo los estribos, no aguantaba más a esta laucha prepotente. Me paro y alzo a Rodríguez ahorcándolo:–¡Decime ya! ¿Quién te dio el fierro! ¿Quién carajo es! Decime todo o le digo al director de acá que te agarren y no te maten, sino que todos los día de tu ahora laaarga condena te visiten y te rebanen de poquito a poquito. Rodríguez se empieza a cagar de risa, era clara mi desesperación y sabía que yo no era capaz de cumplir mis amenazas. Lo suelto y me dice:–Cálmese un poco quiere. Yo lo respeto mucho a usted y le deseo lo mejor de corazón. Pero yo no soy botón. Hágame lo que quiera. Además él me dio un mensaje para usted. ¿Quiere que se lo diga o se va a seguir haciendo el pija conmigo?–Dale…–dije sin poder ocultar mi ansiedad.–El te admira. En serio. Dice que no te preocupes, que ya pronto se va a resolver todo. Vas a recibir lo que tanto querés…–Decime de una vez que te dijo. –Quiere que te confiese que yo maté a Prieto, el coleccionista que metiste en cana hace tiempo.–¿Qué? ¿Me estás jodiendo?–No no… le juro. El me prometió que si lo hacía me iba a ayudar a vengarme del comisario.–¡La puta madre que te parió! –me paré de nuevo con ánimos de matarlo.–¡Espere espere! No mate al mensajero. Tengo algo que le va a interesar mucho más. Quiere que se encuentren en el puerto, dice que ya sabés donde. Dijo también que no seas cartel, que no le avises a nadie, que si ve algún rati se borra. Que más,… Ah, dice que fueras armado con tu pistola, la… ¿cómo se llama? Es la Colt .45. Ojo que no es el revolver Peacemaker, sino mi pistola Colt 1910 semiautomática que siempre llevo encima. Esta arma también es célebre ya que fue la pistola reglamentaria del ejército estadounidense durante casi 50 años, siendo utilizada durante las dos guerras mundiales, la Guerra del Corea, la de Vietnam y la primera del Golfo. Es un arma magnífica, tiene capacidad para 7 balas más una en la recámara, una precisión excelente, un poder de parada impresionante y es extremadamente fiable. Mucho mejor que esas porquerías 9mm que se usan hoy en día. Asimismo la elección de una Colt no era casual, ese nombre significa mucho para mí por razones obvias. Ya estoy divagando de nuevo por las armas. Al otro día, antes del encuentro, me encontraba viendo la conferencia de prensa en vivo donde el Gobernador haría declaraciones sobre el caso. Obviamente decidí ni asomarme y ni me invitaron; un mal síntoma. Ahora se iba a ver si en verdad es hijo de puta ponía el pecho a la bala.–Gobernador, Gobernador,…–es señalada por el Gobernador– Buenas tardes Gobernador, Paula Casal de Argenta 24. ¿Nos puede explicar esta extraña relación entre los asesinatos y el detective Posse? y ¿por qué no se encuentra él en persona para echar luz en el asunto?–Mire… en primer lugar el labor del Detective fue brillante. Atrapó a la mayoría de los culpables en tiempo record. Lo que ocurre en este caso es MUY complejo. Los detalles de la mitad de los casos los conocen bien. Las interrogantes se abren en cuanto al segundo y tercer asesinato, el del Senador Fernández y el de Marabini. Aparentemente el primer caso, el del joven, causó que el asesino llamado el Cowboy ejecutara los dos episodios posteriores, o sea el segundo y el tercero. Al utilizar la misma arma que el primer homicidio desvió la atención de todos los casos a la figura de un asesino serial. Posteriormente, otros sujetos, quizás influenciados por el Cowboy, utilizaron esa “pantalla”, el uso del revolver Colt, para cubrir sus crímenes. Posteriormente, al asumir Posse como detective a cargo, por razones que desconocemos, el Cowboy cometió física o intelectualmente los asesinatos de los “enemigos” del Detective. Un dato que nos puede dar alguna relación con todo lo ocurrido es que en el primer caso que resolvió el detective Posse, el arma homicida fue un revolver Colt, el mismo utilizado en la prisión, sin embargo, el responsable de aquel hecho falleció en prisión hace un par de años en manos de otro recluso. Luego de decir esto, el Gobernador hizo una pequeña pausa para beber un poco de agua. En ese lapso, se veía a los corresponsales tomando nota apresuradamente; un silencio de iglesia reinaba en el salón donde se llevaba a cabo la conferencia.–Por ello, creemos firmemente que el ideólogo y desencadenante de esta serie de delitos es un psicópata fanatizado con el detective Posse. Posiblemente comenzó esta serie de homicidios para dar con él, ya que sabía que lo convocaríamos por ser un experto en el tipo de arma utilizada en estos lamentables hechos. Por todo esto y por razones de seguridad lamento comunicarles que se decidió relevar del cargo al detective Posse y ahora nos abocaremos a su protección y a la captura del criminal. Cuando terminó sus declaraciones, los periodistas clamaron por el Gobernador, siempre ojeando sus cuadernos de notas sin saber siquiera que iban a preguntar. Antes de que llegara mi custodia logré escabullirme y presentarme en el lugar pactado. Estaba fresco; corría un poco de viento y caía una fina llovizna. A los 15 minutos, mientras que me fumaba un pucho, apareció. Era un tipo efectivamente vestido como Cowboy, con dos Peacemaker en sus respectivas fundas, la puta madre que lo parió. Parece ser de unos treinta y pico, rapado, medio colorado, ojos azules y una cara de loco que da cagazo…–Buenas tardes detective Posse…–Qué tienen de buenas…–a lo cual sonrió.–No se caliente. Imagino que ya debe saber quien soy.–Hace rato me lo imaginé, el registro de visitas de la cárcel. No estabas en la lista de Jiménez, sino en la de tu viejo. Sos el hijo del coleccionista de armas, mi primer caso. Sé que años después de que tu viejo fue en cana te fuiste a Yankylandia, a Texas. Se ve que volviste y empezaste a joderme, querías llamarme la atención. Intenté ubicarte. No había siquiera registro de que entraste al país. Ahora veo que volviste y vivís en un conteiner; y además te trajiste los Peacemaker.–Me imagino que lo tiene todo resuelto ahora…–No. Me falta saber en qué asesinatos participaste directamente, en cuál intelectualmente y en cuál no. Pero eso no me interesa ahora. Sé lo que querés hacer y no voy a perder tiempo charlando o pidiéndote que te entregues.–Al fin usted va un paso adelante. –dicho esto el Cowboy pone su mano en uno de los revólveres–. Cuando suene la campana de la iglesia largamos, ¿quiere? Creo que faltan 2 minutos. Poné la mano sobre tu arma que falta poco.–Ok. Pero antes decime… ¿Lo hacés para vengar a tu viejo?–Claro que no. Cuando fue lo de mi viejo realmente nos conectamos ¿recuerda? Ambos salimos airosos de ese lío. Yo me encargué de esos abusivos hijos de puta y con la guita me pude ir a Texas y convertirme en un verdadero Cowboy. Él miraba todo el tiempo esas películas; inclusive cuando me hacían cosas…¡DING! Es todo gente…espero réplicas.
Anímense.
Saludos.
9 years ago
Zaratustra:Hola! Mucho gusto, Florencia. Leí tu relato, y es bastante atrapante desde el comienzo. Los policiales me encantan, y si tiene tintes del lejano oeste con cowboys y asesinatos, me anoto de una. El argumento me pareció bien logrado, es decir que al llegar al final se comprende perfectamente la intensión y lo que se busca generar en el lector, sobre todo por el lenguaje coloquial y desenfrenado que se utiliza. Le queda bien, y realmente se condice con la personalidad del protagonista. Me gustaron los personajes secundarios y algunas escenas están bien trabajadas, pero me hicieron ruidos algunos sucesos y algunos diálogos. En la parte que el habla con el gobernador falta un poco de orden. Uno tiene que volver varias veces la vista atrás para no equivocarse de quién habla. También tiene bastantes cositas que corregirse en cuanto a la gramática. En algunos lugares se necesita la pausa de la coma, o en vez de coma, punto y coma. Con respecto a las escenas fuertes como vos le llamabas, las veo dentro del contexto. Mucho crimen pasional y muchas connotaciones sexuales pervertidas, pero creo que todo el relato gira en torno a eso. No lo sentí desmedido y se valora mucho que te animes a un argumento así.En conclusión, es un muy buen policial. Algo así como que te diría “iría a verlo al cine”. Tiene una cosita de policial negro tradicional que le queda muy bien, y uno hasta esperaría que el detective tenga otras aventuras más; puliendo bien el escrito tenés un excelente relato.
9 years ago
¡Hola a todos! nesravazza, soy Sil. Un gusto.
Leí tu texto y me gustó mucho. A nivel ortográfico y de redacción está correcto. La pena es no encontrar el disparador…la figura del lejano oeste.
Sólo una pregunta: ¿y si cambiaras el viaje de Claudia? En lugar de enviarla a la India la mandas a Texas, por ejemplo.
Un placer leerte
9 years ago
Néstor, ¡termino el expediente que tengo en mano y le doy una leida a lo tuyo!
Lady… ¡genia! Me poe muy feliz volver a leer tu letra en su colorcito de siempre jajaja
9 years ago
Flor, niña, soy la misma (más vieja jajaja)…y el color se mantiene. Copié el otro texto a un word para leerlo mejor; así que más tarde dejo mi comentario.
La figura del lejano oeste no me gusta, no se me ocurre nada para un texto de tantas palabras. Veremos, besos.
9 years ago
Lady!!!!!! Qué lindo verte por acá, no sabés que feliz me pone. Sabes qué? Aunque escribas sobre un indio en la Antartida me va a gustar igual…
9 years ago
Fleurr
Zaratustra:Hola! Mucho gusto, Florencia. Leí tu relato, y es bastante atrapante desde el comienzo. Los policiales me encantan, y si tiene tintes del lejano oeste con cowboys y asesinatos, me anoto de una. El argumento me pareció bien logrado, es decir que al llegar al final se comprende perfectamente la intensión y lo que se busca generar en el lector, sobre todo por el lenguaje coloquial y desenfrenado que se utiliza. Le queda bien, y realmente se condice con la personalidad del protagonista. Me gustaron los personajes secundarios y algunas escenas están bien trabajadas, pero me hicieron ruidos algunos sucesos y algunos diálogos. En la parte que el habla con el gobernador falta un poco de orden. Uno tiene que volver varias veces la vista atrás para no equivocarse de quién habla. También tiene bastantes cositas que corregirse en cuanto a la gramática. En algunos lugares se necesita la pausa de la coma, o en vez de coma, punto y coma. Con respecto a las escenas fuertes como vos le llamabas, las veo dentro del contexto. Mucho crimen pasional y muchas connotaciones sexuales pervertidas, pero creo que todo el relato gira en torno a eso. No lo sentí desmedido y se valora mucho que te animes a un argumento así.En conclusión, es un muy buen policial. Algo así como que te diría “iría a verlo al cine”. Tiene una cosita de policial negro tradicional que le queda muy bien, y uno hasta esperaría que el detective tenga otras aventuras más; puliendo bien el escrito tenés un excelente relato.
Hola Folr. Me alegra que te haya gustado. Aunque no lo creas me faltó espacio. La idea es fértil para extenderla a una novela. Los errores son fruto de la falta de tiempo, la comprensión extrema de conceptos complicados, ignorancia y despiste.
También me alivia que te guste esta forma guarra de relato. En realidad no es mi estilo; si ves lo otro que escribo es bastante “remilgado”. Lo que me animó a escribir así de crudo es la serie “El puntero”. Es más, al preso me lo imaginaba como Lombardo.
Gracias por la crítica…saludos.
Ladysugar
¡Hola a todos! nesravazza, soy Sil. Un gusto.
Leí tu texto y me gustó mucho. A nivel ortográfico y de redacción está correcto. La pena es no encontrar el disparador…la figura del lejano oeste.
Sólo una pregunta: ¿y si cambiaras el viaje de Claudia? En lugar de enviarla a la India la mandas a Texas, por ejemplo.
Un placer leerte
Confundió el lejano oeste con el lejano oriente…
9 years ago
Gracias Sil, un gusto conocerte. Me alegra que te haya gustado el texto. Te diré que en las bases del juego Anittaa escribió: lo siguiente:En esta primera ronda, la obra debe mencionar en alguna parte a un personaje del lejano oeste. Y yo mencioné a Gary Cooper en “A la Hora Señalada”. El tema podía ser cualquiera, solo había que “mencionar” a algún personaje del lejano oeste y creo que en eso he cumplido la consigna. Espero que disfrutes de tu regreso. Y te pido disculpas por algún maleducado que se mete a opinar en los diálogos de terceros.
9 years ago
nesravazza
Gracias Sil, un gusto conocerte. Me alegra que te haya gustado el texto. Te diré que en las bases del juego Anittaa escribió: lo siguiente:En esta primera ronda, la obra debe mencionar en alguna parte a un personaje del lejano oeste. Y yo mencioné a Gary Cooper en “A la Hora Señalada”. El tema podía ser cualquiera, solo había que “mencionar” a algún personaje del lejano oeste y creo que en eso he cumplido la consigna. Espero que disfrutes de tu regreso. Y te pido disculpas por algún maleducado que se mete a opinar en los diálogos de terceros.
Para ya… esto es un foro, no un chat. En el reglamento dice claramente que esto no es un canal de chat. Y decí las cosas por su nombre… decís “algún maleducado”. Sos un cobarde, en los otros threads te haces el experto criticándome y después empezás a agraviar como una vieja de barrio… luego te escondes cuando te replican con frases como “Sin palabras”. Vos sos el maleducado.
Lo que puse es una broma inocente… si me vas a bardear, de frente.
9 years ago
Reitero lo mismo que en Una foto mil palabras: resuelvanlo por privado. No me parece adecuado que se produzcan estos roces en los juegos; y más sabiendo que aquí estamos para aprender…
Sil, como te dije antes, es un placer verte de nuevo por acá.
9 years ago
Hola a todos.Anita, no te preocupes…tú sabes que tengo algo de experiencia en esto. nes, tienes razón…de cualquier manera me hubiera gustado más con un personaje y no con la mención de la peli. Es sólo cuestión de gustos y te entiendo.Zaratustra, un gusto conocerte. Espero leer algo tuyo, ya que la inspiración me ha abandonado por ahora.
Perdón, edito porque tengo en word tu texto. Lo he leído tres veces y quiero redondear algo útil para mi comentario.
Buen finde para todos.
9 years ago
Hola Zaratustra:
Esta es mi devolución y te aclaro que lo hago con todo respeto desde mi lugar de lectora.
Te dejo un spoiler.
Sil Spoiler Peacemaker El último mes había sido una pesadilla en la comisaría. Hubo un alud de nuevos homicidios. Diferentes escenarios, diferentes casos, pero un mismo protagonista. El revolver Colt de acción simple modelo 1873, el héroe y villano del Far West. Dicho sea de paso siempre odié las películas del género. La prensa como siempre ya había hecho un alboroto por el asunto; habían bautizado al presunto asesino en serie como el Cowboy. Pero, ¿por qué me habían asignado semejante caso? Soy un detective acabado, paradójicamente a causa de mi efectividad, honestidad y tenacidad. Mis pecados fueron: meter en cana a mi sargento por el asesinato de un perejil, culpar “equivocadamente” a un senador provincial por el asesinato de un travesti o acusar al CEO de un multimedios por “olvidarse” de su bebé (o el del amante de su esposa) dentro del su auto en pleno verano.Acá ya me pierdo. ¿O? O sea que no fueron los tres hechos sus ‘pecados’. Si sólo son ejemplos están mal citados.Lo otro: ¿de cuál bebé se olvidó?No lo entiendo ya de arranque y tú sabes que cuando esto pasa es porque hay algo que está mal. Tal vez soy yo, pero estoy en la quinta leída.Después de mis aventuras con mis superiores y políticos debería estar agradecido de estar con vida, pero los aprietes me hicieron perder dedo anular izquierdo, junto con mi alianza matrimonial, junto con mi matrimonio, junto con la tenencia de mi hijo, junto con… Eso sin hablar de los 3 disparos que recibí en mi carrera, uno de los cuales es responsable de mi renguera, y los 5 tipos que maté; uno era un pibe adicto de 14 años y a otro tuve que plantarle un arma y algunos estupefacientes del cual voy a hablar luego.Acá tienes problemas de puntuación. Creo que tienes que leer una vez despacio y atentamente para poder corregirlo.Después del primer caso mencionado me hice muchos “entrañables” colegas, pero la prensa y la política me hicieron intocable; con lo del senador perdí la política, pero los medios me hicieron un dios; y con lo del CEO perdí todo. Sin duda el cuarto poder es el más jodido. Ellos sacaron el tema de los dos que maté y me quitaron lo que ya mencioné. Al final tuve que “arreglar” el caso; estaban cerca de hacer boleta a mi hijo. A cambio me quitaron de la división de homicidios y me pusieron en el almacén de armas y pertrechos.Aclara al principio qué significa CEO. Después de ‘intocable’ usaría dos puntos y no punto y coma. Dios va siempre en mayúsculas.Siempre fui aficionado a las armas por lo que no estaba tan mal en esa posición. Me entretenía limpiándolas, cargándolas, descargándolas, haciendo asaltos imaginarios y jugando a la ruleta rusa con una reliquia muy especial para mí: un revolver Colt 1873 “Peacemaker”. Esta fue el arma homicida del primer caso que resolví. Un coleccionista de armas que mató a su mujer. Ese fue mi primer logro y me hizo conocido por la peculiaridad del caso; desde entonces me marcaron en el depto de policía pues a todos los detectives les encantan las armas raras.No depto….departamento. ¿Me hizo o me hice? Para mí revólver lleva acento. Estaría bueno revisar si para la Real Academia también o se acepta igual.Curiosamente me encontré con el revolver del primer caso en el almacén. El llamado Peacemaker o pacificador traducido al español hacía honor a su nombre, realmente me tranquilizaba “jugar” (a la ruleta rusa) con él. Sospechosamente en 2 años nunca logré que se diera ese tiro “pacificador”. Inclusive cuando cargaba 3 balas (tiene capacidad para 6). Pero un día simplemente desapareció. Al mes comenzaron los asesinatos con el Colt; pero yo no quise mencionarles nada a mis superiores de la desaparición. En demasiados líos me había metido y para colmo, capaz que me inculpaban. Pero lo más increíble ocurrió luego. El caso se había descontrolado, iban siete víctimas en tres meses. Rodó la cabeza de Martínez, un detective inepto y cocainómano por cierto que lo único que descubrió en ese tiempo es el tipo de arma. El Gobernador, estaba desesperado y quería hacer cualquier cosa para desviar la atención. Por ello, por mi tenacidad y porque se sabía que yo era un experto en el arma por mi primera experiencia, el Gobernador, encarecidamente pidió ponerme a cargo del caso. Y así llegó el día en que me citó a su despacho:Lee para corregir la redacción, repites la situación del Gobernador.–¡Detective Posse!, que gusto verlo –exclamó con la típica hipocresía política.–Buenos días gobernador. El gusto es mío por estar a su servicio directamente. –le repliqué con una hipocresía aún mayor, pues él me había intentado “convencer” durante el caso del senador.–Quiero aclarar algo antes de que comencemos. Todo el rollo ese del cogetravas de Hernán (el senador) nos puso mal a los dos.De corazón, te digo que lo siento mucho. Debí estar al lado tuyo con lo de Marabini (el CEO). Todavía recuerdo como te titulaba la prensa antes: “Detective Posse: El pacificador”. Después los mismos te hicieron mierda. Fue injusto che…–Todo bien… Eso ya no me importa. Lo que importa ahora es este nuevo caso. –respondí como un señor responsable y desinteresado.–Entonces, ¿sin rencores eh?–Seguro Gobernador. Pero…–Si, ya se, tenés varias condiciones. Hablemos del lío este primero y después me abro de piernas para vos si querés.Ambos nos “reímos”, ambos unos falsos.–Mirá, el boludo de Martínez es un inútil y nadie quiere ponerse al frente de este quilombo. Y se me ocurrió que este caso es perfecto para vos. Un tipo que le pone el pecho a la bala. Un tipo que no se le caga a nadie.–Un tipo que no tiene nada que perder. –retruqué.–¿Entendés como viene la mano? Vos me resolvés este caso y yo te doy condecoraciones hasta en el otro y te hago prócer nacional.–Usted sabe que a mi no me movilizan esas cosas.–Si ya sé. Lo jodido de vos es que pedís demasiado a cambio. Sos un adicto al deber y la justicia. Te timbiás todo para lograr.–Sabe lo que necesito.¿Timbeás?–Ok. Yo pongo le pongo el pecho al la bala. Inclusive con los del Grupo Argenta (el multimedios. Te doy para que armes el equipo con quien se te cante la pija, tenes todos los móviles y recursos que se te antojen; volvés a homicidios con todas las estrellas; te cuido de los de la federal; te hago mierda al comisario o intendente que se te cante… ¿Algo más? Ah, si me resolvés esto te hago jefe de homicidios y si necesitas un “incentivo”, vos ponés el precio. ¿Hecho?Repites al principio de la oración. Te falta un paréntesis para cerrar ‘multimedios’–Le tomo la palabra pero necesito que me garantice algo más.–Ya sé… pedís demasiado.Estaba todo listo. Me armé el equipo que siempre anhelé, hasta evitando que el Gobernador me meta en el grupo a ese agente soplón, sobrino de no se quién. Así junté es como todos los “giles” del departamento terminaron conmigo. Sólo necesitaban el incentivo de estar en “El caso”. Querían “esa anécdota”, solo para henchir el orgullo contándola infinitamente a los pendejos nuevos, a sus mujeres, a esa minita que le tienen ganas, etc. Solo querían el placer de que cuando diga alguien “que bárbaro el caso del vaquero ese”, ellos digan “sabés que yo estuve en el caso…”.No entiendo esto: Así junté es como todos los ‘giles’ del departamento terminaron conmigo.Cuando agarramos el caso me quería pegar un tiro. No se si por malaleche o por pelotudo, Martínez me había hecho mierda todas las muestras del caso. Pero “por suerte” esa misma semana tuvimos un cuerpo fresco. Ni bien supe me fui a los pedos con mi cumpa Esteban a la escena antes que nos caguen las pruebas.–La concha de la lora. Es el hijo de puta de Marabini– al decir eso casi me caigo de culo, al lado estaba el revolver y el amante de la mujer muerto.–Se te viene un quilombo para noventa. –me dijo Esteban, sin poder ocultar la emoción de estar en el caso de la década.La escena era evidente. Cuando Marabini salía del edificio del Grupo Argenta sus dos guardaespaldas fueron abatidos. Era indeterminada la distancia desde la que se habían hecho los tiros ya que el revolver no expulsa los casquillos. Luego se estimó que fue desde 20 o 30 metros. Dos tiros cada guardaespaldas. La velocidad y precisión de los disparos fue impresionante. En 4 segundos debió haber hecho los disparos. Después tomó un minuto o dos lo otro. Un tiro en cada pierna y en el brazo izquierdo. Después lo dio vuelta, le tiró un poquito de naftalina en la parte inferior de la espalda y se la prendió. Ardió lentamente. Junto a su mano un Peacemaker con todas las municiones disparadas y Torres (el amante de la mujer de Marabini) a unos metros yacía con un tiro en el estómago y dos en una pierna. ¿Qué mierda pasó? ¿Por qué Marabini con el brazo libre no se dio vuelta sofocó el fuego con el piso? Lo importante es el tema de los disparos. El revolver tiene la capacidad para 6 balas. Cuatro contra los guardias y tres contra Marabini y tres contra Torres; en total 10 tiros. Debió recargar o bien había otro revolver y/o tirador. Evidentemente Torres no pudo hacer tal hazaña solo. En especial los tiros contra los guardaespaldas y las pruebas lo certifican. Con otra arma le dispararon a los guardias y a una pierna de Marabini. ¿Será el llamado Cowboy? Torres parece que le disparó a Marabini los otros dos tiros y lo incendió. Le tiró el arma a Marabini y éste le disparó en el pecho, le erró otro y le dio dos veces más en el piso. Cuando se quiso dar vuelta para apagar el fuego ya no pudo hacerlo. Obviamente una venganza por el bebé que murió sofocado de calor.¿Este es el bebé al que haces referencia al principio? Está confuso. Creo que tienes que ser más preciso al comienzo.Inmediatamente puse a mis agentes a buscar en el mercado de coleccionistas de armas antiguas e Internet como venía la mano con el mercado de este revolver y quizás encontrar a este fanático. Nada, no hubo UN tipo que compró muchos revólveres. Ahí me avivé. No era UN tipo. Eran réplicas de asesinatos, memética. Entonces enfoqué la investigación en distintos asesinos para cada ocasión. Comparación de ADN, testigos y pruebas rápidamente llevaron a distintos responsables en cada uno de los asesinatos por distintos motivos. Generalmente gente cercana a las víctimas que habían cometido los crímenes por diversas razones, siempre premeditadamente.Algunas pesquisas e interrogatorios más y de repente tenemos a cinco responsables confesando cinco de los ocho asesinatos; en algunos casos sabíamos como habían adquirido los revólveres y en otros no. Solo faltaban el segundo y el tercer homicidio, y lo de Marabini. A todo esto la prensa enloquecía:La clave era encontrar un obsesivo del arma que muy probablemente sea responsable intelectual o físicamente de los demás asesinatos. En realidad la réplica de homicidios en su estado puro no tenía sentido.Se preguntarán de qué hablo. Las réplicas ocurren cuando alguien asesina de una manera peculiar, por ejemplo un francotirador, y la policía nunca logra identificar al responsable. Luego otras personas imitan el modus operandi esperando tener éxito como el original en evitar la captura. Pero en este caso, el original había sido atrapado. Era un pibe de 23 años, depresivo, que hurtó el Colt de su abuelo que era un loquito de las armas, y con el mismo asesinó a una ex novia. A los pocos días ocurrieron los dos asesinatos inconclusos. Momento… ya sé. Puede haber un ideólogo de todo esto, un Cowboy. Cuando el pendejo actuó quizás el Cowboy ejecutó a dos personas desviando la atención y culpa del caso del pendejo. Luego se le atribuyeron las causas al Cowboy y no se investigó en profundidad el caso del pibe, ya que evidentemente no tenía nada que ver con los otros dos homicidios. Todo esto sin que la policía note que el abuelo tenía el arma en cuestión. Luego ocurrieron las réplicas. El cel… justo ahora no:–Detective Posse –dijo Ana, la especialista en balística–, pasó de nuevo. Mataron al Senador Fernández. Esteban está allá.–Sabes algo más. –dije con la voz quebrada y a punto de vomitar de los nervios.Sería una pregunta, no?