Aprender a volar - CRAIGBALE

Aquí está mi cuento. Espero que les guste. APRENDER A VOLAR Hacía mucho que no caminaban juntos, tanto que Yoko había olvidado lo que se sentía salir tomada de la mano de su novio. Era lindo. La sensación de caminar las interminables calles de la gran ciudad con otro cuerpo pegado al tuyo le daba a una el impulso suficiente para afrontar casi cualquier reto. Eran dos, ni más ni menos. Y la fuerza que tenían dos almas en combinación era mucha más que el doble de un alma solitaria, al menos eso pensaba. Pero las circunstancias de la caminata no eran para nada agradables. A cada cuadra la invadían recuerdos entrañables… y otros no tanto, naturalmente. Pero en ese momento hasta los más tristes tenían un fulgor especial. Todo se veía matizado por el velo de la nostalgia, aquella que le gritaba a una que el pasado había sido mejor, y lo que vendría de ahora en más no sería tan auspicioso. La nostalgia, esa maldita que se acurrucaba en la garganta, formando una pelota que hacía difícil respirar. Y las lágrimas, esas bastardas, se agolpaban detrás del ojo para salir disparadas con cualquier excusa. Ni hablar del nudo que a una se le hacía en el estómago… La sensación era fea, más que fea, espantosa, pero también implacable. Estaba allí, tan cierto como que todavía estaba con él en ese momento, tomados de la mano en dirección a su departamento.Se podía decir con total seguridad que el suyo no había sido en absoluto un amor a primera vista. Se conocieron en la universidad, durante la cursada de Análisis II. Ella apenas si cambiaba palabras con él. Sus amigas lo llamaban “Espárrago”, y razones no le faltaban: las prendas parecían flotar en él, y todo su ser transmitía una debilidad sobrecogedora. Si tan sólo los puños fuertes de Asakawa o Rikuto impactaran con sus endebles brazos… Y tampoco lo ayudaban mucho esos enormes anteojos culo de botella o esos pantalones ajustados que hacían parecer sus piernas más flacas de lo que ya eran.Yoko nunca había reparado en el espárrago. Y si no hubiese sido por la carta, para ella Ryuto no hubiese sido más que una cara conocida, de esas que en una década pierden rápidamente el status para convertirse en una cara más de las millones de este abarrotado mundo. Un buen día encontró un sobre entre las hojas de su carpeta. Una flor de pensamiento se encontraba apoyada sobre él. El sobre contenía una hoja A4. Gracias por haberme enseñado a volar.Ahora que ambos sabemos, ¿lo hacemos juntos?Ryuto. Era todo lo que decía. Al principio le pareció estúpida. Esto fue todo lo que se le ocurrió decirse:<< El Espárrago. >>En un primer momento se había esperanzado con Asakawa. Sí, al momento de ver la flor. Había estado segura que no podía ser nadie más que él. Pero, extrañamente, no estaba para nada desilusionada. Aquel chico tímido y retraído no podría haberlo hecho de otra manera. Nadie le había dicho que esto no era el secundario, donde todavía uno podía esconderse tras las letras. El suyo era un gesto pueril… pero hermoso. Contra todos los pronósticos, comenzaron a salir al cabo de un par de semanas. Y se hicieron muy unidos. Casi todas las tardes se quedaban en el departamento de ella. Si es que no tenían ningún examen próximo, se hacían de un arsenal de Doritos y Lays y miraban la MTV tendidos en la cama. Los miércoles, días de preestrenos y descuentos, nunca faltaban al cine. Ningún sábado dejaban de caminar por los senderos del parque Daisuke. Un día él le dijo que la llevaría a un lugar sorprendente, pero ella tendría que taparse los ojos.–¿Pero por qué? No me gustan las sorpresas –dijo ella.