Un recorrido turístico por la Boca.


Si las callecitas de Buenos Aires tienen ese ‘no sé qué’, las del Barrio de La Boca, lo tienen como ningún otro, convirtiéndose en tal vez el barrio más pintoresco de la ciudad de Buenos Aires. Y el adjetivo ‘pintoresco’ le sienta de maravillas al barrio que Quinquela Martín retrató mejor que nadie: La Boca exuda color y cuando uno llega a esta ciudad o la vuelve a mirar con mirada de niño, encuentra en La Boca un lugar que no alcanzan los ojos para mirar. Es por eso que visitar La Boca es ver cámaras de fotos por todos lados y sentirse en medio de la Torre de Babel, escuchando lenguas foráneas extasiarse en el paisaje.
No hay nada más fascinante que visitar La Boca con un grupo de turistas noruegos, por ejemplo, o mejor aún, suecos. O colarse entre un manojo de alumnos de escuela primaria. La sorpresa, la mirada ingenua, los comentarios elogiosos, las preguntas, el ánimo que el barrio impregna y contagia hacen de ésta una visita imperdible para locales y visitantes.
Comenzando en el Parque Lezama, en donde la Av. Martín García se cruza con Almirante Brown, ahí nomás podemos hacer una parada para contemplar el Mural escenográfico (Av. Alte. Brown 36). Es, simplemente, la fachada de un viejo conventillo ahora restaurado, obra de los miembros del Grupo de Teatro Catalinas Sur. Lo realizaron con las rejas, chapas y maderas del conventillo original y las escenas recreadas incluyen personajes característicos del barrio como el inmigrante italiano, el bandoneonísta Aníbal Troilo, Diego Armando Maradona y otros.
Siguiendo por Alte. Brown será inevitable detenerse ante la imponente Casa Amarilla (Av. Alte. Brown 401) réplica de la casa del Almirante irlandés Guillermo Brown, patriota de la revolución. A cargo de la primera flota argentina (en aquella época llamada escuadra naval) Brown batalló como un héroe en las guerras de la independencia. Al morir, con la ingratitud que a veces sufren los grandes, su familia se sumió en la pobreza y tuvo que vender el predio en el que vivieran y demolieron la estancia. La reconstrucción de su casa es un homenaje a un guerrero y nos llena de orgullo. Casa Amarilla fue edificada en terrenos aledaños al original y la escalinata, que eleva la construcción, tiene por objeto evitar las inundaciones tan frecuentes en la zona.
En su interior funciona el Instituto Browniano y el departamento de Estudios Históricos Navales en el cual será recibido cordialmente. El nombre de la avenida es “Padre de la Marina de Guerra, Almirante Brown” y casualmente, en ella, funcionaron los primeros teatros de La Boca: el “Ateneo Iris”, el “Panterpe” y el “Dante Alighieri”, donde se representaban óperas líricas italianas.
Hay que alejarse solo unos metros de la avenida, por la calle Necochea para encontrarse ante la Iglesia Nuestra Señora de los Inmigrantes (Necochea 312) que rinde homenaje a todos los hombres y mujeres que llegaron como inmigrantes a la Argentina, y en particular, al barrio de La Boca. Incluye en su interior, por ejemplo, un Cristo Inmigrante en el atrio con bajorrelieves de Roberto Capurro. Todo el edificio mezcla estilos arquitectónicos (como los inmigrantes mezclaron culturas) con detalles coloniales y contemporáneos. Los vitreaux le dan un toque muy especial, un dejo de modernidad, y fueron diseñados por Juan Ballester Peña, Raúl Russo y Armando Sicca. Lo más significativo de la inmigración es el relicario que se halla en el interior y que reúne tierra de todos los países cuyas comunidades contribuyeron con sus donaciones a la construcción de santuario.
Retomando el recorrido por Alte. Brown, a unos 400 metros, donde se cruza con Wenceslao Villafañe tenemos la parada más ‘tenebrosa’ del recorrido. Ahí se encuentra la misteriosa Torre del Fantasma, un edificio del Arquitecto Guillermo Álvarez con cierto aire gótico como las construcciones del barrio gótico de Barcelona y que algunos definen como Art Nouveau. Como es de esperar hay historias que refieren a cierto fantasma que merodeaba la torre. Poco se sabe de la leyenda de la bella pintora que allí vivía y se suicidó sin motivo aparente, pero quien vive ahí y los vecinos aseguran oír los pasos de la muerta por las noches…
Continuando por Alte. Brown hasta Olavaria y apenas doblando por ésta, se eleva la Iglesia San Juan Evangelista (Olavarría 486), una antigua iglesia que tiene casi un siglo y medio desde que en 1870 funcionara como sede del primer Juzgado de Paz, colaborando a demarcación de los límites jurisdiccionales del barrio.