–Estaba en un telo con un trava. Le metieron el cañón de un Colt por el recto y dispararon.No escuché nada más. Me fui corriendo al baño a vomitar. La prensa, por más que presione el Gobernador, iba hacer la evidente relación.iba a hacerAl llegar la escena era prometedora. El revolver aún se encontraba incrustado. Teníamos huellas digitales pero obviamente no me hacía ninguna ilusión. El resultado: Armando García. Después de una semana supimos que era un travesti amigo del asesinado por el Senador.Los testigos habían dicho que era rubio con ojos celestes, algunos tatuajes, todo tuenado y medía al menos 1,80. Se notaba que era premium; justo el tipo que consumía el Senador. A las pocas horas lo encontraron en un micro a Córdoba aunque tenía cabello castaño oscuro y ojos marrones. Obviamente se había disfrazado para la ocasión. Cuando entré a la sala de interrogación se sobresaltó y me sonrió.¿tuneado?–Le agradezco mucho Detective Posse por lo que hizo por Juana. A pesar de su esfuerzo, tuve que tomar el asunto en mis manos para hacer justicia. Si quiere me adjudico los otros asesinatos para sacarlo del aprieto.¿Juana? ¿Quién es?–Entiendo. No estoy interesado en echarle los muertos a usted. Necesito al Cowboy. ¿Él la indujo a hacer esto?–No. Quise aprovechar todo este lío para matar a ese hijo de puta y zafar. Para serle sincera, pensé que la atención se iba a enfocar en usted. Muerto el CEO; matar al Senador iba a desviar la atención en usted, ¿entiende?–Es ingenioso lo que hizo. Aunque yo creo que este ardid es obra del Cowboy. Él la indujo.–¿Ardid? –Obviamente no conocía el término, pero antes de que pueda explicarle dijo– no no,… le puedo demostrar que yo compré el arma.–Eso será verdad, pero puede haberlo hecho por instrucción del Cowboy. Dígame la verdad y puedo hacerte zafar de esta. Bien muerto está ese conchudo, simplemente quiero al Cowboy. –elevé el tono y denoté mi desazón.–Mirá… fui yo la responsable. Lo cachondié al puto ese y cuando quiso que lo coja le metí el revolver por el orto y lo quemé –dijo elevando la voz–. No solo que sufrió como un cerdo, sino que en su cara había terror. Sabía que sus hijos y nietos y todos se iban a enterar lo putito que era. El quería aparentar que era activo, que era machito, golpeando a mis compañeras y amigas. Pero bien supo cuando le llegó la hora que TODOS se iban a enterar que le gustaba la pija; que, al igual que la mayoría, buscaba a las de mi tipo para evadir su homosexualidad.–Al final no era cogetravas, sino cometravas. –dije en vos baja sonriendo por la justicia que me empalagaba y porque recordaba que el Gobernador llamó al Senador “cogetrava”; como si hubiera alguna indulgencia o empatía por su rol activo.voz–Tal cual. –me dijo “Armanda”, como si parte de la justicia recaía en la “corrección” de la nomenclatura de la perversión del senador.–Te repito. No hace falta que caigas vos. Entregame al Cowboy y salís caminando de aquí.–Perdoname papi, –agarrándome la mano– no tiene nada que ver. No te quiero engañar y entorpecer tu laburo.De repente, entra apurado Esteban y se queda congelado al contemplar la escena. Tartamudeando me dice.–Esto se fue al carajo. Mataron a Gutiérrez (el comisario).–No te lo puedo creer. –dije fingiendo sorpresa, ya nada me podía sorprender, me curé de espanto–. ¿Cómo fue?, no me digás que con el revolver…Llegamos al penitenciario y el asunto estaba cocinado. Aparentemente el hermano del perejil que había matado al comisario estaba en otro pabellón. “Alguien” le había hecho llegar el fierro, el Peacemaker del primer caso.–¡Detective! Me alegro de verle. ¿Te acordás de mí no?–Si si… pero a mí no me alegra verle.–Entiendo jefe. Sé que esto le trae un lío bárbaro; pero al menos se hizo justicia, justicia de verdad. Me acuerdo como se las jugó por nuestra familia. Usted si que tiene pelotas.–Era mi trabajo, no me agradezca nada. En segundo lugar señor Jiménez, ya se había hecho justicia.–Que mierda… estaba en el pabellón de los ratis. Lo tenían todo mimado a ese puto; como a una especie de… de… mártir sabe. Y decime vaquero ahora, así me pusieron los muchachos. Y me gusta…–Aha… mirá. Sé que quedaste como un héroe entre tus cumplas. PERO… en poco tiempo los guardias se van a hacer una fiesta con vos. Si me ayudás te puedo trasladar sabés. Prácticamente estás muerto en vida.–Ufff…… no me agüe la fiesta don. Yo ahora soy pulenta acá. Nadie me va a joder sabe. Y si me traslada voy a tener que empezar de cero. Esto es lo más cerca que voy a estar de la gloria. Una laucha como yo no tiene futuro. Pero ahora todos me respetan y por primera vez soy feliz. No me quite eso. Y si me matan ya fue. Muero como valiente mi general –diciendo lo último se para, hace un saludo miliar y lo enfatiza como si fuera un prócer de la patria–. Después de muerto, aquí me van a prender velitas, voy a ser como el Gauchito Gil y no un gil más. Y si sobrevivo vuelvo a la calle con cancha, salgo por la TV contando mi hazaña y como era el Cowboy.Cuando me dice esto pierdo los estribos, no aguantaba más a esta laucha prepotente. Me paro y alzo a Rodríguez ahorcándolo:–¡Decime ya! ¿Quién te dio el fierro! ¿Quién carajo es! Decime todo o le digo al director de acá que te agarren y no te maten, sino que todos los día de tu ahora laaarga condena te visiten y te rebanen de poquito a poquito.Rodríguez se empieza a cagar de risa, era clara mi desesperación y sabía que yo no era capaz de cumplir mis amenazas. Lo suelto y me dice:–Cálmese un poco quiere. Yo lo respeto mucho a usted y le deseo lo mejor de corazón. Pero yo no soy botón. Hágame lo que quiera. Además él me dio un mensaje para usted. ¿Quiere que se lo diga o se va a seguir haciendo el pija conmigo?–Dale…–dije sin poder ocultar mi ansiedad.–El te admira. En serio. Dice que no te preocupes, que ya pronto se va a resolver todo. Vas a recibir lo que tanto querés…–Decime de una vez que te dijo. –Quiere que te confiese que yo maté a Prieto, el coleccionista que metiste en cana hace tiempo.–¿Qué? ¿Me estás jodiendo?–No no… le juro. El me prometió que si lo hacía me iba a ayudar a vengarme del comisario.–¡La puta madre que te parió! –me paré de nuevo con ánimos de matarlo.–¡Espere espere! No mate al mensajero. Tengo algo que le va a interesar mucho más. Quiere que se encuentren en el puerto, dice que ya sabés donde. Dijo también que no seas cartel, que no le avises a nadie, que si ve algún rati se borra. Que más,… Ah, dice que fueras armado con tu pistola, la… ¿cómo se llama?Lo trataba de usted y comienza a tutearlo.Es la Colt .45. Ojo que no es el revolver Peacemaker, sino mi pistola Colt 1910 semiautomática que siempre llevo encima. Esta arma también es célebre ya que fue la pistola reglamentaria del ejército estadounidense durante casi 50 años, siendo utilizada durante las dos guerras mundiales, la Guerra del Corea, la de Vietnam y la primera del Golfo. Es un arma magnífica, tiene capacidad para 7 balas más una en la recámara, una precisión excelente, un poder de parada impresionante y es extremadamente fiable. Mucho mejor que esas porquerías 9mm que se usan hoy en día. Asimismo la elección de una Colt no era casual, ese nombre significa mucho para mí por razones obvias. Ya estoy divagando de nuevo por las armas. Al otro día, antes del encuentro, me encontraba viendo la conferencia de prensa en vivo donde el Gobernador haría declaraciones sobre el caso. Obviamente decidí ni asomarme y ni me invitaron; un mal síntoma. Ahora se iba a ver si en verdad es hijo de puta ponía el pecho a la bala.–Gobernador, Gobernador,…–es señalada por el Gobernador– Buenas tardes Gobernador, Paula Casal de Argenta 24. ¿Nos puede explicar esta extraña relación entre los asesinatos y el detective Posse? y ¿por qué no se encuentra él en persona para echar luz en el asunto?–Mire… en primer lugar el labor del Detective fue brillante. Atrapó a la mayoría de los culpables en tiempo record. Lo que ocurre en este caso es MUY complejo. Los detalles de la mitad de los casos los conocen bien. Las interrogantes se abren en cuanto al segundo y tercer asesinato, el del Senador Fernández y el de Marabini. Aparentemente el primer caso, el del joven, causó que el asesino llamado el Cowboy ejecutara los dos episodios posteriores, o sea el segundo y el tercero. Al utilizar la misma arma que el primer homicidio desvió la atención de todos los casos a la figura de un asesino serial. Posteriormente, otros sujetos, quizás influenciados por el Cowboy, utilizaron esa “pantalla”, el uso del revolver Colt, para cubrir sus crímenes. Posteriormente, al asumir Posse como detective a cargo, por razones que desconocemos, el Cowboy cometió física o intelectualmente los asesinatos de los “enemigos” del Detective. Un dato que nos puede dar alguna relación con todo lo ocurrido es que en el primer caso que resolvió el detective Posse, el arma homicida fue un revolver Colt, el mismo utilizado en la prisión, sin embargo, el responsable de aquel hecho falleció en prisión hace un par de años en manos de otro recluso.la labor, récordLuego de decir esto, el Gobernador hizo una pequeña pausa para beber un poco de agua. En ese lapso, se veía a los corresponsales tomando nota apresuradamente; un silencio de iglesia reinaba en el salón donde se llevaba a cabo la conferencia.–Por ello, creemos firmemente que el ideólogo y desencadenante de esta serie de delitos es un psicópata fanatizado con el detective Posse. Posiblemente comenzó esta serie de homicidios para dar con él, ya que sabía que lo convocaríamos por ser un experto en el tipo de arma utilizada en estos lamentables hechos. Por todo esto y por razones de seguridad lamento comunicarles que se decidió relevar del cargo al detective Posse y ahora nos abocaremos a su protección y a la captura del criminal.Cuando terminó sus declaraciones, los periodistas clamaron por el Gobernador, siempre ojeando sus cuadernos de notas sin saber siquiera que iban a preguntar.Antes de que llegara mi custodia logré escabullirme y presentarme en el lugar pactado. Estaba fresco; corría un poco de viento y caía una fina llovizna. A los 15 minutos, mientras que me fumaba un pucho, apareció. Era un tipo efectivamente vestido como Cowboy, con dos Peacemaker en sus respectivas fundas, la puta madre que lo parió. Parece ser de unos treinta y pico, rapado, medio colorado, ojos azules y una cara de loco que da cagazo…–Buenas tardes detective Posse…–Qué tienen de buenas…–a lo cual sonrió.–No se caliente. Imagino que ya debe saber quien soy.–Hace rato me lo imaginé, el registro de visitas de la cárcel. No estabas en la lista de Jiménez, sino en la de tu viejo. Sos el hijo del coleccionista de armas, mi primer caso. Sé que años después de que tu viejo fue en cana te fuiste a Yankylandia, a Texas. Se ve que volviste y empezaste a joderme, querías llamarme la atención. Intenté ubicarte. No había siquiera registro de que entraste al país. Ahora veo que volviste y vivís en un conteiner; y además te trajiste los Peacemaker.–Me imagino que lo tiene todo resuelto ahora…–No. Me falta saber en qué asesinatos participaste directamente, en cuál intelectualmente y en cuál no. Pero eso no me interesa ahora. Sé lo que querés hacer y no voy a perder tiempo charlando o pidiéndote que te entregues.–Al fin usted va un paso adelante. –dicho esto el Cowboy pone su mano en uno de los revólveres–. Cuando suene la campana de la iglesia largamos, ¿quiere? Creo que faltan 2 minutos. Poné la mano sobre tu arma que falta poco.–Ok. Pero antes decime… ¿Lo hacés para vengar a tu viejo?–Claro que no. Cuando fue lo de mi viejo realmente nos conectamos ¿recuerda? Ambos salimos airosos de ese lío. Yo me encargué de esos abusivos hijos de puta y con la guita me pude ir a Texas y convertirme en un verdadero Cowboy. Él miraba todo el tiempo esas películas; inclusive cuando me hacían cosas…¡DING!Buen final. Resumiendo creo que el texto merece una buena leída para hacer correcciones ortográficas y gramaticales. Estaría bueno que al principio quedaran totalmente claros los detalles y los actores (todo esto hace que se dificulte la lectura).Otra cosa: usas mayúsculas en el medio de una frase para indicar un grito o gesto, lo cual tendrías que aclarar entre guiones y mantener la frase como corresponde.Me gustó la idea del policial y que el disparador sea realmente un personaje del lejano oeste.Por último te pido disculpas por mi devolución. Antes las hacía con comentarios insertados en el Word, pero la versión que estoy utilizando ahora no me lo permite.Lo otro es pedirte que no lo tomes a mal: mi pasión es la lectura…escribir cuando puedo. Todo va con la mejor onda y en pos de mejorar.Un placer leerte.Sil
9 years ago
estoy trabajando un texto, escribi algo anoche y casi nada hoy, pero en cuanto termine lo publico, estoy medio trabado en el medio, el final ya lo tengo cocinado, pero me falta armar la jugada y mandar el pase de gol (vieron argentina bolivia? igual…smile.
Me mata el tema, si fuera sobre las pampas y el gaucho sería sencillo, pero tengo que inmiscuirme allá por el lejano oeste norteamericano…
9 years ago
ger757
estoy trabajando un texto, escribi algo anoche y casi nada hoy, pero en cuanto termine lo publico, estoy medio trabado en el medio, el final ya lo tengo cocinado, pero me falta armar la jugada y mandar el pase de gol (vieron argentina bolivia? igual…smile.
Me mata el tema, si fuera sobre las pampas y el gaucho sería sencillo, pero tengo que inmiscuirme allá por el lejano oeste norteamericano…
Perdon chicos, fue mi idea. Prometo que para la próxima pongo en la consigna al gaucho!!!
9 years ago
Ladysugar
Zaratustra, un gusto conocerte. Espero leer algo tuyo, ya que la inspiración me ha abandonado por ahora.
Perdón, edito porque tengo en word tu texto. Lo he leído tres veces y quiero redondear algo útil para mi comentario.
Buen finde para todos.
El gusto es mío. Espero tu crítica.
Ladysugar
Hola Zaratustra:
Esta es mi devolución y te aclaro que lo hago con todo respeto desde mi lugar de lectora.
Prometo analizar todas tus indicaciones y hacer una versión 2.0 del texto cuando disponga de tiempo y concentración.Buen final. Resumiendo creo que el texto merece una buena leída para hacer correcciones ortográficas y gramaticales. Estaría bueno que al principio quedaran totalmente claros los detalles y los actores (todo esto hace que se dificulte la lectura).Otra cosa: usas mayúsculas en el medio de una frase para indicar un grito o gesto, lo cual tendrías que aclarar entre guiones y mantener la frase como corresponde.Me gustó la idea del policial y que el disparador sea realmente un personaje del lejano oeste.Por último te pido disculpas por mi devolución. Antes las hacía con comentarios insertados en el Word, pero la versión que estoy utilizando ahora no me lo permite.Lo otro es pedirte que no lo tomes a mal: mi pasión es la lectura…escribir cuando puedo. Todo va con la mejor onda y en pos de mejorar.Un placer leerte.Sil
No hay por que disculparte, me es de mucha utilidad estas devolución. Se agradece mucho y debo decir que lo que vi de la críticas es bastante acertado. Me es imposible tomármelo a mal, para eso estamos en el foro, además siempre te me dirigiste con respeto.
Gracias y saludos.
9 years ago
nesravazza
Gracias Ger. ¡Me alegra que te haya gustado!
Estimado Señor
Me gusto muchisimo el texto.
Saludes desde Cartagena Costa Rica Pura Vida !!!
9 years ago
zescnix
Estimado Señor
Me gusto muchisimo el texto.
Saludes desde Cartagena Costa Rica Pura Vida !!!
Bienvenido!!! Esperamos su texto también. ¡Vamos!
9 years ago
El indio domado El calor agobiante obliga a las personas, animales y hasta las moscas a buscar refugio en algún lugar un poco más fresco, ese sitio bajo la frondosidad de un árbol, aquella sombra bendita pero tacaña de la fachada de alguna pared, o mucho mejor si el refugio significa una siesta en la cama propia. El pueblo luce desolado cuando los rayos del sol golpean con tal tenacidad que asomar la nariz significa abrir una ventana al averno. La habitación a oscuras, sólo una tenue luz se cuela por las rendijas de la ventana. Tres camas dibujan una L en la pieza, los ronquidos y respiración profunda denotan el descanso generalizado, pero una mente inquieta por conocer el mundo se encuentra leyendo un libro a escondidas, sabiondo de que si lo pescan seguramente se ligará un reto por andar viendo cosas de grandes cuando él solo es un chiquito curioso y le faltan varios años más para esas cosas.El quijote loco con su escudero y la bella dulcinea son las letras que lo desvelan de la siesta, esa franja horaria en que el mundo parece detener su marcha. Lautaro fascinado disfruta de cada renglón, de cada página, de cada historia. Los minutos pasan lentamente y nadie parece atinar a levantarse, por lo que el jovencito observa la hora y cierra el libro guardándolo bajo la cama. Sin hacer mucho movimiento se levanta y coloca la almohada atravesada en el colchón y lo recubre con la sábana. Sin hacer ruido el joven se viste y busca en el cajón de su mesita de luz los ahorros ganados honradamente en changuitas, vueltos y regalos. En punta de pie cruza la habitación, luego el pasillo, busca la puerta de entrada y sale de la casa rogando que ni las ánimas lo hubiesen visto.El niño camina a prisas por el barrio hasta llegar a los ferrocarriles, allí con los desniveles y algunos matorrales les son de ayuda para evitar ser visto, sin embargo Lautaro constantemente se vuelve sobre sus pasos asegurándose de no caer en los ojos de algún vecino infiel del reposo que vayan acusar a sus padres esa actitud sospechosa. Finalmente llega a la plaza central del pueblo, se dirige al cine pero aún la adrenalina lo gobierna, sabe que falta un último escollo: la boletería.Lautaro es un niño de nueve años pero dada su altura parece un chico de doce años, mas depende del expendedor que se encuentre ese día si lo dejará pasar o no. Con miedo paga la función y se adentra en el recinto, accede a la sala y se acomoda en una butaca. La cinta que se presenta es un western en el que los duelos de cowboys demuestran el coraje y la valentía de los vaqueros. La clásica imagen de los pueblos de Arizona de principio de siglo en el que una cuadra larga ocupaba el poblado, en medio de la calle los vaqueros arrimándose desde ambas puntas, cara a cara con las manos cercanas a sus pistolas, en un momento se detienen, alguien da la orden y se baten a duelo, el que cae abatido pierde el desafío mientras su contrincante se gana el respeto de los lugareños.Mientras, en la casa del niño alguien pregunta por Lautaro, de que en su lugar está la almohada, <pero dejen tranquilo al niño que debe andar jugando afuera con los amiguitos> –indica el padre-. Un tiempo después el hombre se topa con un grupo de niños donde se distingue un mocoso jugando y disparando con sus manos como si fueran pistolas.A las pocas semanas Lautaro se hace la rata del colegio, con el mismo propósito de la siesta de días pasados, pero esta vez tiene la desgracia de toparse con una película de romanos, dada su edad no logra entender y no se va tan contento del cine.Feliciano, el jefe de la familia sigue observando a su muchacho que con el correr de los días sigue jugando con sus manos como pistolas, lo nota diferente, raro, exaltado. Un día cualquiera lo llama al jovencito:-Hey Lautaro, acompañame que tengo que ir a ver unos caballos aquí cerquita.-¿Caballos? Bueno pá.El padre y el hijo partieron hacia las cuadras donde se encontraban varios caballos de la gente del pueblo. Al joven le encantaban los equinos y siempre le comentaba al padre que deseaba ser grande para poder montarlos, el adulto cada vez que podía lo subía consigo y paseaban un momento por la zona para regocijo del muchacho.-Hijo, he visto que andas jugando a un nuevo juego…-¿Nuevo? No creo pá, vah, el Raulito vino los otros días con su hermano, traía una gomera y nos enseñó como las hace.-Ajá, mira vos, pero no es eso, te he visto jugar como si fueras pistolero.-Ah, era eso pá, si, soy un vaquero!!-¿Vaquero?-Si, un vaquero valiente, y si aparece un indio, pum pum-Pim, pum, mirá vos Lautaro, ¿y donde aprendiste eso?-En el cine, es fabuloso, los indios atacando por todos lados y un par de vaqueros corriéndolos a los tiros.-Y escuchame una cosa hijo ¿Desde cuando vas al cine?-Emmm… -el muchacho cabizbajo no se atreve a levantar la vista–Bueno, pero has ido por lo visto, y al parecer te ha gustado lo que viste-Si-Te has escapado para ir?El niño no contesta y su semblante denota tristeza, angustia, el padre se fía del estado de ánimo y continúa:-Esta bien, vamos hacer una cosa, de ahora en más vas a ir conmigo al cine, no más escapadas. ¿Si?-Si pá –mientras el joven se abalanzaba sobre el padre dándole un abrazo como agradecimiento-.-Mirá hijo, allá se ven las cuadras, hoy te prometo que vas aprender a cabalgar en un caballo y mañana vamos juntos al cine a ver esos vaqueros que tanto te desvelan.Al día siguiente, luego de una jornada anterior en la cual el niño aprendió a cabalgar, el padre fue a buscar a su hijo a la salida del colegio y se dirigieron al cine. Ese mismo día se estrenaba una nueva función de western, por lo que la concurrencia era importante y tuvieron que hacer cola para conseguir unos boletos. El joven permanecía inquieto, en variadas oportunidades se había salido de la fila para observar porqué no avanzaban. Durante la espera el padre le dio dinero al muchacho para que compre pururú y alguna bebida, pero al estar abarrotado el cinema Lautaro tuvo que conformarse con esperar su turno para obtener la preciada ración. Al cabo de un tiempo pudieron ingresar y accedieron a la sala en penumbras, con escasa luz, lograron ubicar las butacas y se dispusieron a sentarse. El jovencito impaciente no paraba de meterse tras de si bocanadas de pururú salado haciendo caso omiso a las recomendaciones del padre que le indicaba que se quedaría sin antes de que comience la película.De pronto la oscuridad fue total y se encendió la gran pantalla. Las publicidades hicieron su entrada, luego una pequeña colilla donde se presentaba con bombos la última producción de Hugo del Carril llamada “Las aguas bajan turbias”.La cinta comenzó a rodar y lo primero que se apreció fue ese terreno árido salpicado de arbustos espinosos como el cactus, algunas montañas de formas irregulares donde la roca adquiría un tinte un tanto rojizo y el cielo en su esplendor que jugaba al contraste con el vasto territorio desértico.La historia comenzó con un contingente militar que trasladaba municiones, alimentos y algunos animales cuando fue emboscado por un grupo importante de indios que se abalanzaron sobre los militares. La lucha fue encarnizada pero duró pocos segundos, de nada sirvieron las armas de fuego contra la diferencia numérica.Enseguida los indios se dirigieron hacia un fuerte que denotaba cierto abandono. Allí acamparon rodeando al recinto, mientras los escasos militares que yacían dentro se mofaban de que pronto llegarían refuerzos y harían papilla a los indígenas. Pero nada de eso sucedió. Con el correr de los días y a medida que los alimentos comenzaban a escasear, el humor inicial sobrevino en nervios. El hambre palideció en los uniformados que decidieron una escapada como última vía. Fue una fallida noche que intentaron cruzar las líneas enemigas pero los rivales los cazaron asestándole la muerte con sus flechas. Sólo uno pudo escapar con vida, fue aquel militar que se escondió en el fuerte y no huyó, sobrevivió al incendio posterior que los indios provocaron en aquel lugar y cuando observó que los enemigos festejaban con el alcohol como botín, escapó indiscretamente bajo la luz de las llamas primero, y de la luna luego.La siguiente escena se daba en un campo fértil, plagado de reses sueltas por doquier y a un minúsculo grupo de vaqueros a caballo. Los cowboys estaban capturando mavericks para luego ser llevadas al pueblo. Mientras se desarrollaba el trabajo vieron aparecer a un hombre caminando a duras penas. Inmediatamente fue auxiliado, le dieron agua de beber y dejaron la faena para llevarlo de urgencias con el médico.Una vez llegado el herido al poblado, el rumor de que los indios habían cruzado la frontera y que arrasaban con todo lo que se les cruzaba por el camino generó un gran revuelo. El miedo se apoderó del pueblo e incluso algunas familias decidieron abandonar sus ranchos y dirigirse a otros condados. El sheriff intentó sofocar los ánimos y envió algunos vigilantes hacia la zona violada al mismo tiempo que mandaba un agente en busca de refuerzos.Los lugareños pasaron los días fortificando al pueblo, guardando provisiones y pasando varias horas sin dormir por los nervios y el insomnio, pero luego de que llegó el tren con las tropas y artillería el suspiro de alivio invadió los corazones de las personas. Con el tren llegaron dos regimientos armados hasta los dientes, incluido cinco escuadrones de cañones.A los pocos días regresaron los vigilantes y comentaron que se aproximaba una caravana de varios caballos con indios coronados de plumas. Se dispuso un operativo de emboscada tras una colina en la que esperaban armados, con fusiles winchester, unos setecientos soldados, mas los cinco escuadrones de cañones. Cuatro vaqueros fueron seleccionados como señuelos para ir a provocar y encausar el torrente indio tras la colina.Los vaqueros salieron cabalgando a más no poder. A unos pocos kilómetros se toparon con los indios, los provocaron disparando hacia la caravana y al asegurarse de que los salvajes salieran tras ellos para darles caza, emprendieron la huída hacia la colina. Veloces los vaqueros se inmiscuyeron entre las tropas y cuando avanzaron los indios desaforados comenzó la balacera. Tremenda la carnicería. Primero fueron los cañones que bajaban indios y caballos a mansalva y los que pudieron sortear la línea de estruendo recibieron los balazos de las escopetas. La victoria fue total, ningún indio sobrevivió.El pueblo festejó por varios días. En los bailes se mezclaban militares, vaqueros, mujeres, niños, perros, todo era una gran algarabía, pues sus viviendas ya no correrían peligro de los salvajes indios.Luego el regimiento emprendió el viaje hacia el fortín atacado con anterioridad. En el camino hubo escaramuzas con grupos indígenas pero el gran valor y coraje de los militares truncó los intentos enemigos. Finalmente pudieron restaurar la fortaleza y el pueblo volvió a sus actividades diarias.El “The End” marcó el final de la cinta y luego le presidieron los créditos de las personas participantes del filme. Los presentes hicieron descender un caluroso aplauso gesto de conformidad por lo que acababan de observar. Feliciano miraba a Lautaro con el semblante de fascinado.A la salida del cine el padre le preguntó que le había parecido la película a lo que el jovencito demostró su excitación con palabras. El joven también le consultó a su progenitor por lo mismo, pero el hombre sólo atinó a decirle que mañana hablarían sobre lo visto. Lautaro percibió un cariz un poco de congoja en su mayor, por lo que bajó un poco los decibeles y no realizó comentario alguno en el trayecto a casa, aunque seguía contemplando en su cabeza a los valientes vaqueros.Al día siguiente el jovencito asistió al colegio como todos los días y al regresar se topó con su padre que lo esperaba dentro de la casa. Feliciano se levantó de la silla, saludó al muchacho, abrió la heladera y sirvió un baso de leche fría y colocándolo sobre la mesa. A continuación invitó a su hijo a tomar asiento mientras el adulto se sirvió un baso de vino tinto y acomodándose cerca de Lautaro.