–A mí tampoco. Pero esto es una excepción. Abrió los ojos cuando él lo ordenó.Estaban pisando el bordillo de la terraza de uno de los edificios más altos de Tsukuba. Ella se asustó y dio un respingo.–¿Estás loco?–Tranquila. Simplemente relajate y mantené la mirada en el horizonte. Tratá de olvidarte de tus pies. Cuando menos lo esperes, estarás flotando. A regañadientes, ella lo hizo.–El día de mañana quiero planear un edificio tan alto que haga que las personas vuelen con sólo mirar al horizonte –continuó él–. Las voy hacer volar a la estratósfera. Y nosotros, tomados de la mano, las acompañaremos. ¿No te gustaría que flotáramos hasta el cielo? Sería maravilloso.Yoko miró a los lejos, a donde el cielo se unía con la tierra. Era linda la vista… y todavía más lo que había dicho Ryuto. Llegaron más pronto de lo que Yoko hubiese querido. Se miraron bajo el umbral de la puerta del edificio. Ella se dijo que no aguantaría más, por lo que se apretó providencialmente contra el estrecho pecho de él y pudo contener las lágrimas. Por un momento le iba a decir, mejor dicho suplicar que se quedara. Pero hubiese sido egoísta. Él tenía un futuro promisorio en Tokio, donde algún día podría construir su soñado edificio. Ella se consideraba muy pequeña para los planes de él.–No hay que ponerse mal –dijo Ryuto–. Voy a volver, Yoko. Tarde o temprano lo voy hacer. Entonces le entregó otra flor de pensamiento. –Muchas gracias… ¿Estás seguro que no querés que mañana te acompañe al aeropuerto?–No. Me destrozaría. Quiero que nos despidamos como siempre, como si mañana nos volviéramos a ver. Y así lo hicieron.Ya en su departamento, Yoko escuchó su celular sonar. Era su amiga Hiyori.–Hola.–¿Todavía estás con él?Yoko es estremeció por dentro.–No. Se acaba de ir.–¿Y no has intentado convencerlo?La pelota de la nostalgia se hinchió todavía más en su cuello. Las lágrimas finalmente habían atravesado el endeble canal de sus párpados y serpenteaban sobre sus mejillas.–No –contestó–. Lo dejé volar. De todas formas nos vamos a encontrar de vez en cuando.–¿En Tokio?–No. –Sonrió, y miró la flor–. En la estratósfera.1000 palabras. BALE, Craig. Comodoro Rivadavia, julio de 2009.
11 years ago
Acá va mi primera revisión. Estoy seguro que se puede seguir un poco más…APRENDER A VOLAR
Hacía mucho que no caminaban juntos, tanto que Yoko había olvidado lo que se sentía salir tomada de la mano de su novio.
Era lindo. La sensación de caminar las interminables calles de la gran ciudad con otro cuerpo pegado al tuyo (1) le daba a una el impulso suficiente para afrontar casi cualquier reto. Eran dos, ni más ni menos. Y la fuerza que tenían dos almas en combinación era mucha más que el doble de un alma solitaria, al menos eso pensaba.
Pero las circunstancias de la caminata no eran para nada agradables. A cada cuadra la invadían recuerdos entrañables… y otros no tanto, naturalmente.(27) Pero en ese momento hasta los más tristes tenían un fulgor especial. Todo se veía matizado por el velo de la nostalgia, aquella (2) que le gritaba a una (3)que el pasado había sido mejor, y lo que vendría de ahora en más no sería tan auspicioso.
La nostalgia, esa maldita que se acurrucaba en la garganta, formando una pelota que hacía difícil respirar. Y las lágrimas, esas bastardas, se agolpaban detrás del ojo para salir disparadas con cualquier excusa. Ni hablar del nudo que a una (4)se le hacía en el estómago… La sensación era fea, más que fea, espantosa, pero también implacable. Estaba allí, tan cierto como que todavía estaba con él en ese momento, tomados de la mano en dirección a su departamento.