Desde 1877 está a cargo de la Congregación de Salesianos y con eso se impulsaron mejoras en la construcción a cargo del arquitecto Pablo Bessana que dirigió la obra con la que fue inaugurada en 1886. El estilo arquitectónico es románico, aunque la fachada principal es de corte griego, con atrio de columnas jónicas.
Doblando enseguida por Martín Rodríguez y yendo apenas dos cuadras, al llegar a Brandsen veremos el Cuartel de Bomberos Voluntarios (Brandsen 567). Esta delegación creada en 1884 tenía por lema “Querer es poder” que reflejaba el espíritu de los primeros pobladores del barrio. La historia de los Bomberos voluntarios de La Boca tiene mucha imbricación con el barrio y su historia fue conflictivo desde la prohibición que sufrió en 1889 por decreto del Presidente Juárez Celman y hasta la derogación de la medida durante la presidencia de Pellegrini. Esta entidad no solo estuvo ligada a los incendios, sino que es famosa por la notable actuación en las epidemias de fiebre amarilla, como en las periódicas inundaciones producidas por el desbordamiento del Riachuelo.
Si seguimos por Brandsen hasta Del Valle Iberlucea será difícil no ver como se alza a pocas cuadras el Estadio Boca Jrs., conocido popularmente como “La Bombonera” debido a su forma y a sus pisos superpuestos, que se asemejan a una caja de bombones.
El Club Atlético Boca Juniors fue fundado en 1905 y la combinación de colores azul y amarillo que lo identifica surgió fruto del azar. Sin saber qué colores usar para su camiseta, los fundadores decidieron elegir los colores de la bandera del primer barco que pasara por el Riachuelo. El primer navío tenía bandera sueca y de ahí se escogieron los colores azul y amarillo que ahora caracterizan al equipo. Su fachada exterior cuenta con un mural realizado por el laureado artista plástico Pérez Celis llamado Mitos y Destinos ()
Por Del Valle Iberlucea hacia el río iremos directo a la zona que nuclea más lugares turísticos para recorrer, todo en apenas dos manzanas. El único Museo de Cera (Del Valle Iberlucea 1261) del país es éste que se ubica a pocos metros de Caminito y cuya casa de principios del siglo pasado fue una de las primeras de ladrillo y albergó algún tiempo al Comité Socialista presidido por el Dr. Alfredo Palacios.
En su interior se pueden ver escenas que evocan la epopeya del Sur de Buenos Aires, desde sus orígenes hasta nuestros días y es allí donde se expone a lo largo de sus cinco salas, la obra del escultor Domingo Tellechea, fundador del museo, uno de los únicos experto en ceroplástica del país y restaurador de obras de arte.
El Bar La Perla llegando a la calle Magallanes es una buena primera parada para beber algo fresco. Tiene rústicas y viejas mesas de madera, bien a la usanza tradicional y está adornado con cuadros de pintores de la zona y es un sitio que conjuga perfectamente el espíritu de la zona, repleta de galerías de artes, anticuarios, salas de exposición, atelieres y artistas callejeros.
Luego de beber algo uno está listo para pasearse por la Calle Museo Caminito en donde seguramente se sacará muchísimas fotos. Antes lo cruzaba un arroyo y luego de eso, las vías del tren, también fue un basural hasta que un vecino del barrio, Arturo Cárrega, propuso recuperar el lugar y convocó a participar de la idea al pintor Benito Quinquela Martín. Fue su idea llamarlo “Caminito“ extrayendo la idea del tango de Juan de Dios Filiberto y también le debemos el sentido que hoy Caminito tiene: el de ser una callejuela colorida que sea ícono y ejemplo de La Boca. Así, las paredes se cubrieron de bajorrelieves y mosaicos de artistas tradicionales que aportaron sus obras, estatuas, frisos, placas. En 1959 Caminito se convirtió en el primer museo peatonal en el mundo, sin veredas ni portales. Hoy el lugar reúne una gran cantidad de ateliers de artistas plásticos, además de artistas callejeros y espectáculos de toda clase.
En Lamadrid y Garibaldi encontramos la novedosa Plazoleta Bomberos Voluntarios que hoy ocupa un lugar en el que había un terreno baldío. En su anfiteatro, tal vez llegue a tiempo para un espectáculo de tango o para algún músico ejecutando milongas, o incluso para una clase abierta, donde le muestren los primeros pasos de bailes tradicionales.
Fundación Proa se encuentra Av. Pedro de Mendoza 1929 y es una institución sin fines de lucro que se dedica a la creación y ejecución de proyectos culturales en arte contemporáneo. Actualmente ocupa la Casa Dallorso que data de finales de 1800. El edificio, inaugurado como su sede hace diez años, fue reciclado respetando su estilo original de matiz italiano y acondicionado de acuerdo a las exigencias museológicas actuales. Hoy, este espacio alberga importantes exhibiciones internacionales y realiza ciclos y conferencias sobre arte contemporáneo.