-Te voy a contar Lautaro, mi apreciación sobre la película que pudimos ver ayer –el joven asentía con la cabeza a la vez que bebía un trago de leche-. Resulta que el indio vivía desde hace miles de años en un territorio. Ellos convivían con la naturaleza, la adoraban como a un dios. De ella se proveían de alimentos, les daba resguardo, los vestía, aseaba, era todo su mundo. Sus abuelos habían vivido allí, los padres de sus abuelos y los tátara abuelos de éstos también. Un día llegó la civilización y con ellos el fin de la felicidad. Fueron despojados de sus territorios, echados de sus casas, perseguidos con saña. Imaginate que vengan a tu casa Lautaro y te echen a la fuerza, ¿qué harías, acaso no te defenderías?-Si papi, pelearía por lo mío-Bueno hijo, justamente eso intentaron hacer los indios. ¿Pero qué podían hacer con flechas? Si los otros venían armados con escopetas, sables, cañones. Imaginate que en el ejército lo principal que prevalece en el combate es el orden, la organización, están entrenados para matar, y encima les pagan. Los indios lo que menos tenían era orden, luchaban al voleo, sin una estrategia de combate, ¿qué podían hacer si eran pacíficos? Por cada blanquito muerto eran asesinados miles de indios. Eran como niños, no conocían la violencia, no conocían lo que era el odio, la venganza, la codicia. El blanco sí.-Pa, ¿y porqué en la película el indio es el malo?-Por que la historia lo rotuló como el malo. Tan malo que fue corrido a los balazos de todos lados. Tuvieron que vivir en los lugares más inhóspitos, terrenos donde ni los animales se animaban a vivir, ellos se conformaban, se las rebuscaban como podían. Allá en el norte les quitaron las tierras, les mataron los búfalos con los cuales se vestían, le mataron los hijos y les violaron las mujeres, en definitiva los despojaron hasta del alma. Ojo, acá hicieron lo mismo. En la campaña del desierto mataron a todos los indios que seles cruzaron, con el fin de extender el territorio argentino hacia el sur. En toda América los indios sufrieron el poder de los blancos, fueron tratados como los esclavos sobre los esclavos. Un animal valía más que varios indios-¿Papi vos no me contaste una vez que habías conocido a unos indios?-Asi es Lautaro, yo los conocí. Ellos trabajaban de sol a sol, con pico y palas construyendo caminos, para llevar a la noche un pedazo de pan, a veces ni siquiera les alcanzaba para eso. Las tierras fértiles se las habían ocupado los grandes terratenientes, ellos se tuvieron que conformar con huir hacia el monte. Allá en el norte, los indios tuvieron que convivir con el desierto. Imaginate que no tenían que comer, no les quedaba otra que acercarse a las poblaciones y robar algún animal, alguna fruta, una verdura, si no tenían nada. Era eso o una muerte segura en el desierto. Pero por robar una fruta también los mataban, y encima después iban en busca de más indios que anduvieran cerca y quedaban tendidos en el suelo seco, caliente, llenos de agujeros por las balas, y pasaban a ser la comida predilecta de las aves de rapiña. Pero si no comías también te transformabas en un banquete de las águilas. Así que a lo largo de la historia hubo muchas revueltas de indios desesperados que atacaron pueblos, se rebelaron, buscaron apropiarse de lo que en antaño había sido suyo, se sublevaron por el alimento, por la tierra, por el búfalo, por la libertad. Tenemos ejemplos a lo largo y ancho de todo el continente. Túpac Amaru en los Incas contra los españoles; el caudillo mapuche Lautaro (quién me inspiró tu nombre) también contra las tropas de la madre patria; los palmares en Brasil, que fue un grupo de esclavos que se sublevaron contra los portugueses; lo mismo los esclavos de Haití expulsando a los franceces, que se convirtió en el primer país en declarar la independencia, y hoy es de los más pobres. Aquí cerquita los comechingones libraron una gran batalla, le asestaron varios golpes duros a las milicias, luego se escondieron en lo alto de una sierra pensando que nunca los encontrarían, pero cuando las tropas españolas consiguieron encontrar un camino los indios prefirieron matarse en masa que perder la libertad, y desde lo alto de un precipicio se arrojaron al vacío. Hoy ese valle se lo conoce como el valle de las ánimas, dicen los lugareños que por las noches puede escucharse voces de las ánimas. Pero ya me estoy yendo por las ramas… ¿Qué es lo que te gusta del vaquero? ¿Su coraje?-Si papi, y como manejan las pistolas-Aquí no hubo vaqueros, lo que hubo y aún hay son gauchos-Ahh, si, los que montan a caballo-Claro, pero tiene un origen muy especial. Los primeros gauchos fueron hijos bastardos; que quiero decir con esto, eran hijos de españoles pero habían violado a indias, entonces ese hijo bastardo que nacía era dejado de lado por las tribus por no pertenecer al grupo étnico, ni pertenecía a la civilización por ser hijo de los salvajes, entonces no le quedaba otra que ser un desamparado. Se valieron de ambas culturas, la nativa y la europea para sobrevivir. La manera de vestirse tenía más de civilizado que los indios, un estilo un tanto campesino. No conocía de fronteras ni de autoridades, era libre en toda la extensión territorial, lo que trajo enormes problemas. Su arma no eran las pistolas, sino que en su lugar utilizaba las boleadoras y el facón, por lo general para trabajar con los animales y cuerearlos, en el peor de los casos para defenderse. El poncho a la vez servía para protegerse del frío y en las disputas gauchescas se lo envolvía en el brazo más inútil y lo utilizaba como escudo. Fueron muy famosos en la doma del caballo, como excelentes jinetes y en la época de las guerras civiles argentinas fueron muy utilizados, en especial en aquellos ejércitos de caudillos federales. No conocían lo que era el miedo y tenían mucho coraje, eran muy valerosos. Antes que las guerras civiles tomaron notoriedad en el ejército del norte, comandado por el caudillo Güemes, en lo que es Salta, que pasaron a la historia como los infernales debido al infierno que desataron sobre las tropas realistas. También en las pampas conocieron a sus mujeres, de sus mismos orígenes, a quienes las llamaban “chinas”. Ellos adoptaron el mate como su bebida tradicional, que además era usada para socializar. Siempre que había una reunión no podía faltar el mate y la guitarra. Luego de las guerras civiles el gaucho se ganó un importante respeto, pero en las zonas rurales, no en las ciudades, por lo que fue un gran partícipe, junto con los inmigrantes europeos, del crecimiento agrícola-ganadero del país.-Y nosotros somos gauchos papi?-Nosotros tenemos sangre de gaucho y de europeo. Fijate que vivimos en un pueblo alejado a cientos de kilómetros de la ciudad, y el caballo constituye un amigo inseparable, vivimos tomando mate, siempre anda alguna guitarra, cantamos coplas, la doma es uno de nuestros deportes predilectos, al igual que la pelota, somos bastante supersticiosos, identificamos algunas señales de la naturaleza. En definitiva tenemos muchas costumbres gauchescas.-Entonces papi también tenemos algo de indio-También si se quiere. Fijate que somos cabecitas negras. Somos el interior del interior. Algunas personas que no conocen vienen de la gran ciudad y piensan que nosotros andamos en sulqui , que los autos no pueden andar por los caminos de la zona, que la luz eléctrica no llega aquí, y están tan equivocados que se pegan flor de sorpresa al pasearse. No somos analfabetos ni indios, vamos a la escuela igual que ellos, ambos sabemos leer. Quizás nosotros palidecemos demasiadas cosas que en la ciudad sería imposible que ocurrieran, pero estamos acostumbrados a esta vida, aquí nos sentimos tranquilos, no tenemos problemas de inseguridad, no nos morimos de stress y somos muy felices en el estilo de vida. Pero volviendo a la película, ¿si me gustó?. No, no me gustó, es más, me causó angustia, por todo lo que te he contado en la tarde de hoy, es una película que muestra al oprimido como el malo de la historia, y eso me llena de tristeza.Feliciano se bebió el último trago de vino que le quedaba en el baso, Lautaro hizo lo propio con el de leche, y mientras el adulto se levantaba para regresar a sus quehaceres diarios el muchacho se quedó meditando en la silla, conocía un punto de vista nuevo sobre las cosas, y sentía la misma sensación que le producía leer un libro. Afuera el calor continuaba agobiante, unas grotescas nubes se venían formando por el sur, en pocas horas el torrencial de agua aplacaría las altas temperaturas de los últimos días.
9 years ago
¡Ger! allá voy sobre tu textoGer, estas cosas me hicieron ruido: Sin hacer mucho movimiento se levanta y coloca la almohada atravesada en el colchón y lo recubre con la sábana. Sin hacer ruido . La repetición de “sin hacer” suena fea.allí con los desniveles y algunos matorrales les son de ayuda para evitar ser visto (agregaria un que les son de ayuda)de no caer en los ojos de algún vecino infiel del reposo que vayan acusar a sus padres esa actitud sospechosa. (algo está mal porque no le encuentro sentido a la oración).Baso — VasoGer, buena historia porque encontraste la manera de hacerlo extensivo. Marcaste bien todo lo que pasó a nivel mundo tal como en la película. Aportaste muchos datos realmente ciertos e interesantes y eso nutre tu historia. Fijate de revisar los tiempos verbales en la parte que va al cine Lautaro y el papà. Y un poquito antes porque creo que cuando lo leí noté un cierto desnivel entre los tiempos.
9 years ago
Peacemaker (Obra de Zaratustra)
Me gustó la historia, lo único que hubiese inquirido en agregarle más misterio, porque si bien es un policial una parte importante pasa por la cabeza del detective Posse. Si para hacer una crítica constructiva, es el tema del léxico; estuvo bien el lenguaje utilizado, pero salvo una parte del presidiario que mata al comisario, la mayoría habla de la misma manera, con la misma forma de putear.
9 years ago
Craiggg!!! qué bueno verte por acá. Luego te leo.
Chicos, ¿quierén un nuevo disparador?Historia que en algún momento se de bajo la lluvia….
9 years ago
Anittaa
Craiggg!!! qué bueno verte por acá. Luego te leo.
Chicos, ¿quierén un nuevo disparador?Historia que en algún momento se de bajo la lluvia….
hola anitaa ¿cuando empieza? saludos Vigía.
9 years ago
betty49
Anittaa: ¿y si usamos la misma consigna para las historias cortas???? digo. Me gustaría.
besitos!!!
Creo que el espíritu del thread es claro…
Hay otros juegos para historias cortas….
9 years ago
betty49
Anittaa: ¿y si usamos la misma consigna para las historias cortas???? digo. Me gustaría.
besitos!!!
El tema que es que en el juego de textos cortos, los disparadores son tres palabras. Igual, estoy por lanzar las próximas tres palabras y aunque lluvia estuvo incluída en esta ronda que pasó, la puedo volver a incluir, agregándole truenos y rayos, y te queda la escena bajo la lluvía. Lo podemos ver, compañera (Y)
9 years ago
Fernanda.
Nos conocimos una tarde en la estación de trenes, bajó de un coche parte de una formación procedente del interior, a duras penas arrastraba una valija. Yo era un pasajero de otro tren que había llegado en las vías paralelas del mismo andén, me dio pena ver el esfuerzo que hacía, me acerqué a ella y le ofrecí ayudarla, me miró con cierta desconfianza, fue la primera vez que leí lo que decían sus ojos.
—No te asustes, solo quiero ayudarte.
—Gracias, es muy pesada esta valija.
El largo andén se llenó con la gente que bajaba de ambos trenes así que caminábamos con lentitud.
—De donde vienes le pregunté.
—Vengo de Toay, provincia de La Pampa.
— ¿No te espera nadie?
—No, vengo de sorpresa.
—Perdoname que me meta donde no me importa, pero ¿a donde tienes que ir? con semejante valija no te va a ser fácil moverte en este barullo que es la ciudad.
—Si ya veo, tengo que ir hasta el barrio de Flores, y me mostró un papel donde estaba escrita una dirección, aquí vive una prima que me va a alojar en su casa.
En el papel decía. Alcira Mendoza Pedernera 426 Flores, Capital Federal.
— ¿No tenes teléfono para avisarle?
—No, no tengo nada.
Habíamos llegado a la cabecera de la estación Once. No podía dejar a esta pobre chica librada a su suerte y menos en una estación terminal con la cantidad de oportunistas que andan a la pesca de incautos. Pensé en ofrecerle por lo menos acompañarla a esa dirección y dejarla en lugar seguro. Me daba lástima verla tan sola sin saber como manejarse en la confusa Buenos Aires.
—Escuchame para llegar hasta esa dirección donde vive tu prima, la única forma es ir en un taxi, con semejante valija, en un ómnibus no te dejaran subir. Aunque te parezca mentira tengo temor de dejarte sola y que te suceda algo malo. Dejame que te acompañe hasta esa dirección y entonces me quedaré tranquilo.
—Bueno si es tan amable, en el lugar de donde vengo las cosas son muy distintas.
Fuimos hasta la parada de taxis, salimos por la puerta que da a la calle Bartolomé Mitre e hicimos la cola para taxis.
— ¿Como es tu nombre?
—Me llamo Fernanda ¿y usted?
—Yo me llamo Claudio.
—Eres muy joven Fernanda ¿Qué edad tienes?
—No tan joven, tengo 28 años.
Llegó nuestro turno, el taxista bajó para abrir el baúl del coche y cargar la valija luego subimos y le digo la dirección de destino.
—Mira Fernanda te voy a dar mi teléfono, te pido por favor que me llames y me cuentes como te ha ido, yo vivo en el barrio de Núñez, me gustaría seguir conversando contigo y si puedo ayudarte en algo me lo dices, tengo la impresión que vas a necesitar alguien que te de una mano.
—Seguro que lo llamaré, ha sido muy bueno conmigo y sin conocerme, de alguna manera tendré que agradecerle.
—No tenés nada que agradecer esto lo hago porque así se debe proceder.
—Estábamos llegando, el taxi tomó por Tandil y dobló por Pedernera hasta el 426, le pedí al chofer que abriese el baúl y le avisé que yo seguía en el coche.
Mientras bajaba la valija Fernanda tocó el timbre.
Se abre la puerta y aparece una mujer de unos 40 años que al verla, abre grande los ojos por la sorpresa, se aprieta con ella en un abrazo, la besa y le dice ¿Por qué no me avisaste que venías? ¿Cómo te atreviste sola Fernanda?
—Tuve suerte Alcira, el señor me acompañó y me trajo hasta aquí.
Alcira me saluda y me agradece, Yo le digo:
—No podía dejarla sola, me daba pena. Ahora me voy. Fernanda no te olvides, llamame.
Pasaron varios días, no me había llamado quizá ya se olvidó pensé, o tal vez no le interesa hacerlo. Lástima me hubiese gustado saber de ella.
Tuve necesidad de viajar al interior por razones de trabajo, estuve ausente durante un mes, una empresa dedicada a la fabricación de cerámica artesanal en la provincia de Mendoza, requirió de mis servicios, soy técnico en la materia. Fernanda pasó a ser solo un recuerdo grato archivado en mi memoria.
Una noche, mientras cenaba en mi casa, en la mesa solitaria de soltero empedernido, suena el teléfono, lo atiendo y una voz que no había olvidado me dice:
—Soy Fernanda ¿Se acuerda de mi?
—Fernanda, ¡Que grata sorpresa! Por supuesto que me acuerdo, me alegro de oír tu voz. ¿Cómo estas?
—Bien, estoy en casa de Alcira todavía, ella está trabajando es enfermera en el hospital Piñero, tiene el turno de 14 a 22, ya está por salir.
—Y vos Fernanda, ¿Te vas a quedar en Buenos Aires o volves a Toay?
—Mi intención es quedarme, pero tengo que conseguir trabajo y eso no es tan fácil.
—Me gustaría verte Fernanda y conversar un poco, ¿Puede ser?
—A mi también me gustaría, ¿Cómo hacemos?
—Mañana es sábado, si es de tu agrado te voy a buscar, te invito a cenar y charlamos un rato ¿Te parece bien?
—Si, de acuerdo.
—A las 20 horas estoy en la puerta de tu casa, ¿Si?
—Si, hasta mañana.
Debo reconocer que me alegré de que me hubiese llamado, aquel encuentro casual vino a mi memoria, recordé la preocupación que había en su rostro cuando arrastraba la valija, sus grandes ojos negros de mirada desconfiada que después se tornó mansa cuando supo que estaba protegida.
Al día siguiente, sábado me levanté temprano con intenciones de continuar con el modelado de unas cabezas de rasgos similares que podíamos decir gemelas, tarea compleja pero posible, el modelado en arcilla es apasionante, la creación no tiene límites, la forma el color y el fuego que la inmortaliza. También la incertidumbre que significa no saber de la obra hasta que se abre la puerta del horno y aparece la verdad. La arcilla estaba demasiado húmeda para trabajarla, entonces la dejé tapada para que llegara a su punto justo de trabajo.
Encendí la computadora para ver si tenía algún mensaje de correo, nada interesante. Abrí el Word para tratar de continuar un relato que estoy construyendo, pero no estaba en vena, apagué la máquina y me fui a “tirar” un rato. Me quedé dormido, desperté a las cinco y media de la tarde, me asusté, no pensaba dormir tanto. Me afeité, me di un buen baño y me fui vistiendo muy despacio. En mi mente aparece Fernanda, me pregunté como estaría vestida, la recuerdo cuando la conocí, con unos pantalones vaqueros, zapatillas y una blusa de mangas largas bastante floja, alta estimo unos diez centímetros menos que yo, delgada, linda estampa, el cabello oscuro y los tremendos ojos negros.
Me vestí de sport digamos elegante, sin la formalidad del traje, no tenía idea de cómo estaría ella. Eran ya las diecinueve, cerré las puertas y fui a la cochera, saque el auto y cerré con llave el portón levadizo. Partí hacia el encuentro de esa criatura pampeana.
Conducía lentamente, los sábados de tarde el transito de vehículos es bastante reducido comparado con los días laborales, tenía tiempo suficiente calculaba llegar sobre la hora. Así fue estacioné frente a la casa, a las ocho en punto toqué el timbre.
Se abrió la puerta era Alcira muy sonriente — ¿Cómo le va señor? Hágame el favor pase que Fernanda está terminando de arreglarse.
— Gracias, Alcira, mi nombre es Claudio, no me diga señor que es muy ceremonioso. ¿Cómo está usted? se la ve muy buena moza.
—Muchas gracias es muy amable, yo le decía a Fernanda que hacía mal en no llamarlo, con todo lo que usted hizo por ella, sin conocerla, pero sabe que pasa es un poco tímida. Pero bueno la cosa es que ya lo llamó y ahora ustedes sabrán lo que hacen, Ja Ja.
—Tiene buen humor, la felicito, me comentó Fernanda que usted es enfermera, dura profesión la suya, yo no serviría para eso.
—Es cierto pero es mi vocación es lo que siento, hace más de veinte años que lo soy y no me arrepiento.
En ese momento aparece Fernanda, estaba desconocida, nada que ver con la chica que yo había ayudado, parecía una modelo.
Se da cuenta de mi sorpresa, se acerca a mi y me da un beso en la mejilla ¿Cómo le va Claudio? tanto tiempo.
—Perdón ¿vos sos Fernanda la misma de la valija? No lo creo.
— ¿Por qué, la otra era distinta?
—Claro, si tengo que elegir me quedo con esta. Yo pensaba ver la muchachita con cara de asustada. Y me encuentro con una belleza.
—Le agradezco el cumplido pero no es para tanto
—Bueno, sorpresas nos da la vida. Señora Alcira le agradezco su hospitalidad, me llevo esta flor, prometo traérsela de vuelta intacta si tocarle un solo pétalo.
—Vayan con Dios, chicos. Dice Alcira con una sonrisa.
—Vine con mi auto Fernanda, ¿Te molesta?
—No al contrario no pensé que tenía automóvil.
Le abro la puerta y sube, doy la vuelta, subo doy arranque y salimos.
—Me encanta que tenga auto, me gusta pasear y conocer.
—Te pido un favor Fernanda no me trates de usted, tuteame, no soy un viejo tengo treinta y cinco.
—Bueno, donde me vas a llevar.
—A donde vos quieras.
—Quiero conocer el centro de Buenos Aires y Puerto Madero y tantas cosas que siempre quise y no pude, Estuve aquí hace unos años con Alcira pero no salíamos del barrio, hasta que volví a Toay, pero después…. Mejor no recordar ¡es todo tan triste!
—No, no quiero que recuerdes nada que te ponga triste, hace de cuenta que empiezas una vida nueva, que comenzó cuando decidiste venir a Buenos Aires solo con la dirección de tu prima. Es el destino Fernanda, veníamos en trenes diferentes algo debía suceder para que de alguna forma nos encontráramos y fue la bendita valija, sin la cual no te habría visto. Todo lo demás ya lo sabemos, hasta ahora a partir de aquí Dios dirá.
—Es cierto tienes razón vivamos el presente.
—Buenos Aires es enorme Fernanda, lo conozco desde sus entrañas, podría mostrártelo todo pero para eso hace falta mucho tiempo, no es cuestión de pasar por las calles y mirar algunas cosas, para conocerlas bien hay que hacerlo desde dentro de las mismas y con alguien que te explique porque son como son, así se aprende a valorarlas y quererlas de verdad. Yo no soy nacido en Buenos Aires lo mismo que vos soy de la provincia, vine de muy chico a la gran ciudad y me quedé a vivir en ella. Aquí aprendí todo lo que sé y fui forjando mi futuro, en eso estoy todavía, mientras tenga salud y fuerzas lo seguiré haciendo eso nunca se termina. El día de mañana no se si estaremos juntos, o por lo menos cercanos, mientras tanto cuenta conmigo. Si me preguntas si me agrada estar haciendo de guía tuyo o si quieres de maestro, te digo que sí, que me encanta estar vos, hasta me atrevería a decirte que un poco ya te quiero. No lo tomes a mal ni pienses que hay una intención que te llegue a molestar, solamente es lo que siento y por lo tanto te lo digo.
Habíamos parado en un semáforo, Fernanda me aprieta el brazo con su mano y oigo que me dice con voz sentida,
—Nunca me hablaron de esa manera, estoy emocionada y creo que yo también te quiero.
Habíamos llegado a la avenida Entre Ríos doble hacia el centro, Ahora verás el edificio del Congreso Nacional, me tiré hacia la derecha para circular más lento así ella podía verlo.
Seguí por Callao hasta Corrientes y doble a la derecha, puse las balizas y me detuve en un costado.
—Esta es la avenida Corrientes, en un tiempo fue angosta, yo así no la conocí, luego la ensancharon y es la que estas viendo. Un poeta y soñador que se llamó Roberto Gil la bautizó llamándola “la calle que nunca duerme” Desde esta esquina de Corrientes y Callao hasta el bajo donde comienza, vivía la noche de Buenos Aires, cines, teatros, cabarés, bailables, artistas y poetas, el tango y sus cultores todos pasaron por aquí. Eso fue hace mucho tiempo la gran mayoría de esas figuras ya no están, pertenecen a otro mundo solo deambulan sus fantasmas.
Seguimos por Corrientes hasta llegar al obelisco, Fernanda me dice
—Lo he visto muchas veces en imágenes, ¡Qué grande que es! uno con las fotografías se confunde. Esta es la Plaza de la República ¿Es así? ¿Y esta calle tan ancha la Avenida 9 de julio?
— ¡Si! perfecto, te has ganado un diez.
Sigo por Corrientes hasta Moreau de Justo, tomo por esta a la derecha y sigo, a nuestra izquierda comienzan a aparecer las construcciones gigantescas. El puente de la Mujer muy iluminado la sorprende, en la rotonda de Azucena Villaflor, voy hasta la playa del restaurante Puerto Cristal, entro y estaciono. Me mira, sus ojos hablan se que quiere que la bese, me acerco y abre sus labios, apoyo en ellos los míos y siento la punta de su lengua que busca la mía, me abraza y la abrazo, no se por cuanto tiempo. Aflojo la presión me separo de su boca, abre los ojos y me dice que me ama. Nos amamos le respondo.
Tratamos de recomponernos estamos en silencio tomados de la mano.
—Bajemos, vamos a comer, este lugar es de primera seguro te gustará, me luciré yendo contigo.
Se ríe y me aprieta el brazo.
Entramos dos señoritas se acercan con sendas copas de champán, las aceptamos y brindamos por nosotros se acerca un mozo y nos guía hacia el interior del local veo que hay espacio en las ventanas que dan al canal y le indico el lugar, nos sentamos dejo que Fernanda se siente con vista al Puente de la Mujer. Está encantada del lugar, el paisaje la subyuga, le recuerdo que aun tiene el champán y volvemos a brindar.
—Tengo miedo de marearme.
—No creo es muy poquito lo que tomas. ¿Te gusta estar aquí?
—Es una belleza, estoy muy feliz te agradezco que me hayas traído, nunca estuve en un lugar así.
— ¿Qué te gustaría comer?
—No se elegí vos que conoces el lugar.
¿Te gustan las rabas?
—Nunca las he comido ¿Cómo son?
—Son calamares fritos, son riquísimas, vamos a pedir una porción para compartir.
Le hago el pedido al mozo junto con una botella de Sauvignon Blanc.
— En tu pueblo ¿tenías trabajo?
—Trabajé un tiempo como empleada en una tienda, pero ganaba una miseria en Toay no hay trabajo es una sociedad muy chica que no crece. Después mejor no recordar.
—Esta bien, respetemos nuestro pacto de silencio sobre cosas del pasado a veces me olvido. Perdoname. Tal vez te pueda ayudar, decime que sabes hacer, ¿Sabes computación?
—Algo, manejo el Word y el Excel y soy bachiller. tengo los certificados.
—Decime, donde estás ahora con Alcira, ¿hay teléfono?
—Si, te tengo que darte el número.
Llegaron las rabas con el vino. El mozo sirvió mi copa para que lo apruebe y hecho esto sirvió el resto, Las rabas las colocó en el centro de la mesa, al lado de cada uno dejó un platillo con rodajas de limón y se marchó. Le sirvo algunas rabas a Fernanda le digo que las rocíe con limón y que las pruebe, hago lo mismo para mí, La veo que prueba una y me doy cuenta que le gustan se le nota en la expresión,
— ¡Son riquísimas! me dice. ¡Cuantas cosas me has enseñado hoy, te amo!
Poco duraron las rabas, en realidad una porción a compartir es como una entrada, es necesario otro plato. — ¿Quieres seguir con los productos del mar, o prefieres otra cosa?