Se podía decir con total seguridad que el suyo no había sido en absoluto un amor a primera vista. (5)
Se conocieron en la universidad, durante la cursada de Análisis II. Ella apenas si cambiaba palabras con él. Sus amigas lo llamaban “Espárrago”, y razones no le faltaban: las prendas parecían flotar en él (6), y todo su ser transmitía una debilidad sobrecogedora. Si tan sólo los puños fuertes de Asakawa o Rikuto impactaran (7) con sus endebles brazos… Y tampoco lo ayudaban mucho esos enormes anteojos culo de botella o esos pantalones ajustados que hacían parecer sus piernas más flacas de lo que ya eran.
Yoko nunca había reparado en el espárrago. Y si no hubiese sido por la carta, para ella Ryuto no hubiese (smile sido más que una cara conocida, de esas que en una década pierden rápidamente (27) el status para convertirse en una cara (9)más de las millones de este abarrotado mundo.
Un buen día encontró un sobre entre las hojas de su carpeta. Una flor de pensamiento se encontraba apoyada sobre él. El sobre contenía una hoja A4.
Gracias por haberme enseñado a volar.
Ahora que ambos sabemos,
¿lo hacemos juntos?
Ryuto.
Era todo lo que decía. (10)
Al principio le pareció estúpida. Esto fue todo lo que se le ocurrió decirse:<< El Espárrago. >> (11)
En un primer momento se había esperanzado con Asakawa. Sí, al momento de ver la flor. Había estado segura que no podía ser nadie más que él. Pero, extrañamente,(27) no estaba para nada desilusionada. (12)
Aquel chico tímido y retraído no podría haberlo hecho de otra manera. Nadie le había dicho que esto no era el secundario, donde todavía uno podía esconderse tras las letras. El suyo era un gesto pueril… pero hermoso.
Contra todos los pronósticos, comenzaron a salir al cabo de un par de semanas.
Y se hicieron muy unidos.
Casi todas las tardes se quedaban en el departamento de ella. Si es que no tenían ningún examen próximo, se hacían de un arsenal de Doritos y Lays y miraban la (13) MTV tendidos en la cama. Los miércoles, días de preestrenos y descuentos, nunca faltaban al cine. Ningún sábado dejaban de caminar por los senderos del parque Daisuke.
Un día él le dijo que la llevaría a un lugar sorprendente, pero ella (14) tendría que taparse los ojos.
–¿Pero por qué? No me gustan las sorpresas –dijo ella.
–A mí tampoco. Pero esto es una excepción.
Abrió los ojos cuando él lo ordenó. (15)
Estaban pisando el bordillo de la terraza de uno de los edificios más altos de Tsukuba. (16)
Ella se asustó y dio un respingo.
–¿Estás loco?
–Tranquila. Simplemente (27) relajate y mantené la mirada en el horizonte. Tratá de olvidarte de tus pies. Cuando menos lo esperes, estarás flotando.(17)
A regañadientes, ella (1smile lo hizo.
–El día de mañana quiero planear un edificio tan alto que haga que las personas vuelen con sólo mirar al horizonte –continuó él (19)–. Las voy hacer volar a la estratósfera. Y nosotros, tomados de la mano, las acompañaremos. ¿No te gustaría que flotáramos hasta el cielo? Sería maravilloso.
Yoko miró a los lejos, a donde (20) el cielo se unía con la tierra. Era linda la vista… y todavía más lo que había dicho Ryuto.
Llegaron más pronto de lo que Yoko hubiese querido. Se miraron bajo el umbral de la puerta del edificio. Ella (21) se dijo que no aguantaría más, por lo que se apretó providencialmente (27) contra el estrecho pecho de él y pudo contener las lágrimas.
Por un momento le iba a decir, mejor dicho suplicar (22) que se quedara. Pero hubiese sido egoísta. Él tenía un futuro promisorio en Tokio, donde algún día podría construir su soñado edificio. Ella (23) se consideraba muy pequeña para los planes de él.