Y ahí nomás ya se encuentra uno en la histórica y famosa Vuelta de Rocha donde el Riachuelo forma un meandro, es decir, una curva en forma de codo. Esta tierra tuvo varios dueños y uno de ellos fue el estanciero Don Antonio Rocha que le da nombre al lugar. La plazoleta con forma de cubierta de barco y mástil era conocida como plazoleta de los suspiros, porque allí se reunían los genoveses para recordar a su patria.
Fue ahí en donde el Almirante Guillermo Brown tenía el afincadero donde se arreglaban y reproveían las naves durante la Guerra con el Brasil en el siglo XIX. En su homenaje se alza un busto del escultor Julio C. Vergottini y se presenta un cañón que perteneció a su buque ”25 de mayo".
Finalmente si tomamos la Av. Pedro de Mendoza, nos encontraremos con la Escuela Primaria Pedro de Mendoza (Av. Pedro de Mendoza 1835) que tiene la particularidad de ser escuela abajo y museo arriba. Fue construida en 1936 en terrenos donados por Quinquela Martín y fue él mismo quien se encargó durante dos años a decorar las aulas con motivos portuarios. En los pisos superiores de la escuela primaria, que ocupa los dos primeros pisos, funciona el museo con doce salas de exposición y tres terrazas con esculturas.
Fundamentalmente nos encontramos con obras de Quinquela Martín y de otros artistas argentinos exponentes de arte figurativo elegidos por él: entre ellos se destacan Fortunato Lacámera, Policastro, Spilinbergo, Victorica, Sívori y Rodolfo Cháscales.
Quinquela Martín tenía su atelier en el último piso del museo y también ahí vivía y era su atalaya para seguir el curso de los barcos en el Riachuelo. Se conservan además de objetos personales, los óleos agrupados según su temática en tres grandes series: Imágenes del Puerto, Imágenes de Fuego y Cementerio de Barcos.
Quinquela Martín fue también gestor del Teatro de la Ribera que tiene muy particulares reglas por él impuestas. A saber: lo puede usar por una semana cualquier persona con inquietudes artísticas y además hay un consejo de teatro infantil que organiza coros, orquestas, conferencias, conciertos y otras actividades con la ayuda desinteresada de distintos artistas argentinos.
Funciona desde 1971 con una capacidad para 700 personas que pueden ocupar las coloridas butacas del lugar y además de presenciar el espectáculo, disfrutar de las pinturas que cubren la sala que llevan la firma de Quinquela Martín.
A escasos metros, donde la Antiguo Av. Pedro de Mendoza y Av. Alte. Brown se cruzan es posible apreciar el antiguo Puente Transbordador y su versión moderna. Ellos dominan la desembocadura del Riachuelo y forman hoy por hoy una de las siluetas características de la ciudad.
El antiguo puente fue obra de la empresa del Ferrocarril del Sur que lo construyó en hierro entre 1908 y 1914 con el fin de transportar peatones, carros y tranvías. Con los años pasó a ser obsoleto y se construyó su versión moderna que respondía a la evolución y crecimiento del tránsito.
Y si le han dado ganas de volver a sentarse y saborear algo, la opción es cualquiera de los otros dos bares notables de La Boca: La Buena Medida (Suárez 101) o Bar Almacén El Estaño 1880 (Aristóbulo del Valle 1100) donde además de consumir algún plato tradicional podrá tener la suerte de ver algún espectáculo de milonga o tango. El programa de Bares Notables de la Subsecretaría de Patrimonio protege e impulsa bares con reconocido valor arquitectónico, histórico o barrial y suelen presentar vistosos shows musicales. Y si aún así quiere seguir de bares y cantinas agende: la Peña de Tango Alma de Bohemio (Necochea 94smile, un clásico del ambiente de la milonga, y Bocatango (Brandsen 923) un multiespacio con shows, presentaciones y comidas a lo grande a pasitos de la cancha de Boca.
Es éste un recorrido para todos los gustos; depende de uno donde se queda más y qué visita con más detalle, aunque la opción de dejarse perder entre las veredas de La Boca es ya todo un paseo. Así que si decide seguir a un grupo de japoneses extasiados o de adustas británicas o de fervorosos brasileros o les sirve de improvisada guía o deja que sus hijos vayan decidiendo por cuáles calles doblar, en cuales portales detenerse, también seguramente volverá habiéndose contagiado un poco del espíritu de La Boca que es tradicional y clásico además de colorido y que en definitiva reúne parte del pasado y presente de nuestra ciudad y nuestro país.
hace 5 años, 8 meses
 

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