—Sabes me gustaría una paella para compartir ¿Te gusta? —Claro que sí. Y mucho.
Llamo al mozo, le digo que compartiremos una paella.
—Volviendo a la cuestión laboral, tengo gente conocida en Flores cerca de donde vives que quizá te puedan tomar como empleada. ¿Te parece bien?
—Sería maravilloso, estaría agradecida de por vida, eso me permitiría darle una ayuda a mi prima que no gana mucho que digamos.
—Tengamos fe, que todo saldrá bien.
Llegó la paella, esta vez el mozo sirvió ambos platos, estaba buenísima el arroz en el punto justo y el sabor ni que decirlo. Fernanda se notaba muy alegre se veía en el brillo de los ojos y la sonrisa permanente.
— ¿Quieres un postre?
—No, te agradezco estoy satisfecha, un café si me gustaría. —Pido dos cafés uno cortado.
Los trajeron rápido los tomamos enseguida.
Era tarde ya, pasada la media noche. —Te llevo a casa ¿Quieres?
—Si llevame, soy feliz, ha sido un día que jamás hubiera imaginado.
Llamé al mozo y le pedí la cuenta. Pagué el gasto y salimos en busca del auto.
A esa hora de la noche se circula con fluidez. En quince minutos estuvimos en la puerta de la casa, estacioné, detuve el motor y apagué las luces.
—Alcira debe estar dormida. Me dice, aunque es domingo tiene que trabajar, recién el martes tiene franco, a veces vuelve muy cansada, el hospital Piñero está en una zona muy compleja y peligrosa.
¡Pobre Alcira! la quiero mucho.
Es porteña, hija del hermano mayor de mi padre, que de muy joven se vino a Buenos Aires y nunca más volvió ni de visita. La mamá de Alcira falleció hace diez años, el padre, mi tío, no pudo soportarlo, cinco años después también murió, Alcira dice que fue de pena. Cuando esto ocurrió tomé un ómnibus y vine para acompañarla estuve un año con ella, no en esta casa, ni en este barrio, era en Liniers. Después con algo de dinero que tenía y un crédito que todavía está pagando, compró esta casa, pero pagar la cuota se le hace cuesta arriba.
Ese año que estuve con ella, aprendí a quererla, después volví a Toay a seguir con mi vida, siempre tuve presente el ofrecimiento de Alcira de que cuando quisiera, su casa para mí siempre estaría abierta, Y aquí estoy, otra vez con ella y también con vos.
Te he contado una parte de mi vida.
—Te agradezco que me cuentes, todo lo que es tuyo me interesa y también que estás conmigo. Me inclino hacia ella y le pido un beso, me abraza y me besa solo eso, las butacas del coche son barreras que impiden otras cosas, el abrazo continúa tiene los ojos cerrados le beso la punta de la nariz, se sonríe, me dice con voz que es un susurro.
— No te vayas quedate conmigo.
—Con gusto me quedaría, no sabes cuanto lo deseo, pero no te olvides que está Alcira.
Abre los ojos y me dice, ¿Más tarde nos veremos?
—Seguro que si, cuando despiertes llamame por teléfono. ¿Tenes la llave a mano?
—Si, me da un beso y me dice hasta mañana. Espero que abra, cuando lo hace doy marcha y me voy hacia mi casa.
Llego a las dos, es tarde, la calle solitaria, sin embargo no me animo a guardar el coche. Hay lugar para estacionar a pocos metros de mi casa, lo hago, tengo la llave de mi puerta preparada, bajo cierro y activo la alarma, en diez segundos estoy dentro de mi casa. Una forma de protegerse es no dar ventajas.
Tengo ganas de acostarme, me desnudo, me pongo el pijama, me acuesto, me duermo enseguida.
Suena el timbre del teléfono, varias veces, me despierta, a su lado hay un reloj que dice que son las diez de la mañana, levanto el tubo y digo lo que todos dicen, —Hola. ¿Quién habla?
—Fernanda, buen día ¿te desperté?
—Si, un dulce despertar, ¿Cómo estas?
—Te llamo para invitarte que vengas a comer con nosotras, Alcira está preparando unos canelones y me pidió que te invite. ¿Queres venir?
—Por supuesto, ¿A que hora tengo que estar?
—A las doce, porque Alcira trabaja esta tarde.
—Listo, a las doce estoy con ustedes, yo llevo el vino, Hasta luego.
Decidí afeitarme, no uso máquina eléctrica, prefiero hacerlo con los ya clásicos tres filos, que andan de maravillas, una ducha refrescante y a vestirse.
Había amenaza de lluvia, subí a la terraza a otear el horizonte en el sudoeste, siempre las tormentas vienen de ese cuadrante, lo que a simple vista se veía no era nada agradable, nubes amenazantes, presagiaban una tormenta segura.
No soy meteorólogo, la experiencia me dice que es así, y estoy seguro de no errarle.
Por lo tanto preparo una manta gruesa con la cual protejo el auto en caso de granizo y también un campera impermeable con capucha, luego me visto. Miro el reloj, son las once.
Ya debo salir, tomo la manta y la campera y una botella de Malbec que introduzco en una bolsita y salgo. Cierro con doble llave y me dirijo hasta el auto, abro el baúl guardo la campera y la manta, la botella va conmigo.
Antes de tocar timbre, Fernanda abre la puerta me abraza y me besa con tanta vehemencia que casi se me cae la botella.
Entramos, Alcira estaba en la cocina, la puerta de entrada daba a un pequeño hall, con un par de sillones y una mesita ratona, a través de una puerta con cristales se veía un patio y al final la cocina. A la derecha del hall separado por una puerta el living comedor con ventana hacia la calle. Un dos ambientes cómodo con patio y entrada independiente.
Todo esto me lo mostró Fernanda, Alcira seguía en la cocina, quise ir a saludarla.
—Perdóneme Claudio que no fuera a recibirlo los canelones no me dejan, llegaba usted y los ponía en el horno. Bienvenido a esta casa que desde hoy también es suya.
Se acercó y me dio un beso en la mejilla.
Gracias Alcira, se lo agradezco de todo corazón pero no debía haberse molestado.
—No es molestia lo hago con gusto. Usted se portó muy bien con Fernanda es lo menos que puedo hacer para agradecerle. La mesa ya está puesta, ni bien estén los canelones estoy con ustedes.
—Si queres lavarte las manos, vení aquí tenes el baño, me dice Fernanda mientras me guía.
Me lavo las manos mientras miro la limpieza del baño, ¡impecable! los baños son espejo de la casa y de sus habitantes. Al lado del baño veo que está el dormitorio.
La mesa cubierta por un mantel blanco, dos platos enfrentados y uno en la cabecera, Fernanda me indicó el lugar que daba espaldas a la ventana ella enfrente y en la cabecera Alcira. Nos sentamos. Enseguida llega Alcira con una fuente cubierta, que deposita sobre un extremo de la mesa. Recoge los tres platos destapa la fuente y quedan expuestos los canelones, cubiertos por una la salsa característica que le llaman Rossini.
Sirve el primer plato con dos canelones que llevan salsa en su medida y me lo acerca, lo mismo hace con Fernanda y ella misma. Luego cubre otra vez la fuente y la coloca en el centro de la mesa. Se sienta y empezamos a comer.
Pruebo un par de bocados y aprecio sus sabores identifico a que obedecen, y digo:
—Alcira, soy amante de las pastas, han sido y son uno de mis platos favoritos, quiero decir que las he comido en distintas partes y creo tener autoridad para decir si están bien, mal o más o menos. En este caso decir bien es muy poco. La felicito son exquisitos.
—Gracias Claudio, me alegro que le gusten, están hechos con cariño.
—Fernanda de pronto ¡Exclama! ¡El vino! voy ha buscarlo lo puse en la heladera para darle un golpe de frío, cuando lo trajiste estaba algo caliente.
—Es cierto, un poco de frío lo pone en el punto justo, me alcanza la botella y la destapo, vierto el vino en cada copa.
—Ahora que cada uno piense en lo que más quiere y brindemos para que se cumplan esos deseos. Salud, que así sea. Chocamos las copas y bebimos. Me levanté, le dí a Alcira un beso y otro a Fernanda, Ambas estaban a punto de llorar, lagrimeaban, a mi me faltaba poco.
Había comenzado a llover, empezó con un fuerte chaparrón, después siguió lloviendo con menor intensidad. Alcira se lamentó.
— ¡Qué lástima yo que tengo que ir al hospital!
— No se aflija yo la llevo, ¿a que hora tiene que entrar?
—A las tres de la tarde, hay tiempo todavía, si me lleva.
Fernanda levantó la fuente con algunos canelones sobrantes, los llevó y trajo el estofado.
¿Te sirvo? me pregunta.
—Un trozo de carne nada más.
Ellas también se sirvieron un trozo cada una.
Todos estábamos más que satisfechos.
Alcira me ofrece como postre frutas frescas.
—No, le agradezco.
—Pero un café si ¿No es cierto?
—Café si, por favor.
Tomamos el café, hablamos de temas generales, de la escalada de los precios y lo difícil que es conservar lo que uno tiene. Ya era hora de que Alcira se preparara para ir a su trabajo, se excusó y fue a cambiarse.
—Fernanda, mientras vos levantas la mesa y ordenas todo, voy con Alcira hasta el Piñero la dejo y vuelvo, ¿Si?
Alcira ya está lista tiene un bolso en la mano y un paraguas. El auto está en la puerta, le digo,
—Yo acciono la alarma usted corre y entra, por mi no se preocupe, la sigo.
Así hicimos no obstante algunas gotas nos tocaron nada importante, se secarían en el viaje.
El Piñero, está cerca Avenida Varela al 1300
— ¿A qué hora sale Alcira?
—A las 21 hoy tengo guardia de 6 horas. Quería decirle algo Claudio. Fernanda es como una hija para mi, la quiero mucho, ella está enamorada de usted, ojala sea correspondida, no lo sé, Si así fuera todo estaría bien, si no, por favor le pido no le haga daño. Ya ha sufrido bastante.
—Quédese tranquila Alcira, sería incapaz de lastimarla, yo también la quiero.
Llegamos al Piñero. Entre por la guardia me dice Alcira, me acerco lo más que puedo, me da un beso y me dice. Hasta cualquier momento Claudio. Nos vemos.
Vuelvo hasta donde hace unos minutos estaba estacionado, el espacio seguía libre lo ocupo nuevamente. Continuaba lloviendo. Las gotas formaban globitos al caer en los charcos, en el campo dicen que cuando eso ocurre la lluvia es duradera.
Fernanda me vio por la ventana, abrió para que entre, corrí hasta entrar y cerré la puerta.
— ¡Qué rápido volviste!
—El hospital esta cerca y por la calle no anda nadie, con este día están todos en casa, volví enseguida no quiero que estés sola y yo tampoco quiero estarlo, me acerco a ella y la beso
La siento estremecerse me aprieta se aferra a mi con desesperación. Te amo me dice, quiero que me hagas el amor, me vuelve a besar, luego me toma de la mano y me lleva hasta la habitación donde hay dos camas, se sienta en una de ellas y yo a su lado, volvemos a besarnos.
Lo que ocurrió esa tarde es imposible de narrar sin rozar los límites que marca la cordura, solo se decir que fue maravilloso, dos seres que se entregan sin límites ni medida en busca del placer supremo que llega cada vez que se lo busca, las veces que ambos lo desean y sin importar de que manera. La lluvia que golpeaba en el toldo de aluminio, fue el único testigo.
Ese fue el comienzo de una pasión incontenible entre dos seres que se amaban y que se aman todavía con la misma intensidad de ese momento.
Después pasaron muchas cosas. Gracias a un amigo, Fernanda comenzó a trabajar en una empresa importadora, con un buen sueldo y cerca de la casa. Alcira pudo pagar el resto de las cuotas, las dos eran felices. Yo también lo era.
El tiempo fue pasando, Alcira era conciente de que éramos amantes, no le importaba, era bastante liberal en su concepto de que es una pareja. Por eso no se opuso cuando Fernanda le dijo que viviríamos juntos en mi casa por supuesto. Sus palabras fueron estas.
—Si ustedes son felices yo también lo soy, solo les pido que no me olviden.
¿Olvidarla? ¡Imposible! si es parte de nosotros.
Así transcurrió un año de una relación ardiente como el primer día. Hasta el momento que me dijo que se iba.
¿Qué había ocurrido? ¿Qué razón la impulsaba a tomar esa resolución tan sorpresiva? No lo sabía.
Guardo en mi memoria sus últimas palabras.
—Debo irme, te ruego no me preguntes el porque, aunque que me voy con el alma destrozada no puedo evitarlo, tengo que irme, te pido que confíes, que lo que siento por vos es sincero, he de volver. Solo te pido que me esperes. No tardaré mucho te lo prometo.
Creía conocerla, un año de convivencia avalaban mi creencia, había aprendido a leer el decir de su mirada, algo grave había ocurrido que la obligaban a partir tan de repente.
Entre nosotros existía un compromiso que ambos juramos respetar, no hurgar en el pasado ni en el mío ni en el de ella, nuestra convivencia se basaba en el presente y en el amor que nos unía. Lo demás era el pasado. No importaba.
—Se fue, su mano se deslizó sobre la mía como si fuese la última caricia, entró en la estación y su figura se fue desdibujando hasta perderse entre la multitud que poblaba el mismo andén donde la conocí, se llevó con ella un año de vivencias que rozaron lo increíble.
—La estoy esperando sé que volverá, me lo decía con sus ojos.
9 years ago
sobre que hay que escribir, cuales son las palabras actuales????—–Agregado el 1/12/2011 a las 01 : 21 : 30—–
Anittaa
Craiggg!!! qué bueno verte por acá. Luego te leo.
Chicos, ¿quierén un nuevo disparador?Historia que en algún momento se de bajo la lluvia….
ya lo encontré gracias!!!!!!—–Agregado el 1/12/2011 a las 01 : 31 : 40—–
Acá va lo mio!!!!Campo seco a las diez
Campo seco era un pueblo de esos que van quedando perdidos en el recuerdo y en el tiempo, donde la tecnología llegaba más tarde que temprano; donde los jóvenes se marchaban cuando querían abrir sus horizontes, pues sabían que si permanecían allí quedarían enterrados como sus padres, sin ver el mundo. Por eso, había muy pocos jóvenes y muchos viejos, los que no quisieron seguir a sus hijos a la ciudad.
Adriana, a diferencia de los demás, se había negado a abandonar a su padre, por eso se quedó en el pueblo cuando sus amigos se marcharon, y junto a ellos, Damián su amor de la infancia. La vida tomó caminos diferentes para ellos. Él, al principio, volvía cada vez que podía, pero con el tiempo sus visitas fueron cada vez más escasas, hasta que de un día para otro, ya no regresó.
Los años pasaron y el padre de Adriana se fue a formar parte de los ya olvidados muertos del cementerio donde la hierba crecía libre, porque el viejo sepulturero ya no podía cortarla, y no había quien lo hiciera.
La estación de servicios, “por así decirlo”, pues consistía en un surtidor viejo y antiguo pasó a sus manos. Venderla ¿Para qué? ¿Quién la compraría? en el pueblo había pocos vehículos.
Los días pasaban en Campo Seco, unos tras otros sin novedad alguna. Ya había caído la tarde cuando entró Don Pablo a la estación de servicios.
-Hola Adriana, tengo malas noticias
-¿Que pasó?, ¡no me asuste!
-Recién avisaron del hospital que murió Doña Petrona ¡qué mala suerte viste! no somos nada.
-Bueno que se le va hacer la vida es así, hoy estamos mañana quién sabe. ¿Le habrán avisado a Damián?
-Me dijeron que anoche lo llamaron, y dijo que vendría pero…. ¡hasta ahora ni noticia! Vengo a buscar unas velas para el velorio las vecinas están arreglando todo porque a las diez la traen.
- Sí, no hay problema lleve las que hagan falta, corren por mi cuenta, encima parece que esta noche vamos a tener agua, si eso pasa se va a complicar el velorio porque la casa de Doña Petrona tiene varias goteras.
-Bueno, nos vemos más tarde. ¡Ah! no te olvides de llevar el café.
Don Pablo se fue y Adriana se quedó pensando en Doña Petrona, que hacía varios meses que estaba enferma y su único hijo no había sido capaz de venir una sola vez a visitarla. Pensó en ella misma, cuando llegara a vieja, ¿Qué sería de su vida? Cuando ya no pudiera trabajar, ¿quién la cuidaría? Sacó de su mente esos pensamientos amargos, miró por la ventana, había comenzado a llover. Pensó –“Me quedaré un rato mas por las dudas, tal vez alguien necesite algo a último momento, como siempre”
Se fue al depósito a buscar dos frascos de café, cuando sintió que se habría la puerta de golpe…
-¡Maldición, cómo llueve! Justo esta noche, todo lo malo me sucede a mí. — El hombre se sacudió el agua y el barro que tenía en sus zapatos, bastante elegantes por cierto, mientras no dejaba de maldecir por el mal clima. Adriana lo miró con extrañeza, su rostro no le era nada familiar.
-Buenas noches, ¿qué necesita?
-Lo primero es poder secarme un poco, ¡estoy empapado! Mi auto se quedó encajado en el barro y tuve que caminar varias cuadras. Como si no tuviera suficiente con haber tenido que conducir el día entero para llegar hasta este pueblo olvidado.
Ella fue por una toalla, y se la entregó.
-¿Desde dónde viene?
-De la ciudad, estoy exhausto, encima esta lluvia parece que no va a parar hasta mañana.
-¿Qué lo trae por aquí?
-Vengo a un velorio, bueno… a arreglar el papeleo y esas cosas.
-El único velorio que hay es el de Doña Petrona.
-Sí, a ese vengo, ¿Dónde es la sala velatoria?
-Lo siento pero acá no hay esas cosas, aquí se hace a la antigua en la casa del difunto.
-¿Usted la conocía?
-No, no, yo sólo soy el asesor legal del señor Damián Petrinéz.
-¿Asesor legal eh? ¿Y… él no piensa venir?
-La verdad no, esta es una semana muy importante para la empresa, están los japoneses, y él no puede moverse ni un instante de allí, esta a punto de hacer una fusión con ellos, si el negocio sale mal, se irá a la quiebra.
-Más importante que venir a darle el último adiós a su madre, ¡Esto sí que me da risa no lo puedo creer! Pero… ¿Es que no tiene sangre en las venas?
-Mire señora, yo no sé nada, sólo se que tuve que venir hasta aquí. Y tendré que esperar hasta mañana para irme, porque esta noche será imposible sacar el auto.
-Ante todo no soy señora, sino señorita.
-Bueno disculpe señorita, ¿Cómo se llama, “señorita”?
-Mi nombre es Adriana, ¿Y usted?
-Me llamo Dante Terranova y soy abogado para servirle. Bueno, ¿Sería tan amable de indicarme donde es el velorio?
-Claro, ya son las diez, la hora en que traían a la difunta, puede venir conmigo si lo desea, aunque esta lloviendo y se volverá a mojar.
-No importa, vamos.
Antes de salir Adriana tomó su paraguas y los frascos de café; afuera llovía como nunca Damian trataba de seguirle el paso pero era inútil, no podía caminar, a cada momento sus finos zapatos se enterraban en el barro, y no dejaba de maldecir por esa situación.
Por fin llegaron; la puerta estaba abierta y se podían ver las velas encendidas. Ya habían traído a la difunta. Las mujeres habían acondicionado todo sacando los muebles para hacer lugar. No había mucha gente; los dos entraron y los que estaban allí miraron al desconocido con asombro; un hombre tan bien vestido no encajaba entre ellos. Ella se encargó de presentarlo y todos lo saludaron, tal vez en sus mentes tenían el mismo pensamiento de Adriana, ¡haberse visto! ¡Mandar un mensajero, a cumplir el papel de un hijo! Ella y él fueron hacia la cocina.
-Hay que calentar agua para el café, busque algo para poner al fuego.
-¿Yo?
-Sí, ¿Hay alguien más aquí? déle hombre. - él la miró con rabia, haber viajado tanto para que una mujer lo mandara. Abrió algunas puertas de un aparador y encontró algo que le pareció que podría ser de utilidad.
– ¿Ésto sirve?
-Sí, esta bien, ahora vaya afuera a buscar agua.
-¿Afuera? ¡Pero está lloviendo!
-¿Y? ¿Con qué vamos a hacer el café, con aire? -él, la volvió a mirar y se mordió el labio inferior de la bronca.
-Allí está la bomba. - Le dijo señalando hacia el medio del patio, donde se había formado una pequeña laguna.
-¿Una bomba? ¿Y… cómo funciona?
-Tiene que tomar la manija, subirla y bajarla hasta que salga el agua, pero no se olvide de poner la olla debajo. -Él salió en medio de la lluvia, parecía que todo estaba en su contra, primero Damián, que le había ordenado hacer este viaje, luego un neumático pinchado, esperar ayuda en la ruta, porque no tenía herramientas para sacar la goma y hacer el cambio. Luego tratar de llegar a este pueblo y cuando lo había logrado se largó a llover y se quedó encajado en el barro, ¡vaya día, que le había tocado!
Por fin entró con la olla llena de agua, al hacerlo vio a Adriana, parada al lado de la mesa limpiando unas tazas, tenía la blusa pegada al cuerpo, dejando a la imaginación su figura, que a él le pareció atractiva.
En realidad es una mujer hermosa pero muy mandona, - pensó. Ella, al verlo con la olla, y todo mojado se rió, y él, sintió cosquillas en la panza, pero pensó que sería el frió. Adriana tomó el recipiente y lo puso al fuego, mientras le decía:
-Será mejor que se cambie esa ropa mojada, si no se va enfermar.
-¡Por fin le importa un poco lo que me pasa! Pero no tengo qué ponerme, mi bolso está en el auto y ni loco voy hasta allá.
-No se preocupe, en la habitación de Damián debe haber algo todavía, que pueda ponerse.
Entraron, el olor a humedad los invadió, ella abrió el armario, sacó unas prendas y se las entregó.
-Parece que conoce muy bien la casa.
-Sí, aunque hace mucho que no vengo, solía pasar tiempo aquí, cuando Damián vivía en el pueblo.
-¿Eran amigos?
-Es difícil no ser amigos aquí, ya que somos muy pocos, bueno éramos algo más que amigos, al decir estas palabras, ella puso cara triste y salió de la habitación.
Él, se cambió de ropa y se dirigió nuevamente hacia la cocina, donde ya se podía oler el aroma del café recién hecho. Al pasar por el comedor pudo ver sólo a dos personas acompañando el cajón, y se acordó de algunos funerales a los que había asistido en la ciudad. Las lujosas salas, los asientos reclinables, los empleados que traían el café, lo que eso costaba, y aquí la madre de su patrón, en las más terrible pobreza. Dante no entendía nada, ya que Damián nunca había hablado de su familia con él, y tampoco sería él quién pediera explicaciones. Haría su trabajo lo mejor posible y se marcharía lo más pronto de allí.
Cuando estuvo frente a Adriana, a ella se le escapo un suspiro.
-Está usted muy guapo. -lo dijo riendo al verlo, su atuendo no era tan elegante como el traje que llevaba puesto antes. Él se dio cuenta de la burla pero se quedó callado, estaba demasiado cansado para pelear.
El café estaba listo, Adriana les llevó una taza a Don Pablo y Don Pedro, luego se quedaron en silencio un buen rato, hasta que Dante se excusó diciendo que estaba cansado y quería retirarse a dormir, los demás no se opusieron.
-Voy arreglar la cama de Damián para que se acueste. Él asintió, con un movimiento de cabeza y se dirigió a lado del cajón, donde se quedo largo rato mirando a la difunta, mientras, pensaba en Damián:
“¿Qué estará pensando en estos momentos? Nunca creí que fuera tan frío y calculador, no venir al funeral de su madre, ¡es demasiado! Yo lo respetaba mucho pero ahora me doy cuenta que me tengo que alejar cuanto antes de todo esto, yo también fui criado en un pueblito y no reniego de mis raíces. Por lo tanto veré la manera de renunciar y buscar otro empleo, aunque gane menos dinero no importa, al menos estaré tranquilo con mi conciencia. Apenas me vaya de aquí voy a ir a visitar a mis viejos, ya que hace mucho que no voy por allá”
Al fin llegó la mañana y por suerte la lluvia había parado, el sol comenzaba a asomar y la gente empezó a llegar al velorio. Dante se despertó con el murmullo del gentío, se levantó rápido y se puso el traje que estaba casi seco, se calzó los zapatos que ya estaban brillantes, Adriana los había limpiado.
“¡Qué mujer!” Pensó, está en todo y además es muy hermosa, lástima que viva en este pueblo olvidado, sino tendría muchos pretendientes. Pero también pensó que él mismo podría ser un candidato. En la ciudad no hay mujeres como ella, dispuestas a ayudar, sinceras y buena gente, la verdad no lo había pensado antes. Volvió a sentir ese cosquilleo en la panza al imaginarse, de la mano con ella. Dejó de divagar y se dispuso a hacer los arreglos para el funeral, debía revisar unos papeles para que todo estuviera en orden.
Adriana golpeó la puerta para decirle que el cortejo estaba dispuesto para las diez de la mañana, todo estaba preparado, hasta su auto limpio, por la gente del pueblo que se habían encargado de sacarlo del barro.
Él se miró al espejo, se peinó, estaba contento; sólo faltaba ir al cementerio y luego de vuelta a casa. Pero el destino le tenía algo preparado, algo que no esperaba, antes de salir de la habitación recibió una llamada de Damián.
-Hola, ¿Cómo te va con los japoneses?
-Todo mal, a último momento se cayó el proyecto, ¡estoy arruinado!
-¿Pero, por qué?
-¿Por qué? esa es la pregunta del millón, todo estaba bien, pero de repente dijeron que era mucho riesgo, que no confiaban en mí, y lo más extraño me dijeron que a último momento recibieron un llamado telefónico que los hizo desistir.
-¿Qué llamado?
-No sé, ¡pero si llego averiguar quién me traicionó lo mato! Estaba fuera de sí, con los puños apretados y la desolación dibujada en el rostro, cortó y derrotado se sentó en su escritorio.
Luego de esa llamada Dante quedó desconcertado
-¿Qué habría pasado? Aunque… no hay mal que por bien no venga, ya no tendré que renunciar, a como están las cosas, me quedé sin empleo, estoy feliz
Pronto se hicieron las diez de la mañana y salieron para el cementerio. Mientras tanto, en la ciudad, Damián sentía que iba a ser él, el enterrado y no su madre. Su mundo de hombre de negocios se había caído a pedazos, estaba en la calle. Ante la quiebra, su mujer, había viajado a casa de sus padres. Él, se hacía una sola pregunta ¿quién había llamado a los japoneses?
Mientras el párroco decía unas plegarias, en la mente de Adriana daba vuelta su acción de la noche anterior, espero a que Dante se durmiera y buscó es su agenda el número de Damián para decirle lo ruin que era al no venir al velorio de su madre. Pero al hacerlo la atendió una secretaria de pocas luces y pasó su llamada a uno de los Japoneses, éste entendía muy bien el castellano, pero ella sin saberlo, le hablo como si hablara con Damián. La respuesta fue:
-Lo siento señorita, veré de ayudarle. No soy Damián pero le haré llegar su mensaje. - y cortó.