–No hay que ponerse mal –dijo Ryuto–. Voy a volver, Yoko. Tarde o temprano lo voy hacer. (24)
Entonces le entregó otra flor de pensamiento.
–Muchas gracias… ¿Estás seguro que no querés que mañana te acompañe al aeropuerto?
–No. Me destrozaría. Quiero que nos despidamos como siempre, como si mañana nos volviéramos a ver.
Y así lo hicieron.
Ya en su departamento, Yoko escuchó su celular sonar. Era su amiga Hiyori.
–Hola. (25)
–¿Todavía estás con él?
Yoko es estremeció por dentro.
–No. Se acaba de ir.
–¿Y no has intentado convencerlo?
La pelota de la nostalgia se hinchió todavía más en su cuello. Las lágrimas finalmente (27) habían atravesado el endeble (26) canal de sus párpados y serpenteaban sobre sus mejillas.
–No –contestó–. Lo dejé volar. De todas formas nos vamos a encontrar de vez en cuando.
–¿En Tokio?
–No. –Sonrió, y miró la flor–. En la estratósfera.
(1)pegado al suyo
(2)omitiría el aquella: “Todo se veía matizado por el velo de la nostalgia, que le gritaba…”
(3)omitiría el “a una”, por ser una personalización no correspondiente y además no le agrega significado. La frase completa: “Todo se veía matizado por el velo de la nostalgia, que le gritaba que el pasado había sido mejor…”.
(4)Sin la personalización.
(5)Sugiero punto y seguido.
(6)“En él” y “con él” en frases adyacentes, dan una cacofonía. Propuestas: la primer frase cambiarla por “Apenas si habían intercambiado palabras”.
(7)Craig…no termino de entender el sentido del verbo “impactar” en la frase…
(smileRepetición de palabras. Propuesta: “Y de no haber sido por la carta…”
(9)Elipsis…omitir “una cara”…
(10)Sugiero punto y seguido.
(11)Demasiado dura esta intromisión. Sugiero “el espárrago”, seguido de los dos puntos.
(12)Sugiero punto y seguido.
(13)MTV…sin “la”.
(14)Sugiero omitir el pronombre.
(15)Sugiero punto y seguido.
(16)Sugiero punto y seguido.
(17)En lenguaje oral: “vas a estar flotando”.
(1smileSugiero omitir el pronombre.
(19)Sugiero omitir el pronombre.
(20)“donde”
(21)Sugiero omitir el pronombre.
(22)Falta la coma.
(23)Sugiero omitir el pronombre.
(24)Lo incorporaría al diálogo para no hacerlo tan trabado.
(25)Creo que se puede prescindir del saludo inicial.
(26)Este adjetivo está dos veces en el texto. Hay muchos sinónimos, puedo poner “frágil” como opción personal.
(27)Adverbios: en el texto hay seis adverbios terminados en “-mente”, que a mi parecer son demasiados. Dejaría no más de tres. Mi sensación es que se pueden omitir casi todos. Es cuestión de gustos quizás; en una primera instancia propongo: naturalmente, reemplazarlo por “claro” o eliminarlo; rápidamente, eliminarlo; simplemente, eliminarlo; finalmente, eliminarlo.
Otro tema: propongo quitar todo lo que sea espacios entre los párrafos, ya que genera divisiones arbitrarias que podrían interpretarse como separaciones de secciones que no corresponden.
Y otra cosa, el tema de la puntuación. Veo que hay muchos punto y a parte, que a veces pueden dar una idea de “espera y conclusión”, pero que no los siento muy apropiados, salvo en el caso de “Y así lo hicieron”, que es un punto con cierto climax. En mi revisión elimino la mayoría.Cuento post revisión:APRENDER A VOLAR
Hacía mucho que no caminaban juntos, tanto que Yoko había olvidado lo que se sentía salir tomada de la mano de su novio.
Era lindo. La sensación de caminar las interminables calles de la gran ciudad con otro cuerpo pegado al suyo (1) le daba a una el impulso suficiente para afrontar casi cualquier reto. Eran dos, ni más ni menos. Y la fuerza que tenían dos almas en combinación era mucha más que el doble de un alma solitaria, al menos eso pensaba.
Pero las circunstancias de la caminata no eran para nada agradables. A cada cuadra la invadían recuerdos entrañables… y otros no tanto, claro.(27) Pero en ese momento hasta los más tristes tenían un fulgor especial. Todo se veía matizado por el velo de la nostalgia, (2) que le gritaba (3)que el pasado había sido mejor, y lo que vendría de ahora en más no sería tan auspicioso.
La nostalgia, esa maldita que se acurrucaba en la garganta, formando una pelota que hacía difícil respirar. Y las lágrimas, esas bastardas, se agolpaban detrás del ojo para salir disparadas con cualquier excusa. Ni hablar del nudo que (4)se le hacía en el estómago… La sensación era fea, más que fea, espantosa, pero también implacable. Estaba allí, tan cierto como que todavía estaba con él en ese momento, tomados de la mano en dirección a su departamento.
Se podía decir con total seguridad que el suyo no había sido en absoluto un amor a primera vista. (5) Se conocieron en la universidad, durante la cursada de Análisis II. Apenas si habían intercambiado palabras. Sus amigas lo llamaban “Espárrago”, y razones no le faltaban: las prendas parecían flotar en él (6), y todo su ser transmitía una debilidad sobrecogedora. Si tan sólo los puños fuertes de Asakawa o Rikuto impactaran (7) con sus endebles brazos… Y tampoco lo ayudaban mucho esos enormes anteojos culo de botella o esos pantalones ajustados que hacían parecer sus piernas más flacas de lo que ya eran.
Yoko nunca había reparado en el espárrago. Y de no haber sido por la carta, para ella Ryuto no hubiese (smile sido más que una cara conocida, de esas que en una década pierden (27) el status para convertirse en (9) una más de las millones de este abarrotado mundo.
Un buen día encontró un sobre entre las hojas de su carpeta. Una flor de pensamiento se encontraba apoyada sobre él. El sobre contenía una hoja A4.
Gracias por haberme enseñado a volar.
Ahora que ambos sabemos,
¿lo hacemos juntos?
Ryuto.
Era todo lo que decía. (10) Al principio le pareció estúpida. Esto fue todo lo que se le ocurrió decirse: “el espárrago.” (11)
En un primer momento se había esperanzado con Asakawa. Sí, al momento de ver la flor. Había estado segura que no podía ser nadie más que él. Pero, extrañamente,(27) no estaba para nada desilusionada. (12)
Aquel chico tímido y retraído no podría haberlo hecho de otra manera. Nadie le había dicho que esto no era el secundario, donde todavía uno podía esconderse tras las letras. El suyo era un gesto pueril… pero hermoso.
Contra todos los pronósticos, comenzaron a salir al cabo de un par de semanas.
Y se hicieron muy unidos.
Casi todas las tardes se quedaban en el departamento de ella. Si es que no tenían ningún examen próximo, se hacían de un arsenal de Doritos y Lays y miraban (13) MTV tendidos en la cama. Los miércoles, días de preestrenos y descuentos, nunca faltaban al cine. Ningún sábado dejaban de caminar por los senderos del parque Daisuke.
Un día él le dijo que la llevaría a un lugar sorprendente, pero ella (14) tendría que taparse los ojos.
–¿Pero por qué? No me gustan las sorpresas –dijo ella.
–A mí tampoco. Pero esto es una excepción.
Abrió los ojos cuando él lo ordenó. (15)Estaban pisando el bordillo de la terraza de uno de los edificios más altos de Tsukuba. (16) Ella se asustó y dio un respingo.
–¿Estás loco?