El funeral terminó y Dante se fue, Adriana los vio partir con lágrimas en los ojos. Desconocía cual había sido el resultado de su llamada.
Luego de un mes, una noche, a las diez, paró un auto delante del negocio de Adriana, ella miró por la ventana y en su rostro se dibujó una sonrisa, era Dante. Pero ya no vestía de traje, ni calzaba zapatos caros, llevaba Jeans, una camisa y un sweater atado al cuello, a la luz de la luna ¡se veía guapísimo! Se miraron, ella salió a su encuentro, no necesitaron hablar, porque sus bocas se fusionaron en un largo beso, luego de ese momento tan apasionado él le dijo:
-Hablé con unos amigos y están dispuestos a hacer inversiones aquí, pero alguien me sorprendió, porque estaba muy interesado en venir y conocer el pueblo.
-¿Quien será? Preguntó Adriana asombrada.
-Un japonés muy importante…
Son 2463 ja es lo que hay!!!
9 years ago
Uh pero si se cambian de consignas a cada rato nadie va a leer y comentar ninguno no es lógico. Yo, más allá de la consigna, ya yo voy a leer cada uno de los textos y los voy a comentar.
9 years ago
Craig, cuando se cambia de consigna se avisa acá mismo y en el thread de información de rondas en cursos. Please, no te enojes. Cuando el juego se comienza a trabar, se propone otra consigna. La idea es que todos los textos reciban comentarios, más allá de que se cambie de consigna. Si tuvieramos que esperar y controlar cuento por cuento que reciba una crítica, la ronda no avanzaría más. Entiendo tu punto, pero este juego fue creado porque lo han pedido, asi que a leer y comentar más allá del transcurso del juego. Y no te enojes, que tenes caracter fuerte, ya te conozco.
9 years ago
Cof coff, ¿qué pasa que nadie más se anima?
Voy a leer los anterioressssssss.KEIKO TATSUNO Y EL POZO OSCURO (PARTE I)la caía hubiera sido de lo más dolorosa. —- caídaSin embrago, no —- embargono podía sacar nada de la febril agitación de la que era presa su mente —- confusotamaño Se —- me parece que falta un punto entre ambas palabrasCraig, por favor seguí la historia. Quiero saber qué ocurre finalmente. Porque ese “Ninguno volvió para quejarse” me dejó mas intranquila. Quizá sea un asesino.Muy Bien creado el misterior. Ortografía, gramática, puntuación excelentes.Quiero más.Fernanda
Vigia, linda historia. Muy pasional, se nota el amor que se tenían. Ahora bien, tanto misterio me da rabia. ¿Por qué ella no hablaba sobre su pasado? ¿Sería que ya había hecho lo mismo con otro hombre y también había desaparecido y debía volver?
En sí la historia me gustó: pero revisá la puntuación. Faltan guiones de diálogo, puntos, etc.Campo seco a las diez
Laura, leí tu cuento.Fijate acá, que decís “Damian” y corresponde “Dante”.
ntes de salir Adriana tomó su paraguas y los frascos de café; afuera llovía como nunca Damian trataba de seguirle el paso pero era inútil, no podía caminar,
En cuanto a la historia me gustó la ubicación que elegiste. Esto del pueblo alejado de todo, donde sus habitantes huyen y sólo quedan los que en verdad lo valoran. Además es interesante esto que mencionás de cómo todo va desapareciendo; lo simboliza la estación de servicio, que está más para las compras que para surtir nafta. A su vez las costumbres de pueblo también le dan algo especial al relato.
8 years, 12 months ago
Hola anitaa.
No te tiene que dar rabia, porque la historia sigue, los interrogantes se resuelven en el capítulo siguiente cuando vuelva Fernanda y también se crean otros mientras la historia continúa. La puntuación y los guiones debo revisarlos. Gracias anitaa. Vigia.
8 years, 12 months ago
LA REINA DEL ROCK Wilberto Pérez nació en la soleada tarde del 17 de Octubre del año 45. Su padre estuvo, ese día, participando de las manifestaciones que pedían la libertad del coronel Perón. Si Wilberto hubiera nacido algún tiempo mas tarde, en lugar de Wilberto se hubiera llamado Juan Domingo. Tal era la admiración que el líder justicialista despertaba en el alma de su progenitor.Wilberto nació en el dormitorio de su propia casa, y su madre fue atendida por una partera como se estilaba entonces. Su más temprana niñez se desarrolló en aquella segunda mitad de la década del 40 y tuvo como marco de referencia tanto la agitación política como el progreso económico.Por razones ajenas a la voluntad de sus padres, Wilberto fue hijo único. Esta situación, que suele provocar en algunas personas diversos problemas de tipo psicológico, resultó, sin embargo, una bendición para Wilberto. Al niño le gustaba, desde muy chico, ser el centro y la atención de todos.Sus padres lo anotaron, desde muy pequeño, en las divisiones inferiores del club de fútbol San Lorenzo de Almagro, y Wilberto demostró que estaba bien dotado para ese deporte. Era un niño hermoso, de pelo rubio y ojos marrones que hacía las delicias de sus mayores tocando la guitarra en las reuniones familiares o recitando versos en las fiestas escolares. Wilberto, siempre, fue un niño atendido con suma diligencia en cuestiones de salud y también tuvo la suerte de recibir, muy a menudo, juguetes y regalos. Sin embargo, pasó toda la niñez solo y sin un amigo que lo acompañara. Cuando Wilberto llegó a la pubertad estaba de moda el rock. Los padres lo inscribieron en una academia, y el jovencito demostró, rápidamente, su aptitud para el baile.En la primavera del 58, fue inscrito en un concurso organizado por el club Crisol del Parque Chacabuco. Llevaba como pareja a su prima Cristina y tenía un loco deseo de ganarlo. Los jóvenes compitieron durante tres jornadas contra unas doscientas parejas de toda la capital; y el domingo a la noche, se consagraron campeones del torneo. Había, en ese entonces, numerosos clubes deportivos y sociales que reunían a los porteños en actividades deportivas y sencillas. Wilberto y Cristina fueron invitados a dar exhibiciones en muchos de ellos porque bailaban, realmente, bien, además, mantenían el ritmo infernal de las melodías, sin dejar de hacer figuras acrobáticas y piruetas imprevistas que deleitaban mucho a los espectadores.Fue tal el éxito que obtuvieron en la Capital Federal que pronto los llamaron para actuar en algunas ciudades del interior del país. Los llamaban Los Genios del Rock and Roll y a Cristina le decían La Reina del Rock. Todo el verano del 59, se lo pasaron de gira por las provincias. Ganaron bastante dinero y se divirtieron mucho. Los acompañaba , siempre, la tía de Wilberto (y a la vez mamá de Cristina), una mujer obesa y algo tonta que tenía por misión cuidar a los menores.Antes de la llegada del otoño y mientras daban una exhibición en la localidad de Río Tercero, Wilberto comenzó a sentirse algo extraño. Notaba que se perturbaba mientras bailaba debido a la forma agitada de respirar de Cristina. Tampoco, podía apartar la vista de las turgencias del pecho y del contorno de los muslos de su prima. Esa misma noche, la chica lo incitó a besarla y Wilberto así lo hizo. Pasaron largos minutos besándose en la terraza del hotel, detrás de una columna y al amparo de miradas extrañas. De regreso a Buenos Aires, Wilberto habló con el padre y le dijo que quería que Cristina fuera su novia. El hombre se enojó mucho y le aplicó una cachetada. – ¡Cristina es tu prima hermana, idiota! – Gritó, después, de una manera lapidaria. A partir de aquel día, se terminaron los bailes y las giras por el interior.El comienzo del año lectivo ayudó a que los jóvenes permanecieran ocupados en el estudio y separados largo tiempo, el uno del otro. El furor por el rock, además, declinaba. El baile fue reemplazado, enseguida, por otro ritmo llamado twist, circunstancia aprovechada por los padres para separar, todavía más, a los jóvenes primos.Wilberto cumplió los dieciocho en el 63. En aquel tiempo, se consideraba a esa edad como el equivalente en el hombre de los 15 años de las mujeres. No se hacía, de todos modos, ese tipo de fiestas principescas reservadas a las damas. Al varón se le festejaba, en cambio, con alguna reunión sencilla donde se solía hacer alarde de la libreta de enrolamiento y Wilberto tuvo a suya aquel año.Sus padres le organizaron una reunión con mucho cariño y hasta compraron una torta decorada con la famosa libreta. Concurrieron algunos familiares y la totalidad de los amigos del muchacho (que en realidad no eran muchos). A la madrugada llegó Cristina. Venía de un baile en el Centro y traía de regalo un disco de Los Beatles. Wilberto la miró y sintió que todo se oscurecía en derredor suyo. Tuvieron que pasar más de tres años, desde aquel triste día en que su padre le pegara el cachetazo, para que el muchacho pudiera volver a ver a su prima, otra vez. La familia confiaba que aquella separación sería suficiente para mantener a los primos a distancia, Wilberto, sin embargo, apenas la vio, la sacó a bailar y durante los temas lentos hasta se animó a susurrar algunas palabras en su oído. Un rato después, los padres de Wilberto dieron por terminada la reunión.Aquella primavera Wilberto conoció a una chica rubia y menuda llamada Susana y enseguida se puso de novio con ella. El padre de la chica era obrero y peronista, razón por la cual el papá de Wilberto aprobó de inmediato la relación. Susana era la antítesis de la hermosa y exuberante Cristina y además se mostraba dulce y educada con toda la familia. Cristina, por su parte, se mudó a una pensión de estudiantes de la Ciudad de la Plata y comenzó a estudiar medicina en la universidad.El noviazgo de Wilberto y Susana se fue desarrollando con normalidad a lo largo del año siguiente. El muchacho le daba a su novia un trato afectuoso y, a veces, se besaban o caminaban tomados de la mano. No tenían, sin embargo, relaciones sexuales y Wilberto se cuidaba mucho de propasarse con ella cuando a veces se quedaban solos en la oscuridad del zaguán de su casa.Una tarde de verano, mientras esperaba para ingresar al estadio del club Estudiantes de La Plata, Wilberto vio pasar a Cristina manejando un automóvil. Desesperado, se apartó de la fila y corrió hacia el auto, pero ella no se dio cuenta de la presencia de su primo y se alejó con rapidez en dirección al sur. Para seguirla, Wilberto tomó un taxi en la esquina de la Calle 2 y recién la alcanzó cuando llegaba al centro comercial de la ciudad. Cristina lo abrazó y lo besó, después, lo invitó a la pensión de estudiantes donde ella residía. Wilberto dejó de lado el partido de fútbol y pasó toda la tarde con su prima tomando mate y comiendo masas de chocolate. Casi de noche, Cristina lo llevó en su pequeño automóvil hasta la Terminal de Ómnibus para que regresara a su casa. En el trayecto, sin embargo, estacionaron el auto en una zona oscura del llamado “Bosque” de La Plata y comenzaron a besarse apasionadamente. Una lluvia intensa se desató en ese instante. Las gotas golpeaban con fuerza el techo del automóvil y los cristales comenzaron a empañarse. A partir de ese instante Wilberto perdió toda noción del paso del tiempo. Sentados en el asiento de atrás del automóvil, los primos terminaron haciendo el amor dos veces seguidas. Wilberto sentía que una fuerza poderosa lo empujaba a permanecer en el interior de Cristina y a no dejar de penetrarla, pasara lo que pasara. Escuchaba, también, una voz muy fuerte que le decía que la siguiera amando hasta que sus fuerzas se lo permitieran. Wilberto, tampoco, parecía dispuesto a resistir ese llamado. Así, estuvieron durante casi dos horas hasta que al final cayeron exhaustos y abrazados. El muchacho regresó a Buenos Aires con una enorme confusión en la cabeza. Sentía por Cristina una mezcla de amor y de pasión desesperada que no lo dejaba pensar con claridad. Estaba abrumado por lo que le pasaba. Además, la relación sexual con su prima era la primera que mantenía con una mujer que no fuera prostituta. Todo resultaba nuevo para él. La pasión, una pasión tan fuerte que lograba hacer latir su corazón como si fuera el de un potro desbocado. También, la transgresión: esa seductora posibilidad de mandar a la gente al diablo y decirle que no a todo el mundo, al mismo tiempo. Wilberto eligió, sin embargo, la moderación. Comenzó a visitar a Cristina todos los domingos y a mantener con ella apasionados encuentros amorosos en la pensión donde se alojaba. Como el conserje de aquel lugar era un hombre muy estricto, Wilberto tenía que entrar, siempre, de una manera subrepticia. A veces, necesitaba esconderse largo tiempo en los pasillos del edificio; otras, debía aguardar en la vereda, tapado por un árbol, esperando el momento oportuno para ingresar al cuarto de su prima sin que nadie lo viera. Un año estuvo Wilberto procediendo de esa manera. Mantuvo, durante ese lapso, su noviazgo con Susana (aunque ella se quejaba de encontrarlo desganado) Así, Wilberto comprendió, enseguida, que con alguna que otra excusa razonable podía conformar a su novia formal y luego pasar esos domingos locos junto a Cristina.En Octubre del 65, Wilberto cumplió 20 años y Cristina tuvo con él una larga charla. La chica era consiente de la imposibilidad de hacer oficial la relación con su primo.–Sería una locura –le dijo– y vos lo sabés bien.Wilberto escuchó sus palabras con una mezcla de comprensión y de furia. Entendía las razones de Cristina, pero sentía un profundo odio contra la sociedad y contra sus padres y los padres de Cristina en particular.– ¿Y qué vamos a hacer? –Dijo Wilberto.–No sé–contestó Cristina. Vivamos el presente, y el día que lo nuestro se termine, nos despedimos y listo.Wilberto sintió que se le llenaban los ojos de lágrimas, y Cristina al verlo así, se apresuró a consolarlo.–Vamos–dijo– no seas tonto. Todavía tenemos tiempo.Hicieron el amor toda la tarde en la camilla de una sala apartada del hospital al que Cristina concurría como practicante. Wilberto regresó, luego, a Buenos Aires con un sabor agridulce en la boca y se fue a dormir sin hablar con nadie.A instancias de su padre, Wilberto aceleró sus estudios comerciales en una academia privada. Ingresó, luego, a la administración de la empresa metalúrgica más importante del barrio y comenzó a ganar un sueldo razonable.Meses después, en la familia le dijeron que ya era tiempo de hacer planes para casarse y Wilberto no se opuso. En el término de unas pocas semanas, los cuatro futuros consuegros aceleraron los planes y aportaron dinero de sus ahorros para comprarles un pequeño departamento en la zona de Flores. El saldo estaba a cargo de los novios y debían cancelarlo en 10 años.Pocos días antes de casarse, Wilberto visitó a Cristina por última vez. El joven sabía que su casamiento era la última e infranqueable valla de la separación. Cristina había sido muy clara al respecto. Ella había dicho: “cuando te cases se termina todo”, y eso, a Wilberto le parecía dolorosamente lógico.La encontró a la salida del hospital donde Cristina practicaba y estuvieron todo el domingo, juntos. Hicieron el amor con la misma desesperación de siempre, pero los dos estaban tristes y melancólicos. Al atardecer, cuando se dieron cuenta que todo terminaba, regresaron al hospital y empezaron a quedarse sin palabras.–Es mejor que te vayas solo –dijo Cristina. Esta vez prefiero no acompañarte.Wilberto se levantó de la silla, casi temblando y se acercó para despedirse de ella. Cristina permaneció en silencio durante un largo rato, pero luego tomó un bisturí y con una presión suave y uniforme se cortó la palma de la mano izquierda ante la mirada azorada de Wilberto. La sangre comenzó, enseguida, a brotar, y Cristina extendió la mano hacia su primo. Wilberto pasó entonces sus labios por la herida y la beso con pasión, durante un largo rato.–Bebiste de mi sangre–dijo Cristina–. No importa lo que pase. Serás mío para siempre.Wilberto regresó a Buenos Aires, y a la semana siguiente se casó con Susana.A partir de ese día, la vida de los primos tomó por caminos diferentes. Wilberto llevó, por muchos años, una existencia ordenada y rutinaria. Fue progresando en la empresa metalúrgica hasta llegar al puesto de gerente. Tenía 30 años cuando le dieron el cargo y supo hacer frente con eficacia a los problemas económicos del país. Susana le dio hijos mellizos al año y medio de casados, pero luego no pudo volver a procrear debido a las complicaciones que tuvo el parto. Wilberto vendió el departamento que sus padres le habían ayudado a comprar y se mudó con su familia a un chalet del Bajo Flores. Era una hermosa vivienda de dos plantas con fondo arbolado y una pequeña pileta de natación. Tenía un quincho con techo de pajas y una de esas enormes parrillas para hacer carne asada que tanto les gustan a los argentinos.Cristina, por su parte, se recibió de médica y se casó con un compañero de facultad. Constituyó su hogar allá en La Plata, pero terminó divorciada al poco tiempo, sin haber llegado a tener hijos.En todo ese tiempo, llegaron a verse tres o cuatro veces. Lo hicieron obligados por compromisos familiares porque ninguno deseaba ver al otro, pero cuando eso pasó, la sensación interior que experimentaron fue muy fuerte.Al llegar el golpe del 76, los asesinos de la represión mataron en La Plata a varios de los amigos de Cristina. Llegaban con toda ferocidad, tiraban las puertas abajo y secuestraban y mataban gente indefensa que dormía plácidamente en la cama. Cristina sintió que el aire se le estaba haciendo irrespirable y decidió aceptar un trabajo humanitario en África.Wilberto, por su parte, fue progresando cada día más. Se adaptó con perfección a las nuevas políticas económicas del país y terminó por convertirse en un hombre de bastante fortuna, pero por alguna razón que sólo tiene explicaciones en el alma, continuó viviendo siempre en el chalet del Bajo Flores. Allí, devino en un vecino influyente y notorio. Llevaba una moderada vida sexual junto a su esposa, y los mellizos crecían sanos y hermosos. Una noche, al volver del trabajo, Susana le dijo:–Hoy llegó un telegrama de Burundi, parece que tu prima está enferma.Wilberto se sobresaltó -de tal manera- que ni siquiera se preocupó por ocultarlo.–Pero… ¿Cómo puede ser?–Preguntó– ¿Qué tiene?–No sé–contestó Susana – el telegrama no lo dice.Wilberto pronunció, en ese momento, algunas frases de compromiso frente a su esposa, pero su mente comenzó a trabajar de manera febril. Muchos años habían pasado desde aquella tarde en que se despidió de Cristina para siempre.Muchos años transcurridos en una asumida “normalidad” y apartado de lo que era su sentimiento verdadero, y ahora, en un instante, y al recibir la información de que Cristina estaba enferma en África, sentía que todo ese esfuerzo por complacer a los demás, se derribaba igual que un castillo de naipes.La sola imagen de Cristina enferma y abandonada, a su suerte, en el continente africano le resultaba, particularmente, intolerable. Alguna decisión debía tomar y lo hizo.Al día siguiente, le comunicó a su esposa que había decidido viajar de inmediato a Burundi. Cristina no tenía familiares directos, estaba divorciada; sus padres habían muerto y tampoco tenía hijos. Todos esos argumentos eran suficientes para explicarle a su esposa la necesidad del viaje, pero de todos modos, Wilberto estaba convencido de que bajo cualquier circunstancia que fuera, él igual habría viajado.En el curso de unos pocos días, tramitó una visa especial para Zaire porque Burundi no tenía consulado en Buenos Aires. Después, se aplicó ocho vacunas y por último viajó vía Marruecos en un complicado itinerario que le demandó 22 horas de vuelo. Cuando llegó a Burundi encontró a Cristina internada en el mismo Hospital de campaña donde trabajaba. Estaba pálida y delgada y conectada a un frasco de suero fisiológico. Cuando ella lo miró, sus ojos adquirieron un brillo extraño y denotaron la sorpresa de volver a verlo después de tanto tiempo. Wilberto tomó un banquillo de lona y casi con timidez se sentó a su lado.– ¿Cómo estás? –dijo.–Mas o menos– contestó Cristina. Tengo un virus que no se conoce y estoy con anemia.–Vine a vigilarte para que te cures pronto –dijo Wilberto– después te llevo a Buenos Aires.Cristina sonrió y cerró los ojos, pero Wilberto la notó muy desmejorada. Un rato después, habló con los médicos y le confirmaron el diagnóstico. Pidió permiso para pernoctar allí porque deseaba permanecer cerca de su prima y porque, además, el hotel se encontraba en la capital, Kitega, a más de cien kilómetros de distancia.A la mañana siguiente, antes de desayunar, Wilberto donó sangre para Cristina y luego concurrió a ver a su prima.Juntos conversaron durante un largo rato.– ¿Te acordás cuando ganamos el concurso? – Dijo ella.– ¡Cómo voy a olvidarlo! –Contestó Wilberto. Parece mentira, pero pronto se cumplirán 30 años de aquel tiempo tan hermoso.–Yo era la Reina del Rock. –dijo Cristina.–Cuando estemos de vuelta en Buenos Aires, vamos a bailar de nuevo. Te lo juro.Cristina sonrió y tomó las manos de Wilberto. Le gustó ese calor; un calor conocido y familiar que la llevaba a recordar las compartidas horas de pasión de aquellos años. Un calor que necesitaba mucho, en especial en ese momento en que sentía que sus fuerzas la abandonaban, cada vez más.–Tengo miedo de morirme, Willy. –Dijo Cristina.– ¡Cómo se te ocurre! –Contestó Wilberto– hay que tener paciencia y dejar que tu enfermedad evolucione sin complicaciones para tu salud.– ¿Seguro? –Preguntó Cristina.– ¡Pero por supuesto! - dijo Wilberto- y la besó en la frente.Al mediodía, Cristina entró en coma y a la noche murió. Wilberto la acompañó en todo momento y asistió de lejos a los últimos intentos de los médicos por salvarla. Después, salió a la intemperie y lloró, apoyado en un árbol, hasta quedarse sin lágrimas.Cristina fue enterrada en un pequeño cementerio de la selva de ese continente que recién estaba aprendiendo a amar. Wilberto no consideró ni prudente ni necesario traer su cuerpo de vuelta al país. Hacerlo, hubiera supuesto una multitud de trámites administrativos y sanitarios, y el trasbordo del ataúd a tres aviones durante el transcurso del viaje.De regreso a Buenos Aires, Wilberto continuó llevando una existencia próspera durante mucho tiempo, pero un buen día, en la primavera del 96, la metalúrgica a la que había dedicado toda su vida quebró definitivamente. Aquella circunstancia, un tanto azarosa, no afectó en modo alguno su estado de ánimo, ya que Wilberto se encontraba en una sólida posición económica. Era propietario de varios inmuebles en la capital y disponía de una cuenta bancaria en el extranjero. Los mellizos, además, se habían convertido en profesionales jóvenes y promisorios y su esposa daba siempre la impresión de estar tranquila y feliz. Por esas y otras razones, Wilberto tomó la situación con filosofía: paseaba su perro por las mañanas y daba largas caminatas por el Bajo Flores, tratando de elaborar para su vida madura algún proyecto. Mientras tanto, los vecinos lo miraban y saludaban con respeto y le decían: “Don Wilberto”, aunque el no hacía demasiado caso a las formalidades y prefería verse siempre a sí mismo como aquel inquieto muchacho que ganó el festival de rock, bailando junto a Cristina.
8 years, 12 months ago
Anittaa
Cof coff, ¿qué pasa que nadie más se anima?
Voy a leer los anterioressssssss.KEIKO TATSUNO Y EL POZO OSCURO (PARTE I)la caía hubiera sido de lo más dolorosa. —- caídaSin embrago, no —- embargono podía sacar nada de la febril agitación de la que era presa su mente —- confusotamaño Se —- me parece que falta un punto entre ambas palabrasCraig, por favor seguí la historia. Quiero saber qué ocurre finalmente. Porque ese “Ninguno volvió para quejarse” me dejó mas intranquila. Quizá sea un asesino.Muy Bien creado el misterior. Ortografía, gramática, puntuación excelentes.Quiero más.Fernanda
Vigia, linda historia. Muy pasional, se nota el amor que se tenían. Ahora bien, tanto misterio me da rabia. ¿Por qué ella no hablaba sobre su pasado? ¿Sería que ya había hecho lo mismo con otro hombre y también había desaparecido y debía volver?
En sí la historia me gustó: pero revisá la puntuación. Faltan guiones de diálogo, puntos, etc.Campo seco a las diez
Laura, leí tu cuento.Fijate acá, que decís “Damian” y corresponde “Dante”.
ntes de salir Adriana tomó su paraguas y los frascos de café; afuera llovía como nunca Damian trataba de seguirle el paso pero era inútil, no podía caminar,
En cuanto a la historia me gustó la ubicación que elegiste. Esto del pueblo alejado de todo, donde sus habitantes huyen y sólo quedan los que en verdad lo valoran. Además es interesante esto que mencionás de cómo todo va desapareciendo; lo simboliza la estación de servicio, que está más para las compras que para surtir nafta. A su vez las costumbres de pueblo también le dan algo especial al relato.
Anita gracias por comentar!!!!!
Tiene un tinte costumbrista es un cuento que me gusta mucho!!!!!
8 years, 12 months ago
Hola ani. Tengo el segundo capítulo,pero tiene 5500 palabras,no lo quiero podar ¡Te lo envío?. ¡Ojo que no termina! Saludos Vigia.
8 years, 12 months ago
Fernanda
Capítulo 2.
Pasaron varios días y también algunas semanas, las cabezas modeladas con arcilla, en la faz escultural estaban listas y libres de humedad, es decir sin presencia de agua.
Era el momento de someterlas a una cocción previa, que en la terminología cerámica se le llama bizcochado, con esta operación donde se exponen las piezas a una temperatura de 800 grados, adquieren mayor resistencia mecánica y se produce la eliminación de los agentes orgánicos que siempre existen en el barro. Una vez que el horno llegó a la temperatura deseada se lo apaga y se dejan las piezas dentro hasta que se enfríen. Más o menos doce horas con las puertas del horno cerradas. Se pueden extraer antes pero no tenía ningún apuro, al día siguiente las vería.
Un viejo amigo con el cual compartimos los primeros tiempos de la actividad cerámica y trabajamos juntos varios años, hasta el día que me dijo que se marchaba al interior, le habían hecho una propuesta para dirigir una fábrica de cazuelas y macetas en serie.
La oferta era tentadora no lo pensó dos veces y se marchó.
Ahora, después de cinco años se comunica conmigo a través del correo electrónico para pedirme que lo visite pues tiene algo para proponerme relacionado con la profesión, a su juicio es muy importante y tiene la seguridad de que me va ha interesar. Me adjuntaba los datos de ubicación. Capilla del Monte.
La sola mención de este nombre encendió una luz roja en mi mente.
No tenía nada que perder, así que acepté la propuesta y en la semana entrante viajaría hasta Córdoba.