–Tranquila. (27) Relajate y mantené la mirada en el horizonte. Tratá de olvidarte de tus pies. Cuando menos lo esperes, vas a estar flotando.(17)
A regañadientes, (1smile lo hizo.
–El día de mañana quiero planear un edificio tan alto que haga que las personas vuelen con sólo mirar al horizonte –continuó (19)–. Las voy hacer volar a la estratósfera. Y nosotros, tomados de la mano, las acompañaremos. ¿No te gustaría que flotáramos hasta el cielo? Sería maravilloso.
Yoko miró a los lejos, donde (20) el cielo se unía con la tierra. Era linda la vista… y todavía más lo que había dicho Ryuto.
Llegaron más pronto de lo que Yoko hubiese querido. Se miraron bajo el umbral de la puerta del edificio. (21) Se dijo que no aguantaría más, por lo que se apretó providencialmente (27) contra el estrecho pecho de él y pudo contener las lágrimas.
Por un momento le iba a decir, mejor dicho suplicar, (22) que se quedara. Pero hubiese sido egoísta. Él tenía un futuro promisorio en Tokio, donde algún día podría construir su soñado edificio. (23) Se consideraba muy pequeña para los planes de él.
–No hay que ponerse mal –dijo Ryuto–. Voy a volver, Yoko. Tarde o temprano lo voy hacer. – (24)Entonces le entregó otra flor de pensamiento.
–Muchas gracias… ¿Estás seguro que no querés que mañana te acompañe al aeropuerto?
–No. Me destrozaría. Quiero que nos despidamos como siempre, como si mañana nos volviéramos a ver.
Y así lo hicieron.
Ya en su departamento, Yoko escuchó su celular sonar. Era su amiga Hiyori. (25)
–¿Todavía estás con él?
Yoko es estremeció por dentro.
–No. Se acaba de ir.
–¿Y no has intentado convencerlo?
La pelota de la nostalgia se hinchió todavía más en su cuello. Las lágrimas (27) habían atravesado el frágil (26) canal de sus párpados y serpenteaban sobre sus mejillas.
–No –contestó–. Lo dejé volar. De todas formas nos vamos a encontrar de vez en cuando.
–¿En Tokio?
–No. –Sonrió, y miró la flor–. En la estratósfera.
10 years, 7 months ago
¡Excelente!
¿Con este que te parece que hagamos? Ya invitamos a los demás usuarios a que pasen a revisar ¿o pensás subir una nueva versión?
10 years, 7 months ago
Ahora limpié un poco el texto. Gracias Spectre por tus sugerencias. Desde luego hay cosas que no modifiqué, como el tema de los adverbios. Son, más que temas de estilo o gramática, de gustos. Con respecto a esta frase: La sensación de caminar las interminables calles de la gran ciudad con otro cuerpo pegado al tuyo (1) le daba a una el impulso suficiente para afrontar casi cualquier reto.Vos sugeriste “suyo”. Pero estoy hablando de “una”; creo que es más procedente usar tuyo. No sé, revisá y escucho tu respuesta. Abierto a seguir cambiando.También le cambié los guiones. Los nuevos son más modernos. Creo que son los que deberíuamos usar en todos los relatos. APRENDER A VOLAR Hacía mucho que no caminaban juntos, tanto que Yoko había olvidado lo que se sentía salir tomada de la mano de su novio. Era lindo. La sensación de caminar las interminables calles de la gran ciudad con otro cuerpo pegado al suyo le daba a una el impulso suficiente para afrontar casi cualquier reto. Eran dos, ni más ni menos. Y la fuerza que tenían dos almas en combinación era mucha más que el doble de un alma solitaria, al menos eso pensaba. Pero las circunstancias de la caminata no eran para nada agradables. A cada cuadra la invadían recuerdos entrañables… y otros no tanto, naturalmente. Pero en ese momento hasta los más tristes tenían un fulgor especial. Todo se veía matizado por el velo de la nostalgia, que le gritaba que el pasado había sido mejor, y que lo vendría de ahora en más no sería tan auspicioso. La nostalgia, esa perra que se acurrucaba en la garganta, formando una pelota que hacía difícil respirar. Y las lágrimas, esas bastardas, se agolpaban detrás del ojo para salir disparadas con cualquier excusa. Ni hablar del nudo que se le hacía en el estómago… La sensación era fea, más que fea, espantosa, pero también implacable. Se podía decir con total seguridad que el suyo no había sido en absoluto un amor a primera vista. Se conocieron en la universidad, durante la cursada de Análisis II. Ella apenas si cambiaba palabras con él. Sus amigas lo llamaban “Espárrago”, y razones no le faltaban: las prendas parecían flotar sobre su cuerpo, y todo su ser transmitía una debilidad sobrecogedora. Se estremecía al pensar en lo que pasaría si los fuertes puños de los puños fuertes de Asakawa o Rikuto impactaran con sus endebles brazos… Y tampoco lo ayudaban mucho esos enormes anteojos culo de botella o esos pantalones ajustados que hacían parecer sus piernas más flacas de lo que ya eran.Yoko nunca había reparado en el Espárrago. Y de no haber sido por la carta, para ella Ryuto no hubiese sido más que una cara conocida, de esas que en una década pierden rápidamente el status para convertirse en una cara más de las millones de este abarrotado mundo. Un buen día encontró un sobre entre las hojas de su carpeta. Una flor de pensamiento se encontraba apoyada sobre él. El sobre contenía un manuscrito. Gracias por haberme enseñado a volar.Ahora que ambos sabemos, ¿lo hacemos juntos?Ryuto. Era todo lo que decía. Al principio le pareció estúpida. Esto fue todo lo que se le ocurrió decirse: “el Espárrago”.En un primer momento se había esperanzado con Asakawa. Sí, al momento de ver la flor. Había estado segura que no podía ser nadie más que él. Pero, extrañamente, no estaba para nada desilusionada. Aquel chico tímido y retraído no podría haberlo hecho de otra manera. Nadie le había dicho que esto no era el secundario, donde todavía uno podía esconderse tras las letras. El suyo era un gesto pueril… pero hermoso. Contra todos los pronósticos, comenzaron a salir al cabo de un par de semanas. Y se hicieron muy unidos. Casi todas las tardes se quedaban en el departamento de ella. Si es que no tenían algún examen próximo, se hacían de un arsenal de Doritos y Lays y miraban la MTV tendidos en la cama. Los miércoles, días de preestrenos y descuentos, nunca faltaban al cine. Ningún sábado dejaban de caminar por los senderos del parque Daisuke. Un día Ryuto le dijo que la llevaría a un lugar sorprendente, pero ella tendría que taparse los ojos.—¿Pero por qué? No me gustan las sorpresas —dijo Yoko.—A mí tampoco. Pero esto es una excepción. Abrió los ojos cuando él lo ordenó.Estaban pisando el bordillo de la terraza de uno de los edificios más altos de Tsukuba. Yoko se asustó y dio un respingo.—¿Estás loco?—Tranquila. Simplemente relájate y mantén la mirada en el horizonte. Intenta olvidarte de tus pies. Cuando menos lo esperes, estarás flotando. A regañadientes, ella lo hizo.—El día de mañana quiero planear un edificio tan alto que haga que las personas vuelen con sólo mirar al horizonte —continuó él—. Las voy hacer volar a la estratósfera. Y nosotros, tomados de la mano, las acompañaremos. ¿No te gustaría que flotáramos hasta el cielo? Sería maravilloso.Yoko miró a los lejos, donde el cielo se unía con la tierra. Era linda la vista… y todavía más lo que había dicho Ryuto. Llegaron más pronto de lo que Yoko hubiese querido. Se miraron bajo el umbral de la puerta del edificio. Ella se dijo que no aguantaría más, por lo que se apretó providencialmente contra el estrecho pecho de él y pudo contener las lágrimas. Por un momento le iba a decir, mejor dicho suplicar que se quedara. Pero hubiese sido egoísta. Él tenía un futuro promisorio en Tokio, donde algún día podría construir su soñado edificio. Ella se consideraba muy pequeña para los planes de él.