Las sombras se alargaban, la tarde quería hacerse noche, el alumbrado público comenzó a encenderse, el ocaso tiene la melancolía de todo aquello que se marcha, los adioses siempre son tristes.
—Estoy sentado en mi sillón predilecto casi en la penumbra, pienso cual será mi futuro inmediato, todo lo que se refiere a lo económico me tiene sin cuidado, los asesoramientos sobre cerámica me permiten un pasar bastante cómodo e ir creando un fondo de cobertura para un futuro que aun veo lejano. La preocupación es otra, mi vida sentimental que esta trunca, los años pasan y con ellos se va la juventud, después se empieza a vivir en soledad que es mala consejera.
Estaba inmerso en esos pensamientos, cuando suena el timbre.
—Debe ser el vecino que necesita algo, dejé el sillón y abrí la puerta, el corazón me dio un vuelco, delante mío había unos enormes ojos negros.
¡Fernanda has vuelto! Se arrojó en mis abrazos y comenzó a llorar, la dejé que llore, la retuve junto a mí y besé sus lágrimas, se fue calmando, nos sentamos juntos y esperé que hablara cuando estuviera dispuesta.
— ¡Viste que volví! no te imaginas lo que te he extrañado, todo este tiempo ha sido para mí un suplicio, hasta llegue a pensar que cuando volviese ya no me querrías, de ser así no se que hubiera hecho.
—Nunca dudé de tu promesa sabía que ibas a volver, no me equivoque y estoy feliz de que estés otra vez conmigo, esta casa se llenó de tristeza cuando te fuiste.
¿Viniste aquí primero o pasaste por casa de Alcira?
—Vine directo para aquí, en la estación me tomé un taxi y aquí estoy tenía muchas ganas de verte, fue un viaje largo la verdad estoy cansada, por suerte todos los problemas están resueltos, en otro momento con más calma te contaré cuales eran mis penas.
—Si quieres me cuentas y si no es lo mismo, me basta con que hayas vuelto.
—Quiero darme un buen baño y ponerme cómoda, ¿Terminaste las cabezas? ¡Mira lo que te pregunto, debo estar medio loca!
—Están en el horno, mañana te las muestro y ahora anda y bañate, después seguimos con la
Charla.
Ahora todo daba un giro de 180 grados, con la presencia de Fernanda era necesario hacer un replanteo de lo posible en el futuro inmediato.
Fernanda antes de irse, había solicitado en la empresa donde trabajaba una licencia de un par de meses, aduciendo razones de índole familiar. La obtuvo debido a su excelente foja de servicios, estaba considerada como muy competente y de suma confianza. Es decir que para que el permiso finalizara aun restaban dos semanas. Tenía 15 días por delante que me encargaría de que fuesen inolvidables.
Estas especulaciones hacía Claudio considerando el viaje a Córdoba, imaginaba una especie de luna de miel festejando el regreso de Fernanda.
Luego de ese baño reparador envuelta en un toallón, se dirigió al dormitorio a terminar de vestirse, desde allí le preguntó a Claudio si tenía pensado salir.
—Si quieres vamos a comer algo.
—Bueno, pero por aquí cerca ¿no es cierto? entonces me calzo unos vaqueros y una remera. ¿Te parece? mi amor.
—Te pongas lo que te pongas siempre vas a estar preciosa.
—Ya me estas volviendo loca, no sigas porque nos quedamos, ya sabes para que.
—Ja, Ja, no me digas, por eso no te aflijas, ya llegará el momento.
—Aquí estoy bañadita, me puse el perfume que te gusta. ¿Dónde vamos?
— ¿Quieres comer empanadas?
— ¡Si, eso quiero! entonces vamos al Fortín Salteño ahí en Cabildo que está cerca; vamos caminando.
Salieron, Fernanda se colgó de su brazo, la pareja feliz se había reencontrado.
Se sentaron en una mesa en la vereda, el local es bastante chico pero las empanadas son un manjar, famosas en Buenos Aires y alrededores, comieron varias acompañadas por un vinillo de Cafayate. En el camino de regreso tomaron un café en “La Farola” lo decidieron cuando pasaban por la puerta y se tentaron, era lo que les faltaba un café.
Habían transcurrido desde que salieron casi tres horas, ya era media noche, decidieron volver, caminaban lentamente tomados de la mano.
— ¿Me extrañaste Claudio?
—Claro que te extrañe y mucho, lo único que me tranquilizaba era la certeza de que ibas a volver. ¿Y vos?
—No sabes cuanto te eché de menos, estas semanas fueron interminables, no veía la hora de llegar y decirte que nunca más te dejaré, ni un instante.
Caminaban por el centro parquizado de la Avenida García del Río rumbo a casa que está en la calle Vidal, muy cerca de Larralde.
—Tengo algo para contarte, la semana entrante debo viajar a Córdoba por algo que me han propuesto. Como la licencia que obtuviste en tu trabajo fue de dos meses, faltan quince días para su término, ese tiempo te habilita para que vengas conmigo, seria como una luna de miel en las sierras cordobesa. Nos alojamos en un hotel y mientras yo atiendo mis asuntos te dedicas a conocer el lugar y cuando vuelvo lo hacemos en pareja. ¿Qué me dices?
— ¡Qué eres un amor! y que te seguiría hasta el fin del mundo.
Estaban llegando a casa, parecían dos adolescentes enamorados.
Esa noche, que podíamos llamar la del reencuentro, fue tan ardiente y fogosa como aquella primera vez y otras que ya habían vivido. La pasión estaba intacta, el amor fortalecido. Exploraron todo lo posible y lo imposible en las formas que conducen al placer. Se amaron hasta que el cansancio pudo más que sus deseos y ambos se durmieron.
Seguían abrazados cuando asomaban las primeras luces de la aurora.
Era bien entrada la mañana cuando Claudio despertó, Fernanda seguía abrazada a él. Alcanzó a ver el reloj de la mesa de luz ¡Las diez de la mañana! El sueño había sido tan profundo que ni siquiera se movieron. La besó en la boca, dos veces, hasta que abrió los ojos.
— ¿Qué hora es, mi amor?
—Las diez de la mañana. Tenemos que ducharnos, ¿Quieres que te jabone la espalda?
— ¡Bueno, vamos!
Fueron ambos, de verdad se jabonaron y no solo la espalda, pero después de algunos escarceos privó la cordura; se enjuagaron y lo que se había insinuado no pasó a mayores.
Desayunaron, los dos eran materos, Fernanda se encargó de la tarea, mientras se calentaba el agua preparó el mate e hizo tostar unas rebanadas de pan de salvado y las colocó en un plato para ser untadas con manteca y mermelada.
— ¿Quieres ir a saludar a tu prima Alcira? preguntó Claudio, mientras saboreaba un mate.
—Si tengo muchas ganas de verla, la llamaré por teléfono para ver si esta. ¿Me llevas?
—Por supuesto, yo también tengo deseos de saludarla y darle un beso. Cebó el mate y se lo alcanzó, mientras ella lo tomaba, untó un par de tostadas con manteca y algo de mermelada.
Tomaron un par de mates más, lo suficiente como para comerse las tostadas. Un desayuno liviano considerando que ya era mediodía.
— ¿Quieres ver mi obra de arte? le dice Claudio y ante la mirada inquisidora de Fernanda, le dice ¡Las cabezas! vamos a ver el horno, fueron al taller, Claudio abrió la puerta ahí estaban las mellizas, idénticas, faltaba el color pero aun así eran una belleza.
— ¡Son preciosas Claudio! y que parecidas.
—Claro son gemelas más que mellizas, ahora hay que pulirlas y darles color, después la cocción final a más de mil grados.
— Te felicito, ¿Cuándo le darás el color?
—Cuando volvamos de las sierras.
—Tienes que llamarla a tu prima, no te olvides.
—Ahora mismo la llamo, tomó el teléfono y llamó, entró el contestador y la voz de Alcira. Hoy vuelvo a las 21 horas, deje su mensaje.
—Seguro que tiene turno de tarde, Claudio te sugiero algo a ver que te parece. Si a las nueve de la noche la esperamos en la puerta de la casa y la invitamos a cenar, se va a poner contenta.
—Me parece bien, esta noche le damos la sorpresa. Ahora ¿quieres que pida una pizza?
—Buena idea, a mi me gusta de muzzarella y morrones.
—Tenemos el mismo gusto, es la que más me agrada. Ya mismo la pido, le dijeron que en media hora la traían.
—Fernanda preparó la mesa y mientras esperaban la pizza le pidió a Claudio que se sentara junto a ella. Te voy a mostrar algo Claudio, es un recorte periodístico de un diario de Santa Rosa, le alcanzó una hoja que tenía prolijamente doblada.
Claudio un tanto sorprendido, leyó lo que decía.
“Trágico accidente en la ruta 5 a la altura de Lonquimay, en la provincia de La Pampa, un automóvil se estrelló contra un camión que estaba detenido en la banquina, los dos pasajeros del coche resultaron muertos en forma inmediata, debido a los múltiples traumatismos producidos por la violencia del impacto. Según informaron las autoridades policiales, el camión fue embestido desde atrás y el coche se introdujo debajo del acoplado. Se especula con que el conductor del vehículo siniestrado perdió el control por haberse quedado dormido, según los documentos encontrados se trata de Ernesto Aranguren de 38 años oriundo de Toay y Elena Santángelo de 35 años de la misma ciudad. Interviene en el caso la comisaría de la ciudad de Lonquimay”
— ¿Y esto que significa? preguntó Claudio.
— Este fue el motivo de mi imprevista partida, llamaron por teléfono al número de Alcira, era mi hermana me puso al tanto del accidente y me pidió que fuera.
Claudio quiero que sepas todo, para dejar aclarada mi situación y sepas porque mi vida en Toay ha sido poco menos que un calvario.
Este tipo que murió en el accidente fue el marido de mi hermana, varios años, ella estaba loca por el y no sabía que era mala persona, no solo ella nadie lo sabía. Se casaron compraron una casa, el era muy inteligente y manejaba mucho dinero, la familia estaba contenta.
El primer año de matrimonio todo marchaba sobre rieles, mi hermana se había convertido en una señora adinerada, había accedido a una vida a la que no estaba acostumbrada, no obstante nunca hizo alardes de grandeza y su relación con la familia se mantuvo como siempre. Yo soy unos años menor que ella. Un día, ya había pasado poco más de un año fui a visitarla, como tantas veces lo había hecho, Marcela mi hermana no estaba, él me dijo que había ido al médico y que no tardaría mucho, me invitó a entrar para charlar un rato hasta que ella llegara. Obviamente acepté sin ningún reparo como otras veces.
Pero esta vez no fue así, ni bien entré él cerró la puerta y me abrazó de atrás, intentó besarme diciéndome que lo tenía loco, que me quería que no soportaba más a mi hermana y que sabía que yo pensaba lo mismo.
¡Estás loco! le grité ¡Sos un degenerado! Me empujó contra un sofá en el living con claras intenciones de poseerme, estaba como loco, forcejeamos, comencé a gritar enloquecida, fue lo que me salvó, porque me tapó la boca con una mano, eso me liberó en parte, lo suficiente para darle un rodillazo en los testículos con todas las fuerzas que da la desesperación, tan fuerte fue el golpe que lo dejó paralizado. Me soltó y se tomó con las manos el lugar golpeado. ¡Hija de puta! ¡Te voy ha matar! me gritó. Desesperada salí corriendo y no me detuve hasta que llegué a mi casa.
Nunca se lo conté a mi hermana ni a nadie, salvo Alcira que es la única que lo sabe.
Esto sucedió hace seis años yo tenía veintitrés, noviaba con un chico que gustaba de mí pero yo no lo quería, esta relación duró muy poco. Lo sucedido cambió mi carácter me volví hosca y desconfiada, estaba temerosa, vivía con miedo, él sabía que yo jamás le diría a mi hermana lo sucedido.
Cuando se produjo la muerte de mi tío el papá de Alcira, tuve la oportunidad de escapar de Toay y tratar de empezar otra vida y sin pensarlo mucho me tomé un ómnibus y me vine. Alcira me recibió como una madre, por eso es que la amo.
Mi hermana poco a poco se fue dando cuenta de con quien se había casado, se enteró que la engañaba, con cualquier pollera.
Se hartó de el y el amor que en un momento sintió se convirtió en odio, pero odio de verdad.
Sin demostrárselo se asesoró con un letrado de confianza y este le aconsejó que antes de hacer nada obtuvieses pruebas contundentes de la infidelidad, para lo cual la asesoró de como debía hacerlo y más, le ofreció los servicios de expertos en el tema.
Así lo hizo, en poco tiempo tenía un arsenal de pruebas documentadas con fotos y hasta películas, con un agravante, también se comprobó la presencia de drogas.
Luego el letrado se hizo cargo y fue enjuiciado.
El abogado que lo defendía, al tener conocimiento de la contundencia de las pruebas le aconsejó hacer cualquier trato, de lo contrario terminaba en la cárcel y por largo tiempo.
Y así fue que Marcela se quedo con los bienes que la justicia consideró que le correspondían y legalmente divorciada. Él juró bajo palabra que no debía acercarse a ella a riesgo de ser encarcelado.
No obstante continuó con su vida disipada, pero a mi hermana jamás la molestó, sin embargo yo para él era algo pendiente y siempre le tuve miedo. Fue la razón porque me vine a Buenos Aires. Todo esto podía habértelo contado antes de irme pero no me animé, tenía temor que no lo comprendieras, preferí irme a riesgo de perderte. Mi hermana es joven tiene treinta y tres años, por suerte no tuvieron hijos, quizá pueda reconstruir su vida, aunque tenga que irse de Toay. Quería estar junto a ella cuando conocí la noticia de la muerte de este tipo y ofrecerle mi ayuda si la necesita, pero me dijo que no, que me lo agradecía, pero si algún día decidía venir a Buenos Aires me avisaría.
Esa es mi historia Claudio, mi pasado está blanqueado, no tengo nada más que ocultar lo demás ya lo conoces.
Sonó el timbre, era el delivery que llegaba con la pizza, la recibieron y pusieron en la mesa. Claudio trajo una botella de vino Malbec, sirvió ambos vasos, levantaron las copas y el brindis fue por un futuro sin sombras del pasado y lleno de amor y de felicidad. También se besaron.
Luego dieron cuenta de la pizza, que estaba muy sabrosa.
Levantaron la mesa, eran las cuatro de la tarde, una tarde muy agradable un sol cálido que invitaba a gozar de un paseo por lugares arbolados donde el verde es el color dominante.
—Fernanda te propongo lo siguiente, vistámonos, abordamos el coche y nos vamos, te llevo hasta San Isidro así conoces el hipódromo y parte de la zona norte de Buenos Aires, después vamos hasta Flores donde aguardamos que llegue Alcira. ¿Estás de acuerdo?
—Encantada, me gusta tanto pasear y conocer lugares, para mi esos paseos son como un regalo que me halaga, como si me obsequiaras un perfume o un anillo o un beso como el que me vas a dar ahora, y sin más se abrazó a el y el beso fue muy largo.
Claudio sacó el auto de la cochera y partieron, fueron por García del Río hasta Cabildo y por esta hasta cruzar General Paz y continuar por Maipú hasta Malaver ya en Olivos, es la esquina donde comienza la quinta presidencial, dobló a la derecha y bordeando la residencia oficial fue hasta Libertador, mientras le iba diciendo a Fernanda por donde circulaban.
—Todo este predio que está circundado por ese largo paredón, es la residencia presidencial que fue donada al estado nacional en 1918 por su último dueño Carlos Villate Olaguer.
En la donación se dejó como condición expresa que el uso de la residencia debía ser permanente de cualquier presidente que asumiera el máximo poder en el país, de lo contrario caería dicha cesión. Esto fue aceptado por decreto del presidente Yrigoyen en 1918 y en 1920 ante el juzgado civil. Desde ese entonces todos los presidentes en ejercicio tienen fijada su residencia en este hermoso lugar.
— ¡Es enorme Claudio! son varias manzanas.
— Más o menos veinte, es un lugar que tiene una rica historia, la casa principal fue construida en 1854, obra del arquitecto Prilidiano Pueyrredón y sus dueños fueron familias de selecto linaje.
Por Libertador hacia el norte uno de los corredores más aristocráticos de la zona, con residencias espectaculares que se extiende desde la avenida hasta la barranca que orilla el Río de La Plata y continua hasta casi llegar al municipio de Tigre.
Al llegar a la calle Alvear en Martínez, tomó por esta arteria hasta llegar a Santa Fe, dobló a la derecha y siguió hasta Dardo Rocha donde comienza el hipódromo de San Isidro, esta calle parquizada corre paralela al circuito de uno de los hipódromos más bellos de América, en su ladera opuesta proliferan restaurantes de categoría, ocupando lugares que en tiempos anteriores fueron caballerizas y hoy son casas de comida. Un lugar típico con afluencia turística.
La tarde se prestaba para este tipo de paseos, un sol brillante una temperatura agradable. Circulaban lentamente gozando del paisaje, sin siquiera intentar un diálogo, hay momentos donde las palabras están demás, no hacen falta. Es el tiempo de los ojos que registran lo que ven y lo guardan en la mente.
Accedieron a la autopista que los conectaría con la perimetral que circunda Buenos Aires como ya es costumbre atestada de vehículos que se mueven con bastante velocidad hasta llegar a General Paz la avenida circundante que es todo lo contrario, saturada y lenta.
— ¿Qué hora es Claudio? circulamos muy lento, ¿tenemos tiempo?
—Son las ocho tenemos tiempo suficiente. ¿Quieres oír música? ¿Te gusta Sabina?
— ¡No me digas que tienes algo de Sabina! es mi preferido.
—Por supuesto que tengo, para mí de los últimos años es el mejor entre los cantautores españoles. Escucha esto. “O tal vez esa sombra que se tumba a tu lado en la alfombra, a orilla de la chimenea a esperar, que suba la marea”
Siguieron escuchando a Joaquín Sabina hasta que se liberó algo el tránsito y pudieron llegar a Liniers, donde bajaron de la autopista para acceder a la avenida Rivadavia, donde el movimiento era normal y en pocos minutos llegarían.
Estacionaron en la misma cuadra cerca de la puerta de la casa eran nueve menos cinco. Alcira estaría por llegar, la esperaron dentro del coche, no tuvieron que aguardar mucho a la nueve y cinco la vieron venir caminando.
— Antes de que abriera la puerta bajamos del coche y Fernanda se acercó a ella en silencio y le tocó el hombro, se dio vuelta asustada. ¡Fernanda mi querida! exclamó al reconocerla.
Fernanda la abrazó y comenzó a llorar, ambas lloraban. Me mantuve en silencio esperando que se recuperaran, cuando Alcira reparó en mí, también me abrazó y me besó en la mejilla.
— ¡Que sorpresa! no esperaba verlos. Vengan pasen. ¡Estoy re contenta!
—Nos sentamos en el comedor, Alcira se notaba muy alegre, nos miraba sin decir palabra con una sonrisa dibujada en su rostro, me daba cuenta del cariño que sentía por nosotros y en particular por Fernanda. Pero también noté un dejo de tristeza, creo que estaba demasiado sola y que necesitaba una compañía en su vida ya madura y solitaria.
Sabía muy poco de ella solo lo que me había dicho Fernanda. Era una mujer relativamente joven, bien parecida, trabajadora y buena persona, tenía que saber más de ella, para encontrar una explicación que me dijese porque no estaba acompañada.
—Alcira, nuestra intención es invitarla a cenar, pero si está cansada y prefiere que pidamos algo para que cenemos aquí, para nosotros es lo mismo, lo que realmente queremos es estar un rato juntos ya que hace tanto tiempo que no nos vemos.
—Gracias Claudio, con la presencia de ustedes para mi es más que suficiente, en realidad estoy algo cansada, este día a sido bastante complicado en el hospital, pero si quieren pedir algo para cenar aquí para mi estaría bien.
—Bueno Alcira, usted debe conocer algún lugar en la zona que entreguen a domicilio. ¿Qué le gustaría comer?
— Para mí pizza y empanadas, no se ustedes que prefieren.
Para nosotros esta bien, dijo Fernanda, si tienes un teléfono a mano dámelo que hago el pedido.
—Fijate en la puerta de la heladera que hay varios imanes adheridos.
— ¿Que prefieres que te pida Alcira?
—Dos empanadas de jamón y queso y si ustedes piden pizza una porción es para mí.
— Claudio que te pido, Yo quiero pizza, ya sabes cual.
—Entonces una grande de jamón y morrones, ¿Y la bebida?
—La bebida yo la tengo, dijo Alcira.
Fernanda hizo el pedido. En media hora lo tienen le dijeron.
— ¿Cuándo llegaste Fernanda? no me dijiste que venías.
—Ayer, no te avisé porque quería darte la sorpresa, fui primero a casa de Claudio, para después venir con él a saludarte, y aquí estamos.
— ¿Cómo te fue en Toay? con todos tus problemas.
—Bien Alcira, podemos hablar libremente Claudio ya lo sabe todo, me siento liberada.
Mi hermana solucionó sus problemas y económicamente resultó favorecida, ahora intentará rehacer su vida, que sin duda se lo merece. Otro día con más tiempo te contaré lo sucedido con lujo de detalles.
—Cuanto me alegro por Marcela ojala que tenga suerte, Dios la va ayudar porque es buena.
Y usted Claudio ¿Cómo le ha ido en todo este tiempo? ha sido ingrato conmigo no me llamó nunca por teléfono.
—Tiene razón Alcira, hace bien en decirlo, aunque me duela, la partida de Fernanda tan imprevista me dejó descolocado sin saber que hacer por bastante tiempo, se que tiene razón usted no tiene culpa, le ruego me perdone, pero sepa que la aprecio aunque no la haya llamado.
—Ya lo se Claudio, usted tiene buena madera, pero yo soy un tanto quisquillosa y digo lo que siento.
Tocaron el timbre llegaban la pizza y las empanadas, Claudio fue a recibirlas y pagó el gasto.
Ya Fernanda había puesto en la mesa los platos, cubiertos vasos y bebidas.
Se sentaron, la pequeña familia estaba reunida. El número no importa cuando el afecto es el que reina.
Mientras comían, Claudio hizo el comentario del viaje a la provincia de Córdoba, el próximo domingo partirían, para poder el lunes, evaluar la importancia del ofrecimiento. En quince días estarían de vuelta para que Fernanda comenzara con su trabajo.
—Cualquier problema que usted tenga Alcira, no dude en llamarme al celular, de verdad se lo digo y si quiere saber como estamos, o lo que se le ocurra, llame que será bien recibida.
—Yo también te llamaré, agregó Fernanda.
—Ya es hora de irnos Alcira, usted a trabajado todo el día y necesita descansar. Nosotros nos vamos, mañana debemos preparar las cosas para el viaje, además tengo que hacer revisar el coche para no tener sorpresas, por lo tanto nos veremos a la vuelta, si Dios quiere.
Me levanté de la mesa y lo mismo hizo Fernanda, nos dirigimos hacia la puerta para irnos, Alcira nos seguía, nos dimos un beso y un abrazo, Fernanda y ella también lo hicieron, pero agregaron unas lágrimas.
Nos fuimos, despacio como habíamos venido.
— ¿Cómo la viste a tu prima? yo la noto triste.
—Es cierto Claudio, no es la misma, algo le está pasando porque siempre ha sido muy alegre, amiga de hacer chistes y ahora la veo apocada como si estuviera cansada o algo así.
—A me parece que está muy sola, hay épocas donde las personas deciden estar solas por propia decisión y en otras lo están por distintas circunstancias ajenas a su voluntad.
La soledad, salvo raras excepciones, es generadora de ansiedad, depresión y angustia,
Puede ser de tipo social que es cuando no se pertenece a grupos capaces de ayudar a resolver problemas o compartir intereses u otras cosas comunes.
Pero también puede ser emocional, cuando no existe la relación con otra persona que produzca seguridad y satisfacción.
A mi entender esto es lo que le está sucediendo, Alcira necesita relacionarse con alguien que llene ese vacío que la está dañando. No es fácil ya lo sé, pero no imposible.
Más te digo, tenemos que ayudarla para que “encuentre” esa persona.
— ¿Te parece Claudio? ¿Pero cómo?
—No se hay que pensarlo, quizá una forma sea salir con ella llevarla con nosotros que conozca gente, alejarla de la monotonía del trabajo y las costumbres que se hacen carne de tanto repetirlas, que se vista diferente y cuide su persona, que se mire en el espejo que no se menosprecie, está a tiempo todavía de formar una pareja. ¿Qué edad tiene?
—Alcira tiene 42 años.
— ¿Te das cuenta Fernanda? Está en la plenitud de la vida. Y además es buena moza.
Circulábamos por Juan B Justo, iríamos hasta Cabildo y luego por esta hasta Larralde, un trecho más y estamos en casa.
Como de costumbre la calle se muestra solitaria, no veo nada raro, no obstante doy vuelta a la manzana, todo está igual, subo el coche a la entrada del garaje y bajo, abro el portón y entro el coche, luego vuelvo a bajar y cierro el levadizo. No lo tengo automatizado porque es demasiado lento. Tengo que enseñarle a manejar a Fernanda, así ella entra el coche y yo me encargo del portón. Parece mentira que haya que tomar estas precauciones, pero son los tiempos que vivimos.
— ¿Quieres ver televisión, o tal vez una película? o quizá quieras escuchar música, ¿qué es lo que prefieres Fernanda?
— ¿Tienes música lenta, boleros por ejemplo? tengo ganas de bailar bien apretaditos, casi en la penumbra. ¿Tienes algo así?
—Seguro que si algo debo tener, espera que me fijo, busqué en el iPod, encontré un popurrí de temas, aquí tengo pero son de antes, son los románticos de los sesenta y setenta.
— ¡Siii! me encantan.
Comenzaron a bailar, Fernanda le rodeó el cuello con ambos brazos y el la atrajo tomándola por la cintura unieron sus cuerpos y se dejaron transportar por la cadencia de la música, los ojos cerrados y los oídos oyendo la voz de Dyango, interpretando “Regálame esta noche” Raúl Shaw Moreno en “Una aventura más” y “Contigo” con el trío Los Panchos. También Fred Bongusto cantando “Qué bella idea l'amore con te”
Se besaron la música siguió sonando ya no la oían, se sumergieron en el mundo irreal de la pasión descontrolada donde los sentidos se desbordan y ya no importa nada, que no sea encontrar el placer que está escondido en el sexo y ambos fueron a buscarlo. La música acompañaba. Curiosamente se oía a José Luis Rodríguez que cantaba “De punta a punta”
Llegó el día domingo, el proyectado viaje a Capilla del Monte estaba a punto de comenzar
ya Claudio se había ocupado de ir cargando los bártulos que Fernanda le alcanzaba, las mujeres son especialistas en seleccionar los elementos necesarios para cuando se emprenden viajes como el que en pocos momentos más iban a emprender, ropas, calzado, perfumería, medicamentos, cámara fotográfica, filmadora, todo estaba contemplado. Del vehículo se ocupó Claudio, el control mecánico estaba hecho, gomas nuevas, frenos controlados, documentación al día. Como debe ser para no tener problemas.