—No hay que ponerse mal —dijo Ryuto—. Voy a volver, Yoko. Tarde o temprano lo voy a hacer. Entonces le entregó otra flor de pensamiento. —Muchas gracias… ¿Estás seguro que no quieres que mañana te acompañe al aeropuerto?—No. Me destrozaría. Quiero que nos despidamos como siempre, como si mañana nos volviéramos a ver. Y así lo hicieron.Ya en su departamento, Yoko escuchó sonar su celular. Era su amiga Hiyori.—Hola.—¿Todavía estás con él?Yoko es estremeció por dentro.—No. Se acaba de ir.—¿Y no has intentado convencerlo?La pelota de la nostalgia se hinchió todavía más en su cuello. Las lágrimas finalmente atravesaron el frágil canal de sus párpados y serpenteaban sobre sus mejillas.—No —contestó—. Lo dejé volar. De todas formas nos vamos a encontrar de vez en cuando.—¿En Tokio?—No. —Sonrió, y miró la flor—. En la estratósfera.979 palabras. BALE, Craig. Comodoro Rivadavia, julio de 2009.
10 years, 7 months ago
Craig, el tema es que al usar “tuyo”, el narrador en tercera persona se está dirigiendo a un sujeto en segunda, como si estuviese dialogando con el lector. Ese esquema se da sólo en el principio y parece más un desliz que una opción narrativa. Mi sugerencia sigue siendo la misma, pero es tu cuento. No sé si algún otro quiere opinar para clarificar el tema.
10 years, 7 months ago

Ah, ahora que releo el cuento, tengo algunas dudas acerca de la mayúscula en “Espárrago”…o sea, es un sobrenombre que se le da a este tipo…no te sabría decir si ponerlo en minúscula o mayúscula. En todo caso tendría que ser homogeneo, (hay uno en minúscula).
La verdad que no recuerdo si hay una regla al respecto…si alguno sabe…—–Agregado el 30/12/2009 a las 10 : 38 : 43—–
Ah, Craig, me olvidé de decirte. El texto me gustó mucho, creo que está bien armado y supiste cerrar muy bien la anécdota. Contragulations for you, my friend!
10 years, 7 months ago
Otra duda…—Muchas gracias… ¿Estás seguro que no quieres que mañana te acompañe al aeropuerto?
¿No iría estás seguro DE que…?
10 years, 7 months ago
Mirá…la regla que yo uso para esto es hacer la pregunta, y en este caso sería “¿Seguro de qué?”, lo que implicaría que debería ir “¿Estás seguro de que…?” Pero la verdad que en el lenguaje oral que reproduce el diálogo me suena mejor sin el “de”, como está ahora…
Después si lo veo conectado a Dany le digo que se pegue una vuelta para opinar…
10 years, 7 months ago
Sí, por favor. A mí también con el “DE” me suena mal, pero me parece que con darse cuenta De que y seguro De que siempre va DE.
10 years, 7 months ago
Che Craig: en esta oración “La sensación de caminar las interminables calles de la gran ciudad con otro cuerpo pegado al tuyo le daba” no sería mejor en lugar de tuyo poner suyo. Porque estamos hablando del cuerpo pegado al de ella.
10 years, 7 months ago
Craig:
—Muchas gracias… ¿Estás seguro de que no quieres que mañana te acompañe al aeropuerto?
Aquí el DE le quita ritmo a la frase que expresa algo sencillo, yo no le pondría el DE. Como está el original me parece mejor, te lo digo como lector ya que de gramática estoy lejos de conocer, pero Anita dice que esta bien el uso o no del de en esta frase.
10 years, 7 months ago
 

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