Y partieron, las nueve de la mañana de un domingo refulgente. Panamericana, ruta 9 Rosario. Primer objetivo, se detuvieron para almorzar y cargar combustible.
Un almuerzo frugal regado con gaseosas.
El segundo objetivo era Córdoba, Claudio estimaba llegar cuando se avistaran las primeras sombras de la noche, no se equivocó eran las 19 cuando entraron en la ciudad capital.
Se alojaron en un hotel situado en la avenida Amadeo Sabattini, el coche lo dejaron cargado en las cocheras privadas del hotel que pertenece al Automóvil Club Argentino, donde Claudio es socio. Esa noche se quedarían en la ciudad y al día siguiente irían a Capilla del Monte que está a 110 kilómetros de distancia.
El viaje realizado fue bastante cansador, muchos kilómetros conduciendo terminan afectando la resistencia física y mental del conductor. Claudio era conocedor de los límites que impone la prudencia en el arte de conducir, máxime en rutas largas donde la monotonía del paisaje termina por saturar los sentidos y es imperioso el descanso.
Fernanda no opuso ningún reparo cuando él le dijo que tenía ganas de dormir, ella también estaba cansada.
Al día siguiente bien temprano, ambos se ducharon, se vistieron y fueron a desayunar en el mismo hotel, luego Claudio pagó la cuenta de lo consumido y también de la estadía.
Fueron a la cochera a buscar el automóvil y partieron.
Por la avenida Colón empalmaron otra llamada Ejército Argentino o ruta 20, hasta la nacional 38 y por ella a Capilla del Monte, en el Valle de Punilla. Más o menos demorarían dos horas en llegar yendo a marcha moderada.
—Fernanda, te voy a confesar algo, no es nada preocupante, solo una inquietud que tengo de hace tiempo. La invitación de mi amigo para que lo visite es cierta, aunque tengo serias dudas de que en este lugar una fábrica de cerámica sea rentable, para mí es una utopía.
Pero me ha servido de escusa para hacer algo que hace mucho tiempo he deseado y por distintos motivos no he podido. ¿Has oído hablar sobre el cerro Uritorco?
—Algo, lo relacionan con la teoría de los extraterrestres.
— ¡Exacto! Te cuento: Hace un tiempo conducía mi automóvil por la ruta 226 desde Balcarce hasta la ciudad de Bolívar en la provincia de Buenos Aires solo sin compañía, serían las tres de la mañana estaba con sueño tenía miedo de dormirme.
Detuve el auto en la banquina para hacer lo que hice tantas veces, que consiste en empujar el coche varios metros, el esfuerzo físico hace que aumente el ritmo cardíaco y la sangre comienza a llegar al cerebro en la cantidad adecuada y el sueño desaparece. Cuando termino de hacer esto y me dispongo a subir al auto, encima de mí no se precisar a que distancia, aparecen cantidad de luces que se prenden y se apagan, están como suspendidas en el espacio, me asusté, en la inmensidad del lugar sola mi alma, no era para menos. De pronto a una velocidad vertiginosa se ponen en movimiento y desaparecen, pero no apagándose si no recorriendo cientos de kilómetros, no exagero, en menos de un segundo. Quedé paralizado no salía del asombro, había oído relatos de casos de ese tipo pero siempre lo atribuí a fantasías delirantes. A partir de ese momento empecé a interesarme en los ovnis, he leído bastante al respecto y hay muchos testimonios como el mío, aunque yo no lo hice público por temor a que me traten de loco. Las historias del magnetismo que se cuentan del Uritorco me apasionan, como la creencia en la intraterrena Erks la ciudad metafísica, que existiría en las entrañas del cerro.
—Es cierto Claudio, yo no he visto nada parecido pero sí he escuchado en Toay contar algo similar a lo que dices haber visto, y gente de mi amistad que es bien cuerda y que estaban asombrados.
— ¡Qué Bueno Fernanda! Me satisface que me des algo de crédito, temí que me creyeras demente. Iremos juntos a escalar el Uritorco y cuando estemos en la cima haremos el amor como nosotros sabemos. ¿Cómo lo harán los extraterrestres, lo imaginas?
—Quien sabe, si nos ven tal vez se copien de nosotros, ja, ja.
A las diez de la mañana llegaron a Capilla del Monte. Cerca, majestuoso se veía el cerro Uritorco.
8 years, 12 months ago
Maximiliano93
¿Cuál es el diparador? ¡Sigue el mismo o ya cambio?
Maxi, éste es el disparador actual: “Historia que en algún momento se de bajo la lluvia”.
¿Andás pensando en participar por acá? Estaría bueno, que te quiero leer otro cuento largo. Yo también lo haré pronto.
8 years, 12 months ago
¡Nueva consigna!Situación: Libre
Pueden escribir la historia que se les ocurra.
Vigi, voy a leer la segunda parte de “Fernanda”
8 years, 11 months ago
Vigi, leí la segunda parte. Por fin pude saber qué era lo que realmente pasaba… Ahora me quedo tranquila; aunque te digo, que esa historia pasa a ser parte de un libro, ¡qué manera de escribir compañero!
8 years, 11 months ago
Anittaa
Vigi, leí la segunda parte. Por fin pude saber qué era lo que realmente pasaba… Ahora me quedo tranquila; aunque te digo, que esa historia pasa a ser parte de un libro, ¡qué manera de escribir compañero!
Hola ani. Es un libro, ya tiene 30.000 palabras.las situaciones son muy cambiantes, se conectan entre sí y cuando parece llegar el fin aparecen nuevos personajes.¿Conoces el Uritorco? Fernanda y Claudio lo están escalando. Ya te contaré. Vigía.
8 years, 11 months ago
vigia_2010
Hola ani. Es un libro, ya tiene 30.000 palabras.las situaciones son muy cambiantes, se conectan entre sí y cuando parece llegar el fin aparecen nuevos personajes.¿Conoces el Uritorco? Fernanda y Claudio lo están escalando. Ya te contaré. Vigía.
No lo conozco, pero no faltará ocasión…
Chicos, recuerden que la consigna esta vez es libre, pueden escribir sobre cualquier cosa.
8 years, 10 months ago
Además de estar luchando a mezcalazo partido contra la humedad reinante, que desde el Viernes no cejan en su empeño por ahogarnos sendos chubascos y borrascas, también soy distraído: mas bien ido a la realidad en para lelo, separando el término en dos palabras porque también soy lelo.
Así fué cómo llegando a éste subForo leo que ESCENAS DE TERROR y leyendo pabajo guiado por la Curiosidad (tan impredecible por ser dama) llego CON EL SOL EN ACUARiO.
No pude dejarlo hasta el final. Incluso estuve a punto de sugerir a Nes (¿pariente Elliot?) que pidiera a la Josefina hacerle su Retorno Solar para ver cómo le pintaba el año con sus impredecibles minas, amén de ver en Gary Cooper al PERSONAJE DEL OESTE solicitado ··· un momento! ¿No solicitaban ESCENAS DE TERROR?
Revisando las fechas (que siempre me hacen cada jugada por mi inexistencia en el Tiempo) no sólo capto que leo algo del 30/10/2011, sino que éste subforo anda en el 19/03/2012 (y yo en la Luna, pa variar) según la última nota de Atara (Hola como estás? y FELiCiDADES por derrotarnos a frase limpia).Pregunto: ¿Siguen vivas las ESCENAS DE TERROR? y me voy A LA CENA para CENAR algo de LA ALACENA. ¿No gustan? Provechito!
8 years, 5 months ago
Gracias Anitaa, me honras con la que me propones! Veo que el tema está muerto porque nadie ni naiden ha puesto UNA SÓLA LETRA de las aparentemente intimidatorias 3,500 palabras (ya ni digamos 5,000) y que'l Tiempo sigue pasando con todos los Ases en su mano;
y que lo que provoca Terror a la mayoría me dá risa a carcajadas (hasta me sacan del cine), propongo otra consigna parecidona SI la apruebas, claro:
Que contenga ESCENAS de APARiCiONES (si dan miedo, gusto, enamoran, etc. ahí cada quien su idea)
8 years, 5 months ago
JEAN LOUP Es que no andas por la Luna sino por el mezcal… Decime ¿no hay posibilidad de mandar algo por la web? Abrazo. Yo veo doble sin el peyote así no que no habría mucha diferencia———- Mensaje agregado a las 18:25 ———- Mensaje anterior a las 18:23 ———-JEAN LOUP Me parece que ya estás pasado de mezcal, compañero. Le contestaste a un mensaje de Anittaa de Julio del año 2008. Esa esa escena de aparición…
8 years, 5 months ago
Gracias Jean Loup por tus consideraciones acerca de “Con el Sol en Acuario”, me alegra que no pudieras dejar de leerlo hasta el final. Es muy interesante tu idea de armar un concurso que contenga ESCENAS DE APARICIONES. me gusta el tema, pero 3500 palabras es un desafío demasiado importante. No sé si muchos se atreverán a encararlo. ¡Y no le hagas caso a Lidy que se confunde las fechas!
8 years, 5 months ago
nesravazza
¡Y no le hagas caso a Lidy que se confunde las fechas!
Claro que Sí le hago caso, mi realidad tan virtual es capaz de todo. Le contesté en privado que no podía pero ya puedo comentar, después de la mala idea de cambiar mi correo que me sacó de la jugada un ratote. ¡Un abrazo y anímate! Por la forma que escribes ni 10,000 palabras te arredran.
8 years, 5 months ago
nesravazza
me gusta el tema, pero 3500 palabras es un desafío demasiado importante. No sé si muchos se atreverán a encararlo.
Pasaron cinco días y apenas voy a la mitad de 5,000 palabras. No es escribirlas lo que tarda, sino “corregir herrores”, taipos como dicen cuando “la costra se pone porosa”, mi teclado con letras borradas y mis dedotes que abarcan tres teclas con una huella ··· ahí mero, ya merito!
8 years, 5 months ago
Por fin escribí mi primera larga historia. Nada fácil mantener el hilo entre miles de palabras, espero les guste:
¿SUERTE?
Sabido es que los humanos somos dados a confundir nuestra imaginación con la realidad. Gracias a escritores como Maquiavelo y los hermanos Grimm, alimentando nuestras paranoias a letrazo entintado, olvidamos que la realidad antecede los libros y que además, los rebasa ampliamente.
La realidad nos trajo a ésta vida, bajo la tutela de adultos que la olvidaron; con su mejor intención nos cuentan historias terribles para que dejemos de darles lata. A cierta edad, nos hacen aprender los símbolos que nos cuentan dichas historias; símbolos que perdieron la magia de nuestras manos, al replicarlos indiscriminadamente un autómata llamado Imprenta. Después, nos ingresan a la Escuela, verdadero templo de ignorancia y cárcel del saber, donde rematan nuestra intuición convirtiéndonos a la Ciencia.
Así llegué a los veinte años, sabiendo todo porque ignoraba la realidad. Cuando Samuel el Tigrero dijo, que antes de buscar al jaguar en el monte, había que poner una ofrenda para pedir permiso al Dueño, ni caso hice de tal mito ni pregunté quién era tal Dueño. En mi cumpleaños al día siguiente, la realidad me obsequió una bala en la columna, fiel compañera hasta hoy día. No quedé paralítico de la cintura para abajo -“porque está protegido, Don”- decía aquel supersticioso Tigrero conservado en alcohol hasta la tumba. ¿Suerte?
Tres Lunas pasaron mientras abandonaba la cacería para empuñar, tanto a los pinceles mis nuevas armas como a mi primera pareja: la pintora de mi vida. Un Domingo iniciando la onceava Luna, vendí todos nuestros cuadros del Jardín del Arte. Después de celebrar con mis amigos hasta la medianoche, tomé el autobús hasta San Juan del Río. Cuando mochila al hombro bajé a buscar transporte para Tequisquiápan, puse pié en un pueblo fantasma a puerta cerrada. La impaciencia por sorprender a Concepción con tan buena nueva, me puso a caminar los diecinueve kilómetros entre San Juan y Tequis.
Una hora más tarde comenzó la helada del altiplano. Saqué de mi mochila una muda sucia para vestirla sobre mi ropa. Ni con chamarra doble dejaba de tirritar por tanto frío. A lo lejos apareció la punta amarilla de una tienda de campaña, posiblemente de obreros ferrocarrileros o petroleros. Pensé acercarme y pedir un café calientito, aprovechando la tradicional solidaridad rural.
Sin aviso, la punta de aquella tienda de campaña alzó el vuelo para venírseme encima, formando dos macabros ojos huecos y una sonrisa sarcástica, mientras mis pies sacaban de sabe dónde, raíces tan profundas que me anclaban al piso y hasta el aire me faltaba. Ante tan inesperada aparición razoné -“pero si éstas cosas no existen”- logrando arrancar un pié de sus raíces y avanzar otro paso, para darme de narices con una señal de curva.
Hasta la fecha no sé si fué el miedo o la risa quien doró mis calzones; una risa histérica e incontenible que me quitó desde el miedo hasta el frío y la modorra. Aquella madrugada sin Luna, sus estrellas alumbrando mi camino desde condensada bruma, mi visión nocturna sin percepción de profundidad y la mente amodorrada por celebración y cansancio, un auto que encumbró la lejanía con faros encendidos, iluminó desde la punta mi letrero de curva inmediato, pareciendo que algo lejano alzaba el vuelo y se me venía encima con intenciones nefastas. Tan racional explicación, dejaba a un lado que la supuesta nefastez ¡era mía, creada por mi mente! y covenientemente la guardaba en el olvido para ignorar mi realidad, junto a otros percances igualmente reales y también ignorados. Como mi bala cumpleañera de más arriba; o como cuando en anterior cumpleaños, quemaron todo mi sistema digestivo:
En Pamplona y sin saberlo, era piloto de pruebas del matasanos local: o me curaba el sarampión saturándome con sulfas, o el sarampión se buscaba otro que aguantara tan sulfurosas pruebas. La Ciencia médica debía seguir su ignorante curso y los conejillos de indias no andábamos precisamente escasos.
Cumpliendo siete años, mi presente fué que si bien me había curado del sarampión, tanta sulfa en realidad me estaba matando irremediablemente: restaba con una semana por ésta vida, a lo más. Mi tío Otto el comando aviador, tomó los controles de una Tante Ju Ibérica con lámina acanalada y tres motores, para volarnos a Madrid de emergencia. Allá, aparerció otro matasanos y compadre de mi padre, recién arribado desde un Tibet donde ni las sulfas conocían. También me tomó como su piloto de pruebas, saturándome con arroz; mientras, esperaba su turno hacia las Américas como adivino con turbante, entre calles repletas de gitanas morenas y la buenaventura galopando por las líneas de la mano.
Regresamos a Pamplona por dos años más; el primer año desayunando arroz, comiendo arroz y cenando arroz. La única opción al arroz era agua y toda la que quisiera, hasta éso: cual conde de Montecristo asilado sin pagar renta en el Château d'If. Después, nos mudamos a Madrid otros cuatro años; poco a poco empecé a comer algo más que arroz y agua. Sesos, hígado, salmonete, merluza ··· pero las ensaladas y verduras crudas casi ni las digería. Las papas (patatas) me encantaban, las frutas ni digamos. El chocolate, la crema chantilly, los huevos de gallina ··· bueno: todo lo que más me gustaba, o estaba estrictamente prohibido, o si lo probaba era volver a empezar desde arroz y agua (no es que ni aprecie al conde de Montecristo, palabra: sino que me gusta la variedad y soy alérgico a la monotonía gastronómica. Ahora, cuando como arroz me pongo amarillo y se rasgan mis ojos como alcancía. Hasta hablo en chino de repente).
Llegando a México cumplí trece años y podía comer bastante de todo, exceptuando huevos y chocolate. Al empezar a comer la cocina mexicana, quedé totalmente curado hasta hoy. ¿Suerte?
También guardé en el olvido, la ¿suerte? que apareciera Ubaldo para enseñarme a conducir mi primer auto: la Dauphine. Ubaldo era piloto amateur de rallies y me enseñó cómo bombear el pedal de freno cuando se bloquean las ruedas; cómo derrapar la curva a contravolante con el acelerador; cómo proteger los ocupantes, colocando el golpe cuando es inminente e inevitable estrellarse, sin involucrar otros autos en circulación; y cómo reaccionar sobre terreno flojo o resbaladizo. Al pasar de los años, apliqué ocasionalmente sus enseñanzas; percances de carretera en su mayoría.
Aflora la superficie de mi olvido, cuando me encargaron una finca bananera sobre la ribera del río Grijalva, sin puente a la otra ribera ni al resto de la civilización. Era un Viernes por la noche y regresaba del banco desde Villahermosa, con la raya del Sábado para los jornaleros y la prisa por llegar a cenar. Al rebasar un taxi lleno por el carril contrario, encendí las altas pasando junto él y de frente en mi carril, apareció tremendo bordo de grava con brea color carretera, el velocímetro de mi Datsun marcando 120 kilómetros, una cerca de árboles a nuestra izquierda y el mentado taxi a mi derecha; por mi mente cruzaban mensajes simultáneos: desde -“¡No alcanzas a frenar ni con chochos!”- pasando por -“No involucrar otros autos en circulación”- hasta el tan irreverente -“Ni pedo, Alfredo”- que desató mis carcajadas histéricas. ¿Cómo, a punto de matarme, lo último que pensaba era: Ni pedo Alfredo?
Un impacto como cañonazo me lanzó contra el techo y me quitó la risa ipso facto. Centré al volante agarrándolo hasta con los dientes, mientras una bruma dorada impedía ver el exterior del parabrisas. Durante una eternidad, se fué acercando poco a poco un lejano chirrido de ruedas hasta ensordecerme y con una sacudida se inmovilizó la Datsun, silenciando todo alrededor mío y disipando la bruma. Afuera, un par de luces se me venían encima: quedé inmóvil en sentido contrario ¡invadiendo el carril del taxi! que frenó a un centímetro de propinarme otro impacto más.
Tomando tremenda bocanada de aire, pude al fin soltar el volante. Algo atorado en mis pies me dificultó salir de la Datsun, antes de preguntar al taxi si todos estaban bien. Tenían los ojos desorbitados por éste susto que les cortó la farra; el chofer era hijo de don Alfonso, ganadero prominente amén de cacique en la comarca y buen amigo, dueño fanático de un LandRover año cincuenta y seis al que yo daba mantenimiento.“Cuando usted Ingeniero, se estampó contra el camellón de grava, nos pasó encima del motor girando como trompo volador, para adelantito caer de reversa, equilibrado en dos ruedas sobre dicho camellón. Hasta apostamos si volcaba entre los árboles o caía sobre la carretera. Gané porque sé cómo maneja y aposté a la carretera.”- me contó contento, mientras una punzada subió desde mi tobillo izquierdo, para dolerme tanto que desvanecía mi vista. Mientras, uno de los desorbitados entró a la Datsun para quitarla del camino.-“No se vá poder”- nos informaba –“porque pedal de embrague no hay y pedal de freno tampoco hay.”
Salió para dejarme asomar. Donde normalmente iban los pedales, nada más había un gran agujero negro sin nada de piso. Salí para ver la Datsun desde afuera, los faros del taxi ayudando la luz de Luna: ya no tenía rueda ni suspensión delantera izquierda; la rueda trasera de ése mismo lado, estaba pegada transversalmente contra la defensa trasera. Todo el eje trasero tenía forma de herradura. Sentado en la Datsun por fin se controló mi dolor de pie, notando que ahora estaba algo más corto. Traté de quitarme la bota pero todo estaba tan inchado que dolería demasiado. Salí para mandar un voluntario al Porvenir, rancho ganadero cercano donde años atrás, Samuel el Tigrero me tomó como aprendiz de cazador. Ahí tenían tractores para retirar la Datsun del camino.Apareció un auto y señalizamos con lámparas de mano el peligro. Era la Alcaldesa manejando de regreso a Tacotalpa: -”¿Ya vé Ingeniero? Por andar corriendo como loco”- dijo amablemente, a lo que reposté: -“Lástima de Luna tan bella, doncita: me gustaría mejor atenderla a usted, que a un accidente por olvidar señales de aviso frente al camellón”- logrando así esfumarla sin mediar más palabras.
Después de retirar la Datsun a lugar seguro frente la finca bananera, le grité a Mariachi el Viejo para que mandara la canastilla y cruzarme al otro lado del río. Bajando la torre de la canastilla, faltaba caminar dos kilómetros hasta la cabaña donde Vicky me esperaba con Juanito. Recuerdo que la cojera a cada rato me tiraba al suelo; abundaban las venenosas naullacas nocturnas de cuatro narices (bothrops atrox), por ¿suerte? me topé con ninguna.
Toqué por fin la puerta de nuestra cabaña, diciendo a Vicky cuando abrió con Juanito en sus brazos: -”Tuve un percance con la Datsun pero estoy bien”- y antes desvanecerme, al ver la cara de horror que puso, noté dos cosas: que no, no estaba nada bien y que además, iba agriarse la leche que amamantaba Juanito. Desperté sólo en mi catre, al anochecer del día siguiente. Mi bota la habían cortado para quitarla del pié corto, destapando un tobillo de elefante, cuya gama de colores abarcaba del morado al violáceo, con una mosca encima y cuyo brusco aterrizaje me despertó.
Vicky regresó con un huesero componedor de vacas y mulas (mi veterinario, como quien dice), pues los médicos estaban al otro lado de la creciente, sobre la ribera con civilización. Poco después que llegué a nuestra cabaña, cayó un huracán dejando toda la ribera sin electricidad. Vicky encontró a la única persona capaz de atenderme por éste lado. Nueve meses después que jaló con todas sus fuerzas mi pié y regresó mi tobillo a su lugar, dejé de caminar cojeando. Por ¿suerte? (quince años más tarde saltaba en paracaídas, aterrizando sin problemas).
Al Sábado siguiente me levanté amaneciendo, para conducir la Jeep del platanar hasta el banco de Villahermosa y regresar a tiempo de pagar la raya de los jornaleros. Como seguíamos sin electricidad y sin canastilla para cruzar el río, esperé a que llegara algún cayuco. Tardó en aparecer el boga y ya éramos diez cuando abordamos. Navegando a la otra ribera, noté que la tardanza del boga era por su falta de experiencia: dos o tres veces intentó orillar nuestro cayuco al muelle, y otras tantas le ganó la fuerza de la corriente, jalándonos río abajo. Remontaba de nuevo la corriente y a fallar otra vez. Hasta que en su último intento, un miedoso desesperado que brincó a la orilla, nos volteó al cayuco y mandó a todos de cabeza al río, con los brazos cruzados y yo, por no enlodar al tobillo vendado, con mis botas de hule puestas.
Poniendo mi cartera de la raya entre los dientes, intenté nadar pero me fui al fondo como piedra, gracias al peso del agua llenando mis botas. Allá al fondo, deteniendo mi avance contra la corriente con un pié, descubrí que también hacen vacío si intentas quitarlas llenas de agua. De una patada me impulsé hasta la superficie, agarrando las ramas verdes de un sauce que acariciaba las olas, mientras tomaba aire nuevo y regresaba al fondo como piedra, con mis manos llenas de ramas verdes. Volví a la superficie dando otra patada desesperada, tomé aire de nuevo y noté antes de hundirme con más ramas verdes entre mis manos, que estaba a punto de llegar a la poza de los robalos; ahí donde solía pescar con arpón y aletas, había fácilmente más de quince metros de hondo.
Con resignación y más bien inercia, una patada más me mandó a la superficie, agarrando ya no más por no dejar, la última ramita seca del sauce y la única a mi alcance; mientras, la poza con los robalos esperaba tragarme y la corriente me zarandeaba como trapo. Estirando mi otra mano, junté varias ramas secas hasta que, avanzando de rama en rama, alcancé la orilla desde donde zarpamos. Ni siquiera había cruzado el río después de tal odisea, con mi cartera entre los dientes y mis botas puestas. Por ¿suerte? la ramita más seca fué la más resistente. Con razón nadie deja sus botas de hule puestas ni para cruzar la tina de baño.
El boga estaba tratando de sacar su cayuco lleno de agua de entre un zarzal sumergido. Quise ayudarlo pero el peso de mis botas impedía mi avance. No las podía sacar ni ahí afuera porque con agua seguían herméticas. Me acosté de espaldas alzando las patas y bañándome sorpresivamente la cara, por fin se vaciaron y las pude sacar, bajo las carcajadas contajiosas del boga; no pudimos parar hasta tener dolor el estómago. Exahustos, cruzamos el cayuco después de vaciarlo, sin problemas ni botas puestas, hasta la ribera de enfrente.
Me recibió el dueño del platanar, caballero italiano de saracof y monóculo, alzando su copa: -“Me decepciona su puntualidad, Ingegnère: llegó tarde a nuestro vodka tónic.”- Después de mi relato, nada más respondió colocando una copa entre mis manos: -“Jettatura, Ingegnère: jettatura”- y brindamos a mi ¿suerte? para desagraviar tan torpe tardanza.
De tanto guardar en el olvido lo que me convenía ignorar, la realidad lo llenó al tope hasta rebosar. Como todo buen “oveja negra” no ameritaba tanta ¿suerte? que curiosamente, aparecía en momentos que enfrentaba la Muerte, como si con cada visita me protegiera. Mi sentido de humor primero, mi agradecimiento y cariño después, la empezó a nombrar mi hada Ángela. Como nevitablemente me navegará hacia la Otra Ribera, decidí que mejor me guíe una amiga protectora: reiremos de mis sinvergüenzadas por todo el trayecto, quizás hasta me comparta algunas de las suyas.
Cumpliendo mi tercer ciclo de trece Soles me invitaron un curso de Astrología, cuyo gurú era fotógrafo, acupunturista y alquimista. Acepté por curiosidad antes que nada, porque la Luna mueve océanos y mares además de ciclos femeninos, y por aquellos estudios de la RCA sobre interrupciones en radiotransmisiones: cuando los astros del Sistema Solar coincidían en cuadratura u oposición (vistos desde la Tierra), surgían manchas solares cuyas radiaciones interrumpían las radiotransmisiones.
Pocos cursos he gozado tanto. La mecánica celeste es un gran motor que, según dicen doctos tan severamente graves, se mueve por la fuerza de gravedad: a todo lo invisible mi ignorancia prefiere llamarlo espíritu. En el caso del motor celeste, es un espíritu muy agudo por la precisión de su danza, jocoso cuando nos revela su bóveda nocturna. No le noto susodicha gravedad por ningún lado.
Primero, tuvimos una introducción general en léxico y tradiciones de la astrología, a la astronomía, a la geometría, al cálculo y vatias consultas al libro con efemérides de la NASA (posiciones de nuestros astros con respecto al Zodíaco, según cada fecha). Después, empezamos algunas prácticas: sacar nuestra carta natal y corregir errores a la hora de nacimiento. Una técnica, era cuadrar la posición de los astros con fechas de accidentes notables. En mi caso, por nacer en el París de Enero del cuarenta y tres, había un libro rojo de 150 páginas conteniendo todos los cambios horarios, cubriendo operaciones del ejército alemán para descontrolar al enemigo (y a nosotros: tan descontrolados que perdimos) ¡durante aquél Enero, nada más!
Mi hada Ángela ayudó ampliamente, cuadrando las fechas de sus visitas. Me impresionó la posición de Saturno y Urano en tales fechas: tradicionalmente muestra a la Muerte (en Astrología los accidentes son “Uranazos”), en mi caso bien aspectada con respecto a los astros restantes. Prefiero el término hada Ángela, o Madrina en su defecto, más familiares para mi corazón. Establecí mi hora de nacimiento y ahí empezaron los líos.
La siguiente práctica fue calcular el retorno solar para revelar nuestro futuro anual. Si aparece la duda para espantar la ¿suerte?, ni digamos cuánto decepcionaría a mi hada Ángela, no apreciar su incondicional protección. Que me seguiría visitando no tenía duda alguna: lo que ni quería saber eran las fechas. Además, empezaba a notar que la Astrología tendía hacia cierta fatalidad, como regodeándose con los miedos y las buenas nuevas nunca se tomaban en cuenta; que nadie se sacaba la Lotería con ningún astrólogo. Más bien exorcisaban futuros eventos “funestos”, pasando el día del cumpleaños hasta la Conchinchina, si ahí las influencias astrológicas eran “menos desfavorables”.
Con mi pasado repleto de bellos momentos, buenos encuentros, viviendo como me gusta aunque ni supiera realmente qué querer, carecía de motivos para tales miedos astrológicos: un anuncio de curva entre San Juan y Teques, me curó de espanto durante aquella caminata solitaria. En anteriores noches de Selva nada solitarias, protegido bajo lechuzas blancas que guiaban mi camino, alumbrados por una bóveda Celeste sin fronteras y unos cocuyos fosforecentes, danzantes al ritmo coral en do menor de gigantescos sapos cantores, cazaba caminando sin temor alguno junto a ríos llenos de cocodrilos, que sólo existían en historias vaqueras para fuereños.
Realicé que la razón de mi Vida era no saber nada del futuro; que prefiero vivir mi película sin haberla visto antes. No tenía ningún caso seguir el curso de Astrología: ya me había dado su lección más valiosa. Desde entonces me refiero a mi hada Ángela como la Morena: la visualizo bien guapa, traviesa e impredecible. Es alegre como pocas mujeres que conozco, en cada visita me deja lleno de alegría de vivir. Algunos que pretenden darle culto sin conocerla, le dicen “la Santa Muerte”; pero de santa no riene un pelo. Tampoco es la aneróxica alada con una hoz entre sus manos que otros pretenden. Por algo Xtabay se aparece en la Selva yucateca, como una rozagante mujer desnuda que nos atrae al precipicio para morir. Digo, ya que uno tiene que morirse, que sea contento y en el acto; total, al orgasmo le dicen la muerte chiquita. ¿No?
Poco después de cumplir mi cuarto ciclo de trece Soles, amanecí sin fuerzas para caminar. Mis amigos costeños me llevaron con el matasanos de la Salubridad local. Muy serio, después de parar mi paro hepático, me indicó rigurosa dieta a seguir o bien moriría pronto si no le hacía caso. Ni trabajar ni subir escaleras ni nada podía ya. Decidí que navegar hacia la Otra Ribera desde Puerto Escondido, tenía mucho más sentido que cualquier dieta. Si eran mis últimos días, los viviría como me dá la gana y a la porra con el matasanos. Con mi familia lejos e ignorando mi situación, no me amargarían mis últimos días tratando de curarme, ni aparecerían lágrimas de impotencia en sus ojos. Estaba en el mejor hospital para zarpar de la Vida: aquella Playa tan bella, de por sí la pura fiesta y nada mejor que despedirse de parranda, como muere el Sol al despedirse de la tarde.
··· tan a gusto me encontré,
que sólo quiero estar,
tomando té, tomando té.Desgraciadamente dejé de fumar tabaco y se frustó el zarpar con parranda: como el Sol y la cigarra, hasta mi propio entierro fui, cantando lo mal que me mataron los matasanos. La Morena Ángela se moría de risa, diciendo que tan dramática credulidad valía la pena mantenerme vivo, que pocas veces se divertía tanto y que le caigo bien.Algunas veces aparece para descansar en la Hacienda y tomarnos un cafecito mañanero o un par de mezcales trasnochadores. Compartimos la camaradería de tantas complicidades, tantas realidades imposibles de ignorar. Me ha enseñado, que la mecánica Celeste se mueve invisible con el espíritu de la música; me dio manos que bailan a su ritmo para ayudar y reparar, que la madre Naturaleza canta a través de nuestras mascotas y de las plantas del jardín tan llenas de flores.
Un día entre aquellos que valen toda una Vida, gracias a mi ¿suerte? conocí a Mercedes; después del concierto, platicamos en su camerino durante una velada. Comenté que éste verso de la Cigarra me llegaba a fondo, porque nací en una guerra:
Cantando al sol como la cigarra
después de un año bajo la tierra,
igual que sobreviviente
que ViENE de la guerra.Me miró con ojos húmedos y me abrazó contra las tetas más grandes del mundo, diciendo: -“¡que VUELVE de la guerra, niño!”- Claro, ahí estaba el porqué nunca regresé a patria alguna, ni me enlistaría jamás en ningún ejército, bajo ninguna bandera. VINE de una guerra que perdimos: sólo podía avanzar sin regreso ni adónde.
Voy a extrañar ésta Vida cuando cruce a la Otra Ribera. Ojalá y el Mariachi Viejo tenga su canastilla funcionando, porque de vez en cuando me subiré para aparecerme por Ésta Ribera. Ojalá y se me conceda ésa ¿suerte? La Morena me sonríe coquetamente con un guiño mientras estoy escribiendo y brindamos a su ¡Salúd! con un par de mezcales.
8 years, 5 months ago
Y bue…………. que puedo decir.- Por un lado me he reído como una loca con tus desventuras (perdón), mejor dicho por la forma en que has contado tus desventuras.- Por el otro me pregunto cuanto de verdad tiene este cuento y cuanto de verdad hay en que eres tan loco.-
Si es cierto que el mezcal es tan amigo tuyo, y por eso tu hada madrina, o si ensueñas como en mi cuento cuando te pones a hacer de imprenta.
Eso si, hay una constante, que llama la atención ¿tanto sientes haber perdido la guerra?
Mercedes !LA CANTORA¡ era una luchadora, pero no una guerrera. Bah, es mi parecer, siendo argentina, escuchar su voz en cualquier parte del mundo me pone la carne de gallina.
Quizás no comulgara tanto con sus ideas, la izquierda del hoy, no es mi preferida.-
Mi abuelo, el mallorquín, anarquista de pura raza, y como tal panadero, al menos en nuestro país. Eso sí diciéndole siempre nó a la violencia (¿extraño anarquista no crees?), me enseñó a amar a tener un propio control, a seguir la ley natural.-
Menos mal que el pobre se fue de este mundo antes de saber que me volví abogada!!, eso si, fiel a algunos principios sólo me dediqué a las cuestiones menores, civiles y comerciales, y, como buena mujer fui una leona en los tribunales de familia. Lo penal nunca fue mi asunto.Siguiendo las contradicciones, soy feliz “lejos del mundanal ruido” amo la naturaleza, me embeleso con los distintos pájaros, trato de identificarlos por su canto, siento al viento como un amigo que viene a llevarse cualquier pena que me aqueje, en cualquier momento. Una buena tormenta, llena de relámpagos y centellas, puede llegar a fascinarme como la mirada de una serpiente. El sol ardiente es casi un amante, la luz de la luna el brillo del sentimiento, las nubes formas que juegan con mis pensamientos
¿Te das cuenta que tus aventuras y desventuras hicieron que desvirtuara y me pusiera a volar?
8 years, 5 months ago
Pues ni soy de izquierda ni soy de derecha sino todo lo contrario. Tampoco perdí yo la guerra, sino mi padre por andar generaleando; yo perdí mi algún origen, sin conocerlo antes de perderlo.
En mi blog tengo algo más que puse, después escuchar por la Radio, que Mercedes se nos fué: (mientras estaba poniendo las fotos que ahí desfilan). Curiosea todo lo que quieras. Besos!
8 years, 5 months ago
Pos que resultaron fantásticos tus blogs, cumpa! Te felicito… un placer para leer y especialmente para deleitarse con la vista. Gracias.
8 years, 5 months ago
Bueno,ya que insisten, aquí va un aporteDESAMORLa historia que sigue es real. Ni siquiera los nombres han sido cambiados. Sucedió hace algunos años en el Bajo Flores, en los tiempos en que todavía circulaba el tranvía. Raúl Negrete tenía por entonces 25 años. Era un joven apuesto y muy atildado, acostumbrado a la pulcritud y al peinado a la gomina. Trabajaba de conductor de la línea 76, que circulaba por entonces a lo largo de la calle Varela y cuya terminal estaba en Retiro. Raúl amaba tanto su trabajo como a la ciudad donde vivía. Muchas veces solía abstraerse, casi embriagado por el monótono sonido del metal y de las ruedas y contemplaba absorto las fachadas de arquitectura italiana y francesa que jalonaban el recorrido del tranvía. Otras veces se ocupaba de cuestiones de carácter más mundano y entonces solía escrutar en ambas veredas a las innumerables y hermosas mujeres que circulaban por la ciudad durante el día. Raúl era un hombre que tenía mucho éxito con ellas. Su figura esbelta y atildada al mando del transporte resultaba irresistible a las miradas femeninas. Estaba casado desde muy jovencito con la menor de las cinco hijas mujeres de un matrimonio de inmigrantes sicilianos. La joven se llamaba Lucía y era de la misma edad de Raúl. Una mujer de carácter muy introvertido que trabajaba de costurera en la fábrica textil más grande del barrio. Lucía no había logrado darle hijos a Raúl y – como era habitual en ese entonces – todos consideraron que la causa de la imposibilidad residía en ella. La chica era retraída y de algunas costumbres un tanto exóticas. Tenía, por ejemplo, de mascota, una iguana. Un animal de unos 60 centímetros de largo que le regaló su hermana mayor cuando fue a visitarla a Santiago del Estero. Raúl detestaba a la iguana porque le producía repugnancia pero sus protestas no llegaban ni siquiera a inmutar a Lucía. Ambos vivían en una casa de la calle Castañón que se hallaba al costado de una fábrica abandonada. La casa había sido pensada en un principio para que vivieran los cuidadores del predio pero la rápida quiebra de la empresa anuló ese propósito. Raúl había logrado alquilarla gracias a las influencias de un amigo de su padre que trabajaba en Tribunales. Fijó allí su domicilio al casarse con Lucía cuando ambos ni siquiera habían cumplido 20 años. Luego, el paso del tiempo y también una gran cantidad de controvertidas presentaciones judiciales hizo que no tuviera a nadie a quien pagarle el alquiler. Ejerció entonces de hecho la ocupación y el dominio de la propiedad a lo largo de esos primeros años del matrimonio cuando intentó, sin éxito, tener un hijo con Lucía.Vivían distanciados a más de 150 metros del vecino más cercano y todo el lateral de la vivienda daba la espalda al larguísimo y lúgubre paredón trasero del Hospital Piñero.Sus primeros años de casado habían sido tan feliz como los de cualquier pareja pero la falta de la llegada de un hijo y las continuas infidelidades de Raúl fueron enturbiando la relación hasta hacerla sombría. Pronto dejaron de hacer el amor y al final casi ni se dirigían la palabra.Lucía se refugiaba mucho en las tareas de la fábrica donde su rendimiento era superior al de cualquier compañera de trabajo. De regreso a la casa preparaba sencillas comidas que a veces Raúl ni siquiera probaba. En otros momentos escuchaba la radio o hablaba un largo rato con la iguana mientras la acariciaba y la tocaba incitándola a jugar con ella. Después se daba una ducha y casi siempre se acostaba temprano.En la primavera del 44 Raúl notó que algunos cambios extraños se habían comenzado a producir en la casa y sin embargo no les dio ninguna importancia. Estaba por entonces como hipnotizado por la relación que mantenía con una rica mujer del Barrio Norte. Con ella frecuentaba los salones elegantes del centro donde se bailaba tango y se bebía champagne. Un mundo de alhajas y de automóviles nuevos al que había accedido por la ventana pero de la mano de una amante generosa y ardiente.Lucía había hecho cambiar el cabezal de bronce de la cama por otro de hierro forjado, mucho más grueso y más pesado que luego hizo empotrar directamente en la pared. También ordenó cerrar con ladrillos una claraboya del dormitorio y luego compró una cama de una plaza que instaló en la misma habitación donde estaba la iguana.Raúl, por esos días había renunciado a su trabajo en el tranvía. Solo se mantenía por el dinero que le daban sus amantes y si bien solía dormir muchas veces fuera de su casa en general optaba por regresar a la vivienda, cuya dirección – por otra parte– mantenía oculta a sus amigos de juergas ya que a Raúl le avergonzaba residir allí.En el verano murió su padre y Raúl se sintió mas solo que nunca pero por alguna razón que no tenía muy clara, siguió viviendo con su mujer. Tal vez era el peso de la presión social, que desaprobaba el divorcio o tal vez el miedo de volcarse para siempre a un ambiente en el cual no dejaba de ser un extraño.Una mañana de otoño se despertó con un intenso dolor de cabeza. Miraba el techo y le daba la impresión que giraba lentamente en derredor suyo. Se sentía obnubilado y no comprendía muy bien lo que pasaba ya que la noche anterior había bebido apenas lo necesario. Intentó entonces mesar sus cabellos y frotarse los ojos como hacía siempre al despertarse pero una pesadez en las muñecas le venció los brazos. Con asombro y espanto comprobó que dos gruesos grilletes rodeaban sus manos y la desesperación lo hizo entonces levantarse de un salto. Estaba encadenado al cabezal que Lucía había hecho empotrar en la pared por dos cadenas de unos cuatro metros de largo.– ¡Lucía! – Gritó – ¡Qué significa esto!Y un hondo silencio respondió a sus palabras.Raúl entonces gritó varias veces sin que nadie respondiera al llamado de su voz angustiada.Desesperado por la situación, tiró varias veces de las cadenas que lo aprisionaban, se arrojó contra la pared y saltó sobre la cama. Media hora estuvo así, yendo de un lado al otro como un autómata hasta que al fin se tiró extenuado sobre el piso mientras lloraba de furia e impotencia por todo lo que le pasaba.Dominado por el descontrol, Raúl estuvo otro largo rato tratando de aquietar los latidos del corazón y la confusión de su cabeza hasta que al fin consiguió tranquilizarse un poco.– Tengo que pensar con claridad. – se dijo a sí mismo en voz alta y casi deletreando las palabras.– Esto que pasa es muy raro! –repitió luego mientras que notaba que, contra su voluntad, se le iban cayendo algunas lágrimasRaúl entonces sintió la misma necesidad de orinar de todas las mañanas y al ir a hacerlo comprobó que la longitud de las cadenas que lo aprisionaban eran del largo necesario como para que pudiera transitar tan solo entre el baño y la cama, ya que a partir de allí, la fuerza del metal le impedía llegar a cualquier otro lugar de la casa.Al atardecer llego Lucía.Cuando Raúl notó que su esposa estaba en la casa la llamó dando fuertes gritos. Ella, sin embargo, parecía no escucharlo y llevaba adelante la rutina de siempre, utilizando ahora la ducha de un pequeño sanitario que había en el frente de la casa y al que había agregado un calefón a queroseno para entibiar el agua. Mas tarde preparó comida haciendo caso omiso de los gritos de Raúl y le alcanzó parte de lo preparado con el palo de una escoba para así poder permanecer lejos del alcance de su marido.Cuando Raúl vio la bandeja se enfureció todavía más y la pateó con tanta fuerza que la comida voló por el aire y la jarra de vidrio del agua estalló en mil pedazos.– Voy a gritar yegua puta – le dijo Raúl – Voy a gritar tan fuerte que no vas a poder dormir. Voy a gritar – agregó – y algún vecino va a escucharme. Entonces vas a ir presa por loca y por desalmada. Voy a gritar toda la noche. Te lo aviso!Lucía lo miró con indiferencia y hasta pareció (pero no lo hizo ) que iba a esbozar una sonrisa. Luego se retiró y cerró la puerta del pasillo que la aislaba de Raúl.Una vez en su habitación, la joven mujer se dedicó durante un par de horas a escuchar los radioteatros que tanto le gustaban. Tenía el volumen de la radio algo elevado por sobre su nivel habitual y así evitaba escuchar los gritos del hombre al que mantenía prisionero pero en ningún momento pareció molestarse.Cerca de las diez de la noche se fue a acostar.Lucía llevaba puesto en la oportunidad los auriculares de insonorización que utilizan quienes trabajan en la fábrica junto a máquinas muy ruidosas. También había encendido los motores del viejo grupo electrógeno para que taparan por la noche los gritos y alaridos de Raúl aunque esto último, en realidad , no era muy necesario ya que el vecino más cercano se hallaba a mucha distancia.Después Lucía se durmió.Raúl, por su parte gritó todo lo que pudo y hasta que se lo permitieron sus cuerdas vocales y a medianoche, conmocionadas y exhaustas , también se quedó dormido.Al día siguiente la rutina se repitió tal como si fuera un calco de la anterior.. Se repitieron los gritos de Raúl, las amenazas y el rechazo de la comida. También se repitió el silencio de Lucía.Una semana duró todo eso.Al octavo día Raúl apenas podía levantarse de la cama. Su cuerpo estaba tan débil que la única fuerza de la que disponía la utilizaba para ir hasta el baño y beber del agua corriente. De tanto gritar le habían salido nódulos en las cuerdas vocales y por eso había perdido el habla. Raúl bebía porque el agua fría calmaba la inflamación de su garganta y es probable que eso lo haya salvado de morir deshidratado.La imposibilidad de gritar por su vida, tal como lo había hecho durante esa primera semana, le obligó a cambiar de actitud ante el encierro. Trató entonces de controlar la impotente furia que lo dominaba y comenzó a aceptar la comida, la muda de ropa y las sábanas que Lucía desde lejos le alcanzaba.Luego de un mes en esas condiciones Raúl sintió que parte de sus fuerzas regresaban. También noto que había recuperado el habla aunque de todos modos prefirió no volver a gritar ya que lo consideraba un intento desesperado e infructuoso.Decidió entonces comenzar un trabajo de seducción sobre Lucía para conseguir que ella lo liberase. Le habló con voz dulce , la instó a que recapacitara y le rogó que terminara con aquella situación pero lo único que consiguió fue más silencio.Todo aquel verano estuvo Raúl intentando convencer a su esposa con ruegos y palabras. Hubo veces que imploraba como si fuera una letanía y ella , no obstante , lo ignoraba.Sin radio , sin periódicos , sin calendario y sin contacto con el mundo Raúl comenzó lentamente a perder los vínculos con la realidad. A veces hacía ejercicios físicos y flexiones. Otras se dedicaban a raspar los grilletes contra la pared para intentar ( sin éxito) desgastarlos. Y a menudo dormía en un sueño leve , una especie de sopor que mezclaba realidad y fantasía , un estado de conciencia intermedio entre el sueño y la vigilia que le ayudaba a superar el dolor del cautiverio.La llegada de las fiestas de Navidad y Año Nuevo lo sumió en una nueva depresión . Percibió los festejos a la medianoche cuando escuchó a la distancia las explosiones de los fuegos de artificio ya que Raúl , en realidad , no sabía muy bien en que día estaba viviendo . Luego se recuperó otra vez y estuvo todo el verano del 45 haciendo ejercicios en el dormitorio.Lucía por su parte seguía su rutina invariable. Incluso rechazó el beneficio de tomarse vacaciones . Vivía recluida en su mundo interior y nada sabía de las nuevas conquistas laborales que alentaba por entonces un coronel que estaba a cargo de la Secretaría de Trabajo.Cuando llegó el otoño Raúl no se reconocía a si mismo en el espejo. Tenía la barba tupida y el pelo largo y había adelgazado casi diez kilogramos. Justamente él , que siempre había llevado el cabello corto , acicalado y prolijo y daba ahora la impresión de ser un pordiosero.Una tarde Lucía le acercó una tijera junto con la comida y la toalla. Era bastante filosa y Raúl fantaseó durante el resto del día con la idea del suicidio. Pensaba en la sangre tibia recorriendo sus brazos y saliendo de las muñecas a borbotones y se ilusionaba con el sueño dulce y definitivo que lo esperaba.Sin embargo lo único que hizo fue cortarse las uñas de las manos y en especial las de los pies , que estaban largas hasta el exceso. También la utilizó para cortarse a si mismo el pelo y la barba lo mejor que pudo.Ese otoño comenzó a hacer ejercicios de gimnasia mental y memoria. Con el tiempo consiguió fijar en su mente una lista de hasta cuatrocientos objetos , estableciendo una relación entre cada uno de ellos y la serie de los números naturales. No hizo la lista mas extensa porque no quiso ya que podría haber llegado a quinientos e incluso a mil. Jugaba con números y letras y armaba grandes crucigramas mentales.Una tarde intentó recordar cada día de su vida retrocediendo en el tiempo desde la noche en que Lucía lo encadenó. Esa tarea mental le llevó varios días pero debido a su perseverancia Raúl pudo llegar con sus recuerdos hasta casi un mes atrás del día de la desgracia.En el invierno se sentía un pichoncito de algo extraño y hasta por momentos no sabía muy bien quien era. Lucía le había alcanzado algunas frazadas pero el sentía frío , mucho frío. Se acurrucaba en un ángulo de la habitación y allí se quedaba sentado durante varias horas , cubierto por las mantas.Una mañana se miró en el espejo del baño y notó – con el poco asombro que le quedaba – que su pelo se había vuelto totalmente blanco de un día para el otro.Nunca supo cuanto duró el invierno del 45 , ni siquiera lo que ocurrió en el país o en la guerra en Europa. Nunca llegó a saber lo que sucedía a apenas ciento cincuenta metros de donde se hallaba. Todo transcurrió para el como en una nebulosa. Una especie de nube vital en la que dormía y respiraba y que lo envolvía a cada instante de su cautiverio.Tanto es así que tardó más de 24 horas en percatarse que Lucía le había dejado la llave de los grilletes en la bandeja de la comida.Cuando Raúl vio la llave la tomó en sus manos y empezó a juguetear con ella acercándola y alejándola de los ojos. Estuvo así largos minutos mientras trataba de lograr algún tipo de equilibrio entre su mente y la emoción que lo embargaba. Muy despacio abrió esas cadenas que habían aprisionado su cuerpo y su alma y lo primero que vio fue la callosidad de sus muñecas y la delgadez increíble del dorso de sus manos.Después se levantó y caminó muy despacio por la casa.En la habitación de Lucía ya casi no quedaba nada.Era más que evidente que ella se había ido para siempre llevándose sus pertenencias y también a la iguana.Raúl no lo sabía pero había estado exactamente un año preso, Un año detenido y engrillado en el propio dormitorio de su casa. Ese era el castigo que Lucía había considerado justo y adecuado para su conducta. Lo había preparado con minuciosidad desde el momento en que empezó a recibir un trato denigrante de parte de su esposo.–Tanto desamor – pensó – merece un castigo.Y como Lucía sabía que ni la sociedad, ni la policía , ni los códigos , ni los jueces ni nadie castigaría a Raúl , entonces decidió hacerlo ella y a su propio modo.Un mes tardó Raúl en recuperarse.Durante ese mes se dio cuenta de lo solo que estaba. Nadie había ido a tocar el timbre ni a preguntar por él en todo ese año y aunque sus amigos de juergas tenían el descargo de la ignorancia de su domicilio, igual no estaba seguro de haber podido contar con ellos para nada.Delgado y canoso pero siempre atildado, Raúl se presentó ante la Corporación de Transporte y solicitó ser reintegrado a su puesto.Pronto volvió a circular por Buenos Aires al comando del tranvía mientras hacía grandes esfuerzos para olvidar la pesadilla que había sufrido en el último año.De Lucía nadie supo nada más.El edificio, por otra parte, fue tirado abajo y en su lugar se levantaron viviendas populares pero todavía hay quienes aseguran que por el sendero que reemplaza a la vieja calle Castañón se escuchan por las noches los pavorosos gritos de un hombre cautivo y desesperado.
8 years, 4 months ago
Anittaa
Compas, alguien quiere proponer algo que sea el disparador para el relato?
Francamente Anitaa: entre la mudanza de mis Blogs desde Multiply (que desaparecerá el 1 de Diciembre, y nos borran TODO) hacia mi Blogger Jean, el MiLUsos descalzo; el destapar los tubos de agua potable por la carretera, que nos surte la cisterna de agua (estaba a menos de un octavo su nivel; la semana entrante, llegan nuestros nuerita Min e hijo Chef Álex, para descansar 3 semanas); mas, el embrague del Pontiac de mi E-gurú Teo, que se necesita cambiar por la tarde de hoy; cedo TODOS los derechos a Nesravaza. Excelente su relato, que sí tuve tiempo de leerlo. Gracias a Nes, voy conociendo la historia de vida en Buenos Aires.
¡ABRAZOS a [email protected]! Y pronto acabo mi mudanza, espero.
8 years, 2 months ago
Pues no hubo juego navideño: ni en la playa ni en ningún otro lado! Murió este sub-foro y Feliz 2013, a ver si reverdece.
7 years, 10 months ago
Qué vacío está este juego… Veré si cuelgo algo y lo hago, como dice Loup, reverdecer… Creo que dije que este juego, con dos rondas anuales y votos y comentarios, sería otra cosa…
7 years, 4 months ago
Craig, las propuestas son bien recibidas. En su momento la idea de que fuera libre daba mayor apertura a que escriban, y fuiste uno de los impulsores de este juego con tu manera de escribir esos largos cuentos…
Pero no sé si dos rondas anuales no será poco, quizá rondas trimestrales sería mejor.
7 years, 4 months ago
Si escribir cuentos de 1000 palabras es correr una carrera de 100 metros, escribir a largo aliento se parece más a correr una maratón. En este foro ya he publicado varios cuentos cortos en los juegos, así que mis piernas están entrenadas para correr con intensidad y por poco tiempo. Pero, como dije, existen otros desafíos. A mí me gustan los desafíos.
Correr maratones no exige entregarlo todo en mil palabras. No se trata de gastar todos los cartuchos en cuestión de minutos. Se trata, más bien, de llevar una disciplina, que implique administrar esfuerzos.
Ser constante, y avanzar de a poco, pese a las dificultades. Para los que nos hemos acostumbrados a correr deprisa, y por poco tiempo, es algo difícil de lograr. Pero, con esfuerzo y constancia, se pueden tener grandes resultados.
Yo estoy corriendo mi maratón. Y en unos días voy a publicarlo aquí.
7 years, 1 month ago
Releyendo mi maratónico relato (LAAARgo que aburre) veo correcciones a granel, cortar acá pegar allá: más facil escribir otro, qu'este salió pésimo. FALTA EDiTAR TODO.
Ésto de extendámonos, no extendió monos: ¡tuvo el final de Cleto!
6 years, 6 months ago